Paquistán, Tribunal islámico: La pena para los blasfemos será la condena a muerte
de Jibran Khan
La Corte federal de la Sharía acoge el recurso de un abogado: la condena a cadena perpetua no es suficiente, es válida sólo la pena capital. Bajo el gobierno de Nawaz Sharif "período oscuro" para las minorías. Activistas y Ong hablan de una continua islamización del País. Paul Bhatti: "Prioritario combatir la pobreza; la ocupación e inversiones para relanzar el desarrollo".

Islamabad (AsiaNews)- Para los blasfemos no es suficiente la cárcel de por vida, porque la única pena admisibles es la condena a muerte. Es cuanto estableció la Corte federal de la Sharía, cancelando la cadena perpetua de la sección 295 del Código penal paquistaní- junto al ítem 295 A y B, que son las así llamadas "Leyes sobre la blasfemia"- y manteniendo en vigor la sola pena capital. El juez Fida Hussain emitió el veredicto, acogiendo el recurso presentado por el abogado Hashmat Habib, según el cual una sentencia (en materia) del 1990 preveía la sola condena a muerte admisible. Una disposición que, según dice el leguleyo que presentó el recurso, hasta ahora no había encontrado aplicación concreta en las aulas de los tribunales. Del resto, en el País asiático, que en los últimos años se registró una progresiva islamización, una incriminación por blasfemia equivale a una sentencia de condena en el aula, o bien desemboca en homicidios extra-judiciales que quedan la mayor de las veces impunes.

Fuentes de AsiaNews, detrás de anonimato, hacen notar que "bajo la guía de Nawaz Sharif- en mayo de 2013, elegido por tercera vez Primer ministro, después de dos experiencias de gobierno en los años 90- las minorías han siempre vivido "períodos oscuros". "La introducción de la pena de muerte" se hizo durante "su primer mandato", así como episodios graves de violencias anti-cristianas. Activistas de la Mashi Foundation  piden una vez más el respeto de los principios sancionados por el fundador del moderno Paquistán, Alí Jinnh, entre los cuales la paridad de derechos por las minorías religiosas. "El fenómeno de la blasfemia- explican- asume una connotación terrible cuando se transforma en ataque de las masas a daños de una singular comunidad", como sucedió en Sangla Hill (2005).

La Iglesia católica y las denominaciones protestantes piden desde hace años la abrogación de la "ley negra". Introducida en 1986 por el dictador Zia-ul- Haq para satisfacer las reivindicaciones de la franja islamista, esta castigaba con la cárcel a vida o la condena a muerte a quien profanaba el nombre del profeta Mahoma. En 2009 AsiaNews promovió una campaña internacional de sensibilización; sin embargo, ningún partido político o gobierno ha querido meter mano en la norma y cuántos han propuesto enmiendas- el gobernador de Punjab Salman Taseer y el ministro católico de las Minorías Shahbaz Bhatti- fueron asesinados.

Según datos recogidos por la Comisión episcopal Justicia y Paz de Paquistán (Ncjp), desde 1986 a agosto de 2009, al menos 964 personas fueron incriminadas en base de la ley sobre la blasfemia: entre éstas 479 eran musulmanes, 119 cristianos, 340 ahmadi, 14 hindúes y 10 de religión desconocida: Más de 40 los homicidios extra-judiciales (realizados por individuos o muchedumbres enfurecidas) contra inocentes y con procesos intentados contra discapacitados físicos o metales, o menores; entre ellas, recordamos la de Rimsha Masih, que escapó de las (falsas) acusaciones después de una campaña de presión sobre Islamabad.

Analistas y expertos de política paquistaní subrayan que la decisión del tribunal d la Sharía es una ulterior demostración de la progresiva islamización del país. Un dato confirmado también por Paul Bhatti, ex ministro federal para la Armonía nacional y hermano del "mártir" Shahbaz, según el cual las violencias "no respetan a ninguno, comprendidas las fuerzas armadas y políticos musulmanes". Por esto, cual líder del Apma (All Pakistan Alliance), él promueve el nacimiento de un "concejo supremo de las religiones"; éste deberá estar formado por personalidades sunnitas, chiítas, cristianas, sikh, hindú que son seleccionados "en base a elecciones, no según un nombramiento" y llaman a regular "cuestiones o controversias de naturaleza religiosa, las fatwas y los casos de blasfemia".

El País atraviesa un momento crítico, cuenta el político y activista católico, pasando por divisiones internas e interferencias externas, como "la actividad de algunas Ong que a menudo no obran por el bien de la población, sino con segundos fines o por puro interés personal". Él agrega que "los sufrimientos de los cristianos o los episodios de discriminación" son "directamente proporcionales" a la estabilidad política y económica. "Hubo un empeoramiento general- afirma- y como consecuencia está deteriorada también la situación "de las minorías". A Paquistán le sirven o necesita de "paz, estabilidad y justicia social", porque sólo así será posible "atraer inversiones extranjeras y crear puestos de trabajo y oportunidades de desarrollo". Por esto nosotros como Apma- concluye Paul Bhatti- queremos dar vida a pequeños proyectos industriales, que ofrezcan posibilidades de trabajo también a las mujeres. En  un tiempo la instrucción era la prioridad, pero ahora es la pobreza el verdadero problema".

 

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