Sonreír es posible para los leprosos de Swarga Dwar, en la India

La India sigue siendo, aún en el 2015, el primer país del mundo en infecciones de lepra. Mañana se celebra la 63era Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra. En la India, el año pasado hubo 125.785 nuevos casos de contagio. Junto a Brasil e Indonesia, el país de Asia meridional reúne al 81% de los enfermos totales. El misionero del PIME, Padre Bala Swamy Thota, gestiona un dispensario fundado por el Padre Torriani, situado en Taloja. Mahesh está “enfermo, pero feliz, porque aquí ha encontrado amigos”.


Nueva Delhi (AsiaNews) – En el año 2015 la India ha sido el país con el mayor número de nuevos casos de lepra en el mundo. Esto ya se había repetido en años anteriores. Es lo que informa la AIFO, Asociación Italiana de los Amigos de Raoul Follereau, que publica los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en ocasión de la 63era Jornada Mundial de la Lepra, que se desarrolla mañana, 31 de enero. Según la asociación, en el último año se han registrado cerca de 215.000 nuevos casos en el mundo, de los cuales 125.785 corresponden a la India. El país del sur asiático, junto a Brasil (31.064 contagios) e Indonesia (17.025), reúne al 81%  del total de enfermos.

 

El “mal de Hansen” (nombre científico de la enfermedad), se sigue difundiendo, todavía hoy, en numerosos países, pero ya no es considerado una emergencia nacional por las autoridades de gobierno, que a menudo confían la atención médica y la rehabilitación a diversas formas de voluntariado.

 

Una de ellas es la Swarga Dwar (“Puerta del cielo”) de Taloja, un dispensario para leprosos que fue fundado en 1984 por el Padre Carlo Torriani, misionero del PIME (Pontificio Instituto de las Misiones Extranjeras). El centro está situado a pocos kilómetros de Mumbai, en el estado de Maharashtra.  Aquí son acogidos los enfermos y sus hijos, que con frecuencia son rechazados en las escuelas públicas por el temor al contagio. Junto al dispensario hay un ashram, un lugar de retiro y meditación, según la tradición india.

 

El Padre Bala Swamy Thota, actual encargado de Swarga Dwar, refiere a AsiaNews que “actualmente en el centro hay 16 pacientes estables y otros que van y vienen. Asimismo, tenemos la responsabilidad por el cuidado de 22 niños, que aquí pueden estudiar y crecer. Algunos de estos niños son huérfanos, o bien han perdido a uno de sus progenitores. Otros son hijos de los mismos pacientes, que han sido descartados por la sociedad”.

 

El centro acoge a personas “de cualquier credo religioso. Todos viven juntos y comparten los mismos momentos de la jornada”. En el dispensario, el ritmo de vida cotidiano es muy intenso, y todos colaboran en el trabajo. “Si no trabajas –refiere el padre Bala- no comes. Si comes sin trabajar, eres un ladrón”. Y agrega: “Los pacientes del centro de rehabilitación reciben una paga por los pequeños trabajos que desempeñan, mientras que todo lo que reciben aquí –comida, vestimenta y bienes de primera necesidad–  es gratuito”.

 

El sacerdote, misionero del PIME, cuenta que el centro es abierto dos veces por semana, los días miércoles y sábados, para acoger también a los enfermos de lepra que no viven en Taloja. En esos días los médicos atienden a los pacientes y controlan el estado de salud de su piel.

 

Las jornadas están marcadas por momentos de oración en común. “nos despertamos a las 6.30 de la mañana y tomamos un desayuno con té. Luego, a las 7 celebramos la misa, y a las 7.30 nos encontramos para empezar a trabajar.   A las 9.30 hay una breve colación, y luego reemprendemos nuestras tareas. Paramos a las 12 para el almuerzo, luego descansamos hasta las 14, cuando dirigimos al Señor nuestras oraciones. A las 7 de la tarde nos reencontramos en el shanthisangam (una sala para las oraciones interreligiosas) y rezamos por la jornada de trabajo llevada a cabo. Por último, la cena, y el saludo de las buenas noches a las 21.30”.

 

Entre los enfermos de lepra, continúa el padre Bala, “hay uno que me ha conmovido. Se llama  Mahesh Sharma y tiene 25 años. Llegó y se unió a nosotros a fines del 2010, había contraído la enfermedad, y, a raíz de esto, tuvo que dejar los estudios en el campo de la Tecnología. Él aún sigue estando con nosotros, y dice que Swarga Dwar es el mejor lugar que existe”.

 

El joven ayuda a los misioneros en las tareas domésticas, limpia y ordena, asiste a los pacientes y ayuda a los doctores en el dispensario. No obstante la triste condición de la enfermedad, “Mahesh aquí es feliz, porque ha encontrado amigos y personas que se ocupan de cuidarlo”. El Padre Bala concluye: “Ha vuelto a sonreír y ahora sueña con encontrar una joven y enamorarse. Quisiera casarse y formar una familia”.

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