Rohinyás, Aung San Suu Kyi y el Card. Bo llaman a la unidad y al desarrollo de Rakhine

La asistencia, repatriación y el restablecimiento de las personas refugiadas, son los objetivos de la última iniciativa del gobierno. El Card. Charles Maung Bo apoya los esfuerzos de la líder democrática. Miles de personas participaron de la manifestación inter-religiosa propuesta por la Señora. 


Naipyidó (AsiaNews/Agencias) – La líder democrática birmana Aung San Suu Kyi conducirá la flamante Union Enterprise for Humanitarian Assistance, Resettlement and Development en Rakhine. La iniciativa reunirá a las partes en la causa, al gobierno de Myanmar y a organizaciones humanitarias internacionales para hacer frente a la crisis que rige en el Estado occidental del Rakhine. La Señora dio el anuncio anoche, durante un discurso dirigido a la nación, transmitido en la televisión, el segundo pronunciado desde que se produjeron los ataques de los militantes islámicos del Arakan Rohingya Salvation Army (ARSA), que el 25 de agosto pasado dieron inicio a los hechos de violencia en el norte de Rakhine.  

La iniciativa puesta en marcha por Aung San Suu Kyi tendrá a su cargo tres tareas fundamentales: la repatriación, así como brindar asistencia a aquellas personas que huyeron al Bangladesh; el restablecimiento y la recuperación de los expatriados, prescindiendo de su raza y religión; la promoción de la paz y el desarrollo en la región.  El vice presidente del programa es Win Myat Aye, ministro de Seguridad Social birmano, quien se ocupará de brindar ayuda y lograr el restablecimiento de estas personas. Él también se desempeña como presidente del Comité que tiene a su cargo la implementación de las recomendaciones surgidas de la Comisión consultiva que trabajó sobre la cuestión de Rakhine, dirigida por Kofi Annan.

En su discurso televisivo, Aung San Suu Kyi reafirmó que “Myanmar debe continuar haciendo las cosas que es menester hacer, sin errores, con valentía, y de manera eficaz”. “Más que rebatir críticas y acusaciones valiéndose de las palabras, nos mostraremos al mundo por nuestras acciones”, declaró, refiriéndose a las censuras que la comunidad internacional dirigiera en relación a su desempeño de gobierno en relación al conflicto. “Debemos entender la opinión internacional –afirmó la líder democrática-. Sin embargo, justamente así como nadie puede comprender plenamente la situación de nuestro país como nosotros, nadie puede desear la paz y el desarrollo de nuestro país más que nosotros. Es por eso que debemos afrontar estos problemas cimentados en la fuerza de nuestra unidad”.  

A pesar de lo limitado del control que el gobierno civil puede ejercer sobre el Tatmadaw, el poderoso ejército birmano, Aung San Suu Kyi ha renovado su compromiso en favor del difícil proceso de reconciliación nacional y desarrollo democrático. “No existe poder alguno que sea capaz de hacer frente al apoyo de la gente, la confianza del pueblo y la unidad de las personas. No importa cuál sea la dificultad que enfrentemos, podemos superarla, con la unidad de nuestra gente”, concluyó la Señora.

Las palabras de Aung San Suu Kyi siguen al evento organizado pocos día atrás por su partido, la National League for Democracy (NLD), que el 10 de octubre pasado reunió a más de 30.000 personas en el estadio de Yangon para una ceremonia de oración inter-religiosa. Monjes budistas, religiosos católicos, protestantes, hindúes y musulmanes se contaron entre aquellos que acudieron para rezar por la paz en Rakhine.  

Al intervenir durante la manifestación, el cardenal birmano Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, defendió a capa y espada el accionar de la Señora, recordando su compromiso en favor de la democracia, y los sacrificios personales que atravesó durante la dictadura militar. “Myanmar se encuentra en una encrucijada histórica –declaró-. Somos conducidos por una gran líder, Daw Aung San Suu Kyi. Después de 60 años, ella ha sacrificado su vida por el bien de la nación. Con muchos miles de personas más, en nuestra peregrinación por la democracia, ella ha asegurado que tenemos más derechos, y que nuestra nación será aceptada en el futuro como una historia de logros alcanzados. El Myanmar que soñamos está atravesando los dolores de parto de un nuevo nacimiento. Myanmar debe someterse a la construcción de la paz, del Estado y de la nación. Hoy estamos reunidos como ciudadanos de Myanmar para reafirmar estas tres tareas, en compañía de Aung San Suu Kyi”.

En respuesta a las críticas internacionales, el arzobispo de Yangon resaltó la espiritualidad del pueblo birmano, afirmando que “la religión no es la causa” del conflicto que rige en Rakhine. “Fuera del país circula la idea de que la gente de Myanmar no es compasiva. Quisiera decir al mundo que la compasión es la religión que el pueblo de Myanmar comparte. Este es un país sumamente espiritual. Nuestra gente es profundamente religiosa. Cada día, la paz está presente en nuestras oraciones”.

Myanmar es una nación rica en recursos, donde todavía sigue difundida una pobreza que alcanza niveles dramáticos. Las riquezas son manejadas fundamentalmente por los altos oficiales del ejército, que aún desempeñan un rol clave en las decisiones económicas del país. Citando al Papa Francisco, el Card. Bo ha reafirmado que “no hay paz sin justicia”, y que hay dos tipos de justicia: la económica, y la ambiental. “Debemos plantearnos esta pregunta: ¿Por qué, en un país que ha sido bendecido con oro, en el cual cada año se ganan millardos de dólares con la venta del jade, al menos dos millones de jóvenes trabajan en los países vecinos en condiciones de esclavitud? No hay paz económica, porque no existe una justicia económica. En Rakhine, el 40% de nuestra gente es pobre. El conflicto no beneficia a nuestros pobres, sino que los vuelve más pobres. La justicia ambiental es necesaria para la paz.  La mayor parte de los conflictos entre grupos étnicos se basa en la cuestión de compartir los recursos. Los bosques y los recursos naturales pertenecen a la gente de este país. Manejando bien los recursos naturales, podemos traer de regreso a todos nuestros trabajadores migrantes. Podemos convertirnos en el país más rico de la región. Trayendo la paz, todos podemos desarrollarnos. Permaneciendo en guerra, nos volvemos cada vez más pobres”.   

Por último, el El Card. Bo concluyó su discurso invitando a los ciudadanos a volverse operadores de paz, resistiéndose al odio y a la intolerancia: “El perdón es el instrumento para la sanación. Perdonémonos, a nosotros mismos, y mutuamente. ¡No cedamos espacio a la duda y a la desesperación! ¡No dejen que el objetivo de la paz desaparezca de nuestra vida! ¡Que nuestra fe nos sostenga! ¡Dejen que nuestra esperanza se mantenga viva! Llevemos luz de alegría a quien vive en las tinieblas del miedo, del odio y la tristeza. La paz es posible, la paz es el único camino”.  

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