Papa: Monseñor Romero, "siguiendo el ejemplo de Jesús, escogió estar en medio de su pueblo", "incluso a costa de la vida"
En un mensaje para la beatificación del obispo salvadoreño, Francisco escribe que "la fe en Jesucristo, adecuadamente entendido y llevado a sus últimas consecuencias, genera constructores de la comunidad de paz y solidaridad". "Preocupación Viva" y "dolor en el corazón" por "la historia de los muchos refugiados en la Bahía de Bengala y el Mar de Andaman". "La masacre sin sentido" de la Primera Guerra Mundial.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Mons. Oscar Romero, que fue beatificado ayer en San Salvador, fue "asesinado en odium fidei mientras celebraba la Eucaristía." "Siguiendo el ejemplo de Jesús, él escogió estar en medio de su pueblo, especialmente los pobres y los oprimidos, aun a costa de la vida". Lo dijo el Papa Francisco, tras el rezo del Regina Caeli, recordando la beatificación del obispo asesinado el 24 de marzo 1980, que tuvo lugar en Salvador, mientras que en Kenia fue beatificada Sor Irene Stefani, italiana, de los Misioneras de la Consolata" que sirvió al pueblo de Kenia con gozo, misericordia y tierna compasión".

Para la beatificación de Mons. Romero, Francisco también envió un mensaje en el que, entre otras cosas, escribió que el obispo asesinado "en" tiempos de difícil convivencia ", Mons. Romero "fue capaz de orientar, defender y proteger a su rebaño, permaneciendo fiel al Evangelio y en comunión con toda la Iglesia". Su ministerio episcopal "se destacó por una atención especial a los más pobres y marginados", y en el momento de la muerte, "mientras celebraba el Santo Sacrificio de amor y reconciliación, recibió la gracia de identificarse plenamente con el que dio el su vida por sus ovejas". "Damos gracias a Dios porque concedió al Obispo mártir la capacidad de ver y oír el sufrimiento de su pueblo, y fue moldeando su corazón para que, en su nombre, lo orientara e iluminara, hasta hacer de su obrar un ejercicio pleno de caridad cristiana. La voz del nuevo Beato sigue resonando hoy para recordarnos que la Iglesia, convocación de hermanos entorno a su Señor, es familia de Dios, en la que no puede haber ninguna división. La fe en Jesucristo, cuando se entiende bien y se asume hasta sus últimas consecuencias genera comunidades artífices de paz y de solidaridad. A esto es a lo que está llamada hoy la Iglesia en El Salvador, en América y en el mundo entero: a ser rica en misericordia, a convertirse en levadura de reconciliación para la sociedad".

A las 50.000 personas presentes en la Plaza de San Pedro para el rezo de la oración mariana, el Papa también expresó su "viva preocupación y dolor en el corazón los acontecimientos de los numerosos prófugos en el Golfo de Bengala y en el mar de Andamán. Expreso mi reconocimiento por los esfuerzos realizados por los Países que han dado su disponibilidad para recibir a estas personas que están afrontando graves sufrimientos y peligros. Animo a la Comunidad Internacional brindar a ellos la asistencia humanitaria".
Francisco había hablado previamente de Pentecostés, "el 'bautismo' de la Iglesia, que comenzó su andadura en la historia, guiada por el poder del Espíritu Santo".

"La Iglesia - continuó - no nace aislada, nace universal, una, católica, con una identidad precisa pero abierta a todos, no cerrada, una identidad que abraza al mundo entero, sin excluir a nadie. A nadie la Iglesia cierra la puerta en la cara, ¡a nadie! Ni siquiera al más pecador, ¡a nadie! Y esto por la fuerza, por la gracia del Espíritu Santo. La madre Iglesia abre, abre de par en par sus puertas a todos porque es madre. El Espíritu Santo, derramado en Pentecostés en el corazón de los discípulos, es el inicio de una nueva estación: la estación del testimonio y de la fraternidad. Es una estación que viene de lo alto, de Dios, como las lenguas de fuego que se posaban sobre la cabeza de cada discípulo. Era la llama del amor que quema toda aspereza; era la lengua del Evangelio que atraviesa los confines puestos por los hombres y toca los corazones de la muchedumbre, sin distinción de lengua, raza o nacionalidad. Como aquel día de Pentecostés, el Espíritu Santo es derramado continuamente también hoy sobre la Iglesia y sobre cada uno de nosotros  para que salgamos de nuestras mediocridades y de nuestras cerrazones y comuniquemos al mundo entero el amor misericordioso del Señor. Comunicar el amor  misericordioso del Señor: ¡Esta es nuestra misión! También a nosotros se nos da como don la “lengua” del  Evangelio y el “fuego” del Espíritu Santo, para que mientras anunciamos a Jesús resucitado, vivo y presente entre nosotros, enardezcamos nuestro corazón y también el corazón de los pueblos acercándolos a Él, camino, verdad y vida.

El Papa recordó finalmente que "hoy, hace cien años, "Italia entró en la Primera Guerra Mundial, "aquella la masacre inútil". "Oremos - concluyó - para pedir el don de la paz".

 

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