Papa: Recibir, proteger, promover e integrar a los emigrantes y a los refugiados

Publicado hoy el Mensaje 2018 por la Jornada mundial del emigrante y del refugiado, que se celebrará el próximo 14 de enero. Exhortaciones y sugerencias para una acogida que facilite “el encuentro personal”. No a la expulsión y a la apatridia. Una ley que garantice la ciudadanía en el respeto de las reglas internacionales. La atención de los menores. Garantizar la libertad religiosa a los emigrantes. Ayudas a los países en vías de desarrollo que apoyan al mayor número de prófugos. Alentar a la Onu en promover los dos pactos globales sobre los refugiados y emigrantes.


Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- La “solicitud de la Iglesia” por “la triste situación de tantos emigrantes y refugiados que escapan de la guerra, de las persecuciones, de los desastres naturales y de la pobreza”: es cuánto lleva al Papa Francisco en expresar en muchos modos su atención hacia este “signo de los tiempos”, ya desde su visita a Lampedusa en el año 2013, hasta establecer una “sección especial” para emigrantes del nuevo Ministerio para el Servicio del desarrollo Humano Integral. Tal solicitud-que él quiere compartir con “todos los creyentes y los hombres y mujeres de buena voluntad”, lo lleva también a publicar hoy el Mensaje para la Jornada mundial del emigrante y del refugiado 2018, que se celebrará el próximo 14 de enero, sobre el tema “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”.

El carácter “mundial” del Mensaje es importante: este no está dirigido sólo a los países europeos u occidentales, sino a todos los países del mundo, recordando que según las cifras de la Onu, el 84% de los refugiados encuentra refugio en Turquía (que acoge 2,9 millones de personas), Pakistán (1,4 millones), Líbano (más de 1 millón), Irán (979.400 emigrantes), Uganda (940.800) y Etiopía (761.600).

El Mensaje lleva por fecha el 15 de agosto, día dedicado a la Solemnidad de la Asunción de maría. El pontífice recuerda que “la Madre de Dios experimentó sobre sí la dureza del exilio (Cfr Mt 2,13-15), acompañó amorosamente el itinerario del Hijo hasta el Calvario y que ahora comparte eternamente la gloria. Confiamos  a su materna intercesión las esperanzas de todos los emigrantes y refugiados del mundo y los deseos de las comunidades que los acogen, para que, en conformidad con el sumo mandamiento divino, aprendamos todos a amar al otro, al extranjero, como a nostros mismo”.  

El documento reflexionó sobre los “cuatro verbos” del tema con exhortaciones y sugerencias.

Acoger

Hablando sobre la acogida, el Papa pide que a los emigrantes les sea dada una “incrementada y simplificada… concesión de visas humanitarias y para el reencuentro familiar”. Rechazando las expulsiones “colectivas y arbitrarias”, él a lienta a los países de acogida a favorecer “programas de patrocinio privado y comunitario, para facilitar “el encuentro familiar, permitir una mejor cualidad de los servicios y ofrecer mayores garantías de suceso”.

Proteger

Aquí el pontífice propone “una serie de acciones en defensa de los derechos y de la dignidad de los emigrantes y de los refugiados, independientemente de sus status migratorios”: “informaciones ciertas” antes de la partida de los emigrantes de sus países de origen; “salvaguardia de las prácticas de reclutamiento ilegal”; “una adecuada asistencia consular, el derecho de conservar siempre consigo los documentos de identidad personal, un ecuo acceso a la justicia, la posibilidad de abrir cuentas bancarias personales y la garantía de una mínima subsistencia vital”. Recordando luego que la capacidad y las competencias de los migrantes “representan un verdadero recurso para las comunidades que los reciben”, él auspicia que “sean concedidos a ellos la libertad de movimiento en el país que los acoge, la posibilidad de trabajar y el acceso a los medios de telecomunicaciones”.

Particular atención va dirigida a los menores a los cuales se debe garantizar “el acceso regular a la instrucción primaria y secundaria” y “programas de custodia temporánea o custodia” para aquellos que no están acompañados o lejos de sus familias. Reafirmando el rechazo de la “apatridia”, él espera que los países de acogida produzcan “una legislación sobre la ciudadanía conforme a los principios fundamentales del derecho internacional” para los menores neonatos y para aquellos que desde hace tiempo viven en el país.

“El status migratorio-se afirma luego- no debería limitar el acceso a la asistencia sanitaria nacional y a los sistemas jubilatorios, como también a la tranferencia de sus contribuciones en el caso de repatriación”.

Promover

En esta sección, el papa alienta a “prodigarse para que sea promovida la inserción socio-laboral de los emigrantes y refugiados, garantizando a todos ellos-comprendidos los que piden asilo político- la posibilidad de trabajar, cursos formativos lingüísticos y de ciudadanía activa y una información adecuada en sus lenguas originales”; que garantice “a todos los extranjeros presentes en el territorio la libertad de profesión y práctica religiosa”; asistencia humanitaria y envío de ayudas sobre todo a “los países en vías de desarrollo que reciben ingentes flujos de refugiados y emigrantes y al mismo modo, se incluyan entre los destinatarios a las comunidades locales en situación de privación material y vulnerabilidad”.

Integrar

La integración significa favorecer el “enriquecimiento intercultural” generado por la presencia de emigrantes y refugiados. La integración, se explica, “no es una asimilación, que induce a suprimir o a olvidar la propia identidad cultural. El contacto con los otros lleva más bien a descubrir ‘el secreto’, a abrirse a él para acoger los aspectos válidos y contribuir así a un mayor conocimiento recíproco. Es un proceso largo que mira a formar sociedad y culturas, rindiéndolas siempre más reflejo de los multiformes dones de Dios a los hombres”. Por esto Francisco pide con insistencia “favorecer en todos modos la cultura del encuentro, multiplicando las oportunidades de intercambio intercultural, documentando y difundiendo las buenas prácticas de integración y desarrollando programas tendientes a preparar las comunidades locales en los procesos integrativos”.

La invitación al mundo

Hacia el final del Mensaje, Francisco subraya que “la Iglesia está disponible a comprometerse en primera persona para realizar todas las iniciativas antes propuestas, pero para obtener los resultados esperados es indispensable la contribución de la comunidad política y de la sociedad civil, cada uno según las propias responsabilidades”. Por esto él invita a los fieles y a personas de buena voluntad “a aprovechar de toda ocasión para compartir este Mensaje con todos los actores políticos y sociales que están involucrados”.

A tal propósito, el pontífice recuerda que “durante la Cumbre de la ONU celebrado en Nueva York el 19 de setiembre de 2016, los líderes mundiales han claramente expresado la voluntad de prodigarse en favor de los emigrantes y de los refugiados para salvar sus vidas, compartiendo tal responsabilidad a nivel global. Al final el compromiso de los Estados de elaborar y aprobar antes de finales de 2018 dos pactos globales (Global Compacts), uno dedicado a los refugiados y uno dedicado a los emigrantes”. El Papa Francisco recuerda que «los próximos meses representan una oportunidad privilegiada e invita a «compartir este Mensaje con todos los agentes políticos y sociales que están implicados —o interesados en participar— en el proceso que conducirá a la aprobación de los dos pactos globales».

 

 

 

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