Vicariato apostólico de Arabia: el Jubileo de la Misericordia, acercó las personas a la fe

Mons. Hinder habla de Año Santo como ocasión de “reconciliación y perdón”. En un clima de guerras y violencias “perdonar se vuelve siempre más importante”. Un gesto que debe abrazar también a cuántos “niegan derechos e infligen sufrimientos”. Miles de fieles en las misas de Adviento. La inmigración “contamina” la vida misma de la Iglesia.


Abu Dhabi (AsiaNews)- El Año de la Misericordia “acercó a muchas personas a la fe” y fue una ocasión de “reconciliación y de perdón” para cuántos había “perdido el camino hacia Cristo”. El Jubileo dio “frutos” que se revelan en toda su portada “hoy y en el futuro”. Es lo que narra a AsiaNews, Mons, Paul Hinder, vicario apostólico de Arabia meridional (Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen), en estas semanas de Adviento que preparan a la fiesta de Navidad. “Como recuerda la última carta pastoral, recuerda el prelado-la misericordia debe continuar a dar frutos en el futuro y este retorno a la fe es quizás el ejemplo más fecundo”.

“Son personas-cuenta el vicario- que se habían alejado de la fe también por experiencias negativas, por abusos y violencias o por circunstancias sociales o problemas personales como la droga. Aquí en tierra de misión y emigración, descubren nuevamente la presencia de la Iglesia, la invitación a la reconciliación, al contacto con los otros”. En un clima regional y global de guerras y violencia “perdonar se convierte en algo más importante”, abrazando también “aquellos que niegan los derechos o provocan heridas y sufrimientos”.

Existe también después una reconciliación que debe suceder “al interior de las comunidades cristianas”. “Cada día-prosigue- experimento que muchas personas que se enojan por cosas de poca importancia, frente a dramas más grandes. De aquí la invitación a reflexionar y pensar en lo profundo, viviendo el camino del acercamiento con pequeños gestos en lo cotidiano”.

Mons. Paul Hinder, de 74 años vicario apostólico para Arabia meridional (Emiratos Árabes, Omán, Yemen), es un obispo franciscano ordenado sacerdote el 4 de julio de 1967. El 20 de diciembre de 2003 fue nombrado obispo auxiliar de arabia y consagrado el 30 de enero de 2004; el 25 de marzo de 2005 sucedió a Mons. Bernardo Gremoli. Es miembro del pontificio consejo de la pastoral para los migrantes y de la Conferencia de los obispos latinos de Oriente Medio.

En la región de Arabia meridional viven cerca de un millón de fieles, todos de nacionalidad extranjera. La comunidad más importante es la filipina, seguida por católicos hindúes, provenientes sobre todo de Kerala. El resto de la Iglesia está compuesto por libaneses, sirios, iraquíes, egipcios y jordanos llegados a la región por motivos de trabajo.

Gracias a la libertad de culto concedida por las monarquías del Golfo Pérsico, la vida de la Iglesia es muy activa y está organizada alrededor de siete parroquias en los Emiratos Árabes unidos, cuatro parroquias en Omán con unos 18 mil fieles y una pequeña comunidad en Yemen, víctimas de violencias. En el territorio hay 55 sacerdotes que trabajan en las iglesias católicas dedicadas a los migrantes.

En estas semanas de Adviento la Iglesia local promovió encuentros, jornadas de oración y retiros espirituales. Del congreso regional en programa hoy que reúne a todas las enfermeras y enfermeros católicos, a las jornadas “son muchas las actividades en preparación a la Navidad que animan a la comunidad del Vicariato”.

A las actividades eclesiales, se unen las diversas tradiciones que cada comunidad transfiere a la tierra de inmigración y que termina por incorporarse en la vida misma de la Iglesia. “Aquí-dice Mons. Hinder- siempre toma más pie la tradición filipina de las isas de la Novena, que son muy participadas y reúnen a muchísimos fieles”. En estos días en Dubai la celebración de las 8,30 de la noche “atrae hasta unas diez mil personas, otras 5/6 mil se reúnen en Abu Dhabi. Un testimonio enorme”.

Análoga participación para el rito de la confesión, “un ministerio muy importante en esta tierra y para nuestra Iglesia”. Son “miles” las personas que responden a la llamada de la confesión o que adhieren a los encuentros, como confirmación de “un pueblo que se mueve y que, con el acercarse de la fiesta, lo hace siempre mayor determinación y recogimiento”.

Ser una realidad de inmigración, subraya Mons. Hinder, “estimula a volver a las raíces de la fe, a la vida en comunidad para vencer al aislamiento y el sentido de abandono. He aquí también porque también en las misas, como aquellas filipinas, participaron a nivel masivo. Nuestra tarea es dar a ellos una motivación profunda que refuerce su fe, el deseo de vivirla y compartirla”.

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