Golfo: no es Irán, sino la lucha entre wahabíes y Hermanos Musulmanes lo que origina la crisis

Riad no tiene  ninguna intención de negociar las condiciones impuestas en Doha para resolver la crisis. De no respetarlas, Qatar quedará “aislado”. Ya se registran las primeras repercusiones del bloqiueo, con una caída en el turismo. Pero Ankara acude en socorro de Doha -tanto a nivel económico como militar. Y Turquía monta una campaña en contra de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes Unidos.


Ankara (AsiaNews)- Arabia saudita no tiene intenciones de negociar las condiciones impuestas la semana pasada a Qatar, para archivar la crisis del Golfo, en la cual Doha ha quedado enfrentada con algunas naciones del mundo árabe. Quien lo afirma es el ministro saudita de Relaciones Exteriores. Adel Al Jubeir, quien subrayó que “hemos dado nuestros pasos y ahora toca a los qataríes enmendar su comportamiento”. De no suceder esto, agregó, Doha está destinada a “permanecer aislada”.

Mientras tanto se advierten las primeras repercusiones del bloqueo impuesto al día siguiente del enfrentamiento entre Riad y Doha, en particular en el sector del turismo: para la fiesta del Eid los más importantes hoteles de cinco estrellas de Qatar tenían el 57% de las habitaciones ocupadas, cuando en el pasado el cupo solía estar completo. También en el aeropuerto internacional de Doha se registran 27 mil pasajeros menos, en comparación al mismo período del año anterior.

El turismo es uno de los sectores en los que dirigencia de Qatar ha centrado sus miras , para desenganchar su economía de las ganancias derivadas del gas y del petróleo.

A continuación les proponemos un análisis sobre el rol de Turquía en la crisis del Golfo y el reforzamiento del plan neo-otomano buscado por la actual dirigencia de Ankara y por el presidente Recep Tayyip Erdogan. No es Irán, que funciona como el pretexto de fachada, sino el enfrentamiento entre wahabíes (sauditas) y Hermanos Musulmanes (Qatar y Turquía), el verdadero motivo de conflicto interno en el mundo árabe.

Mientras el mundo habla de una coalición sunita anti-iraní en el Golfo, las voces que circulan desde el inicio de la crisis con Qatar hacen pensar en una guerra silenciosa por la supremacía sunita entre Arabia Saudita, Turquía y Egipto, en lugar de la guerra fría confesional contra Teherán. Noticias surgidas en estos días en Turquía acusan a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de maniobrar las filas de un complot, que apunta a desestabilizar la economía y el poder político en el país de la Media luna.

Según fuentes dignas de confianza, en estos días en Ankara se están realizando reuniones de las altas esferas del poder para decidir sobre las “adecuadas” modalidades de respuesta a las “injerencias” de los Emiratos en los asuntos internos de Turquía. Hay quienes afirman que incluso se llegó a plantear la hipótesis una opción militar, para enseñar a las monarquías del Golfo que “Turquía no es Egipto”. Con anterioridad a esto, Abu Dabi había amenazado con interrumpir todas sus inversiones en Ankara, en virtud de la posición asumida en defensa de Qatar.

La prensa turca reportó los comentarios del presidente Erdogan, el cual afirmó: “Algunos mezquinos amenazan con interrumpir las inversiones financierías con Turquía. Yo - agregó- me permito preguntarles. ¿Acaso Turquía ha progresado gracias a vuestro dinero? Jamás no callaremos frente a las injusticias”, concluyó Erdogan, en una intervención pública cuando se concluía el Ramadán. El continuó, con un tono irónico: “Un pequeño país no se arriesga a amenazar a Turquía con retirar las acciones financieras. La economía turca no se mantiene gracias a su dinero, porque no se trata de una economía primitiva o de centrada en los ingresos derivados del petróleo”.

La campaña turca contra los Emiratos se intensificó tras la publicación de otra noticia  aparecida en el diario Takvim, en la cual se hizo referencia a las grandes sumas de dinero y sobornos  millonarios pagados por Abu Dabi al Procurador en jefe de la República turca, Zakariya Oz. Se trata del mismo magistrado que protagonizó la investigación de corrupción que arriesgó hacer desaparecer al clan Erdogan del escenario político nacional, en la inmediata vigilia de las últimas elecciones presidenciales.

De esto se desprende que las raíces de la lucha subterránea no están relacionadas a la crisis con Qatar, la cual resulta ser tan sólo la punta del iceberg de un conflicto que divide de base al mundo islámico, entre el sunismo político de los Wahabíes y los Ikhwan, los Hermanos Musulmanes. La crisis que embistió a Qatar ha permitido a Turquía abrir una base militar cerca de Doha, convirtiéndose en la segunda base de la OTAN en Qatar, y situada a poca distancia de Irán, después de las dos bases americanas, localizadas en Adid y en Seyliye.

Qatar no habría podido permitirse invitar a militares turcos al país sin el acuerdo tácito y la luz verde de los EEUU, que en Qatar mantienen la segunda  base más importante de depósitos de armas en el mundo. Se trata de la segunda después de la de Pennsylvania, con municiones valuadas en 36 millardos de dólares; según algunos, la misma está fundamentalmente destinada al patrullaje y al control del Asia Oriental llegando hasta la frontera con China, más que a ocuparse de controlar a su vecino Irán.

Lo que irrita al presidente turco es que de las 13 condiciones impuestas a Qatar por parte de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto, para levantar el bloqueo y reiniciar las relaciones diplomáticas, figure justamente también aquella de “cerrar la base militar turca en Qatar”. La misma fue inaugurada después de la crisis y por lo tanto no podía figurar entre los motivos que desencadenaron la disputa, sino que en todo caso sería un agravante. Y con la excusa de la crisis, ahora el bloque de los países del Golfo trata de obtener su clausura, tal como se sospecha en las altas esferas de Ankara. La respuesta llegó en el contexto de una conversación telefónica entre el ministro de Relaciones Exteriores turco y su homólogo saudita al-Jubair, en ocasión del recíproco intercambio de los augurios por la fiesta del Eid al-Fitr el pasado 24 de junio, que marcó el fin del mes de ayuno y oración del Ramadán. En el contexto del coloquio el ministro Oglu subrayó que “la base turca en Qatar es un acto concordado entre dos Estados soberanos, cuyas decisiones van respetadas y que nada tienen que ver con ningún otro país”.

Por primera vez después de 1913, los militares turcos vuelven a apostarse en las costas del Golfo Pérsico/árabe, de donde fueron expulsados por la fuerza antes de la caída del imperio Otomano. Apareciendo al inicio de la crisis del Golfo como mediador, Ankara inmediatamente tomó partido a favor Qatar, a quien defiende a capa y espada. Ahora, en Riad resurgen las pesadillas del pasado que jamás se disiparon totalmente, de una masacre realizada por los turcos en 1818 por manos de Ibrahim, hijo del gobernador turco otomano de Arabia, Mehemet Ali Pasha, que saqueó la capital del primer Estado saudita secesionista (Dariya). Él además condujo al patíbulo en Constantinopla al sedicente rey Abdallah Ben Saud.

La crisis con Qatar revela la verdadera naturaleza de la lucha, que para la opinión pública está orientada al enfrentamiento con el Irán chiita. En realidad, esto no sería otra cosa que una verdadera lucha intestina inter-sunita por la dirigencia entre dos opuestas corrientes político-religiosas opuestas entre sí: el Wahabismo (apoyado por Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Bahréin) y el Ikhwanismo de los Hermanos Musulmanes (apoyados por Turquía, Qatar y Hamas). (PB)

 

 

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