Murió Fidel Castro, el padre de la revolución cubana

El cuerpo será cremado hoy mismo. Guió la isla durante 50 años. En 2008 pasó la presidencia a su hermano Raúl. Trató de exportar la revolución marxista a América latina y a África. Algunos sucesos económicos y sociales en la patria, junto a pesadas opresiones contra los derechos humanos. La disolución del mito después de la caída de la URSS. La Iglesia católica y los Papas, catalizadores de una transformación del país.


La Habana (AsiaNews)- Fidel Castro, ex presidente y líder de la revolución cubana murió esta noche a la edad de 90 años. Lo anunció su hermano Raúl, actual presidente de la isla, agregando que los despojos del “líder máximo” serán cremados hoy mismo.

Fidel gobernó a Cuba con mano dura por 50 años. En 2008, después de una enfermedad, dejó el poder en manos de su hermano Raúl.

Nacido en una familia de terratenientes de origen español, Castro combatió ya desde 1953 a la dictadura de Fulgencio Batista. Sólo en 1959 logra con una pequeña armada de guerrilleros tomar el poder.

Los EEUU son el primer Estado en reconocer al nuevo gobierno. Pero desde 1960 los EEUU comienzan a manifestar su hostilidad hacia los tonos socialistas del nuevo líder. En 1961 una operación militar anti-castrista en la bahía de los Puercos se concluye con un fracaso. En búsqueda de aliados y de apoyo, castro se alía con la Urss y declara que la suya es una revolución “marxista leninista”.

En 1962 acepta que la Urss coloque misiles nucleares en la isla, llevando al mundo al borde de una tercera guerra mundial, evitada gracias también a la intervención de Juan XXIII.  

Deseoso de “exportar la revolución”, ofrece adiestramiento en Cuba a guerrilleros y envía sus tropas a América del Sur y a África para apoyar las revueltas marxistas, que ven un cierto suceso sólo en Nicaragua.

En su patria gana la lucha contra el analfabetismo y garantiza la salud para todos los habitantes de la isla, pero elimina-también con la violencia, la tortura y la pena de muerte- a decenas de miles de sus opositores políticos, amordaza a los medios y controla la vida de sus súbditos. Si bien Castro haya sido educado por los jesuitas y haya siempre estimado la figura de Jesús, la iglesia es vista como enemiga de la revolución: diversos curas fueron asesinados; las escuelas católicas nacionalizadas.

Gracias a una mezcla de anti-americanismo, de una retórica violenta, de promesas de distribución de tierras a los campesinos, la gigantesca producción de azúcar de caña, Fidel fue alabado por muchos intelectuales y líderes de la izquierda mundial que escondían las violaciones de los derechos humanos, de la libertad religiosa y hasta a los homosexuales, recluidos en campos de rehabilitación donde son “curados”.

La aureola de suceso que rodea al “líder máximo” comienza a evaporarse en 1991, cuando se derrumba la Urss y caen las enormes ayudas económicas que mantienen en vida a Cuba, debilitada también por un embargo de los EEUU. Aún hoy la isla está marcada por la miseria en los transportes, en la comida, en las casas, con simples bienes como el jabón, libros y ropas que cuestan hasta lo inverosímil.

En 2008, Fidel entrega la presidencia en manos del hermano Raúl. Y no obstante algunas disminuciones del embargo de parte de EEUU y alguna reforma económica (entre las cuales la apertura al turismo internacional), los cubanos están obligados a vivir con menos de 20 dólares por mes.

Según muchos analistas, Raúl-siguiendo el modelo de China y Vietnam- está lentamente transformando la herencia marxista de Fidel abriendo al comercio privado y a la comunidad internacional.

En este cambio no es extraña la influencia de la Iglesia y de los Papas. En 1998 el Papa Juan Pablo II fue a Cuba, aún en pleno régimen ateo, augurando que “Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”. En 2012 fue la vez de Benedicto XVI, que exhortó a eliminar “posiciones inamovibles y los puntos de vista unilateral que tienden a hacer más arduo el acuerdo e ineficaz el esfuerzo de colaboración”.

En concreto, la visita del Papa Francisco en 2015, que se auguró la construcción de “puentes entre Cuba y la comunidad internacional y sobre todo con los EEUU. Un año antes, gracias a los buenos oficios de las nunciaturas en Washington y La Habana, hubo una disminución de las sanciones contra la isla y una promesa recíproca de trabajar por las relaciones diplomáticos.

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