El ‘diálogo constructivo’ entre Putin y el cardenal Parolin en Sochi
de Vladimir Rozanskij

El presidente ruso se reunió con el secretario de Estado vaticano en su dacha. Se subrayó la colaboración en temas internacionales, sobre todo en Siria, Ucrania, el Norte de África y Venezuela. La muestra del legado cultural ruso en Moscú y en el Vaticano. Se apreció la peregrinación de la reliquia de San Nicolás. Parolin: La diplomacia vaticana se mueve en muchos niveles. Ciertas dudas acerca del uso de la visita en vista de las elecciones. 


Moscú (AsiaNews) – Como conclusión de su visita oficial a la Federación Rusa, el secretario de Estado vaticano, Card. Pietro Parolin, se reunió ayer con el presidente ruso en su dacha, la residencia de verano de Sochi, sobre el Mar Negro. Con la presencia del ministro de Relaciones Exteriores Sergej Lavrov, con quien se había reunido el día anterior en una intensa sesión de trabajo, el purpurado recibió las congratulaciones del presidente, con quien ya había tenido ocasión de encontrarse en el Vaticano, en sus visitas anteriores a la ciudad de Roma, en el año 2013 y en el 2015.

El jefe de Estado ruso, de hecho, no sólo tuvo la oportunidad de encontrarse con el Papa Francisco, sino también con sus predecesores en el Vaticano: en 2007 fue recibido por Benedicto XVI, e incluso tuvo un coloquio con Juan Pablo II en dos ocasiones, poco después de su elección en el año 2000, y una vez más en 2003. Nunca había recibido a una delegación del máximo nivel proveniente de Roma, como ha sido en este caso, sino que hasta ahora se había limitado a recibir a nuncios apostólicos, y esto permite entender la importancia de la misión de Parolin, luego de 18 años de régimen putiniano.

El presidente quiso recibir al cardenal en el clima cálido de Sochi, sin las pomposidades del Kremlin, luego de un verano pasado con grandes salidas de pesca junto a su ministro de Defensa, el fiel Sergej Šojgu, con el cual ha hecho ostentación de imágenes viriles de torso desnudo muy publicitadas por las redes sociales a lo largo de todo el verano. En una larga fase pre-electoral, en la cual parece preocupado por refrescar su imagen y recuperar los votos a favor, sobre todo entre la juventud, Putin ha cosechado los frutos de la positiva visita cardenalicia, en la cual el Vaticano ha mostrado toda su voluntad de ayudar a la Rusia a recuperar la plena confianza de sus interlocutores occidentales y mundiales, después de los últimos años marcados por el clima de una nueva “guerra fría”.

En este sentido, la ciudad de Sochi surgió como el escenario ideal: de cara al mar de los grandes conflictos rusos, a dos pasos de Ucrania y de la Crimea reconquistada, el presidente ruso quiso asemejarse a un emperador bizantino que concede audiencia a los ujieres del Papa de Roma, anhelantes de hallar benevolencia. Sochi es también la ciudad de las Olimpíadas invernales del 2014, aquellas en las que Putin alcanzó la cima de su magnificencia: hecha a nuevo para la ocasión, invirtiendo más de cincuenta millardos de dólares, la ciudad debía celebrar el retorno de Rusia a los fastos de su condición de súper-potencia. Magnánimo, para la ocasión Putin también concedió la gracia a las impertinentes de Pussy Riot y al magnate disidente Milhail Khodorkovskij, pero la fiesta se vio arruinada desde su mismo inicio por la revuelta de Maidan en Kiev, que surgió justamente en aquellos días.

También esta vez, con Parolin, la fiesta se vio de alguna manera arruinada, ofuscada, dado que precisamente el 22 de agosto fue arrestado el popularísimo director teatral y televisivo ruso Kirill Serebrennikov, hecho que ha causado un enorme estruendo en Rusia. Acusado de malversación en el uso de fondos de gobierno, el director igualmente logró quedar bajo arresto domiciliario. De todos modos, su caso no fue puntualmente destacado en los medios de información internacionales, que habían enviado muchos corresponsales para seguir la visita de Parolin.  

De esta manera, Putin ha podido congratularse con el jefe de la diplomacia vaticana, asegurando toda su estima por “la relación de confianza con el Vaticano, y la prosecución de un diálogo constructivo, que permita realizar acuerdos como aquellos alcanzados en los contactos precedentes con el Papa Francisco”, y también su satisfacción por “la continuación del diálogo inter-eclesial” entre católicos y ortodoxos rusos.

Él también agradeció con vehemencia a su interlocutor por el “gran evento” del traslado de la reliquia de San Nicolás de Bari a Moscú y a San Petersburgo, tal como antes lo habían hecho tanto el patriarca Kirill, como el ministro Lavrov y el metropolita Hilarion. Al igual que Lavrov, el presidente también agradeció especialmente al Vaticano por la ayuda en la organización de la muestra sobre el legado cultural ruso, que se exhibió en la Galería Tretjakov de Moscú y en los Museos Vaticanos, y a la cual los rusos atribuyen un alto valor simbólico.

En Sochi también prosiguieron los intercambios de opiniones sobre problemas en el campo internacional, según describe la nota oficial difundida por el Kremlin, durante los cuales se tocaron temas como las crisis en Oriente Medio y en el Norte de África, y en particular, los conflictos en curso en Siria y en Ucrania. Particular atención fue prestada a la situación en Venezuela, un país al cual el Papa Francisco guarda especial afecto, y al cual el cardenal Parolin conoce muy bien, donde los rusos pueden desarrollar un rol importante en lo que hace a la pacificación de la nación, en virtud de sus grandes lazos con uno de los países sudamericanos que han estado más ligados al pasado soviético.

En conclusión, el secretario de Estado vaticano ha remarcado que “existen muchos niveles en nuestra diplomacia. Hay toda una gama de cuestiones políticas, pero también muchas iniciativas culturales. En las relaciones entre las Iglesias también veo, sin lugar a dudas, un nuevo dinamismo, que ha comenzado a desarrollarse en los últimos años”. Parolin ha expresado  la esperanza de que todos los participantes que han estado en los encuentro seguirán sosteniendo los rumbos que han sido acordados en forma conjunta, “a fin de que nuestra colaboración sea cada vez más amplia y amistosa”. 

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