Simposio de AsiaNews 2018: Las casas en Hong Kong y el Vía crucis en China
de Giovanni Pang Chenyu

El testimonio de un educador salesiano que está en contacto con los jóvenes de la metrópolis y con los estudiantes de China continental. La urgencia de expresar el amor de Cristo a través de testigos y compañeros de camino. Los compromisos con el poder económico y político retrasan la madurez de la fe en los jóvenes.

 


Roma (AsiaNews) Giovanni Pang Chenyu es un joven de Hong Kong, comprometido ya desde su adolescencia con la comunidad salesiana. Hasta el día de hoy, él se desempeña como educador con jóvenes ligados a las escuelas del instituto religioso. Giovanni es famoso por haberse hecho un selfie con el Papa Francisco en el Asian Youth Congress de Daejeon (Corea) en 2014 (ver foto). A continuación, transcribimos el testimonio que él ha brindado en el Simposio de AsiaNews.


 

En los últimos 10 años, el volumen de viviendas disponibles en Hong Kong no logró estar al ritmo del drástico crecimiento que ha tenido la población. La falta de casas se convirtió en uno de los problemas sociales más acuciantes. Los jóvenes de Hong Kong no ven una solución a esto y tienden a ser reacios cuando se trata de responder a esta necesidad. Por otro lado, hace algunos años un grupo de jóvenes empresarios fundó una plataforma online llamada “TVMOST” (en chino: “100毛”), con recursos muy limitados. TVMODST produjo y difundió muchos videos de corta duración que expresan con claridad las ideas y puntos de vista de los jóvenes en Hong Kong, incluyéndome a mí.

“Esta es la mejor época, esta es la peor época”: a menudo en el pasado, los católicos de Hong Kong comprendieron su propio rol de puente entre la Iglesia y la sociedad y lo han vivido. Ahora, pareciera que el presente “Acuerdo” (entre China y la Santa Sede sobre el nombramiento de los obispos) fuera lo mejor, y que tendremos que aceptarlo...

El 8 de diciembre de 1965, un mensaje dirigido a los jóvenes por parte de Concilio Vaticano II, reconocía y apreciaba la habilidad y la pasión de los jóvenes en su tarea de sostener desafíos y cambios, buscando algún indicio de solución. Pero yo veo una gran discrepancia entre aquel mensaje del Vaticano II y la situación actual de los jóvenes de Hong Kong, después de 50 años.


Los jóvenes de Hong Kong no logran sentir y testimoniar “el amor de la Iglesia” prometido por el Padre Nuestro. En la actualidad, Hong Kong sigue siendo una ciudad internacional, donde los jóvenes se topan con personas de naciones diferentes. Ellos también aman viajar mucho hacia otros países. Pero adoptaron la llamada “cultura de los instant-noodles (de los spaghetti instantáneos, listos para consumir)”.


Ellos quieren que todo esté listo al instante, no quieren esperar más de 3 minutos. De ese modo, sus familias, las escuelas, la Iglesia no logra cumplir con semejantes expectativas. La Iglesia local no logra seguir el ritmo y las expectativas de los jóvenes. Y así, cada vez menos jóvenes vuelven a la Iglesia, incluso aquellos que fueron bautizados apenas nacieron.


Caso Nro.1: Hace algunos años, un párroco muy valiente se animó a organizar un “evento pastoral para los jóvenes en Hallowen”, con la finalidad de atraer a los jóvenes y facilitar su comprensión sobre el tema “fantasmas y espíritus”. El evento atrajo a un millar de jóvenes, e incluso a algunos medios. Un reportero le preguntó al párroco sobre una cuestión vinculada con eal “Diablo”. El párroco le contestó que las especulaciones edilicias locales y los propietarios de casas eran como diablos porque ambos nos arrastran al materialismo. Pocos días después, la diócesis recibió una queja de parte de un millonario local, exigiendo las disculpas del párroco. En la sociedad, se generaron muchas discusiones en torno a la respuesta de la diócesis. Después de un año, el organizador del evento y el párroco fueron convocados ante 5 personalidades oficiales, incluyendo al obispo. Después de haber escuchado al obispo, el joven organizador pidió: “¿Estoy pasando por un proceso? ¿Hice algo equivocado? No entiendo por qué vine aquí a encontrarme con 5 sacerdotes a causa de una fiesta de Hallowen”.

Lo que sucedió no coincidió con las expectativas de la juventud respecto a la Iglesia local. Pienso que la Iglesia debiera estar al lado de los jóvenes, pero ellos se pusieron del lado del rico, de quien tiene poder.

Yo creo que “Iglesia”, “escuela”, “familia”, “campo de juego” son cuatro elementos que hacen que los jóvenes se sientan atraídos hacia nosotros.

Caso Nro. 2: Sucedió durante un campamento de verano de 10 días, orientado a jóvenes universitarios, y estaban presentes cerca de un centenar de jóvenes. Ellos celebraban la liturgia de la Iglesia, agregando algunos aspectos interactivos: el Vía Crucis dramatizado, como en un teatro, en el cual revivir los sufrimientos de Jesús, de modo de que el drama ayudase a los participantes a profundizar su experiencia religiosa.


El evento debía comenzar en la parroquia A para terminar en la parroquia B, haciendo una caminata de unos 30 minutos entre un punto y otro. Cada estación del Vía Crucis había sido preparada muy bien por los jóvenes y había atraído a muchos peatones, que podían asistir, en la calle, a la narración de la muerte de Jesús crucificado.


De repente, al llegar a la séptima estación, se detuvieron 5 enormes automóviles negros delante de nuestra procesión. Descendieron unos individuos y pidieron que se concluyese el evento y querían dispersar a todos los participantes. Se armó una discusión que duró como 20 minutos. Al final, tuvimos que mandar a nuestros jóvenes de vuelta a sus casas.


Una hora después, encontramos a nuestros jóvenes en la última estación, en la parroquia B. El edificio podía acoger tan sólo a una treintena de personas y había un centenar de estudiantes de rodillas, llorando delante del Cristo crucificado. Algunos estaban muy deprimidos, otros tristes y otros continuaban sollozando. Uno de los jóvenes se puso a hablar y dijo que ellos tendrían que haber continuado igual hacia la octava estación del Vía Crucis. Pero, de hecho, no era necesario: ellos habían experimentado la 14° estación, Jesús que es depositado en el sepulcro.


Estos estudiantes universitarios lloraban porque saben que no es fácil tener fe y ser católicos, y que van al encuentro de peligros.

Este incidente sucedió en China popular, donde fue firmado el famoso “Acuerdo”.

Con este episodio, los estudiantes no sólo han comprendido más sobre su propia fe, el catecismo de la tradición de la Iglesia: en ellos surgió la pregunta sobre la libertad religiosa en sus vidas. Ellos no pueden expresar en China la religiosidad que Dios les donó. Y también para los jóvenes menores de 18 años, rige la prohibición de entrar en una iglesia. Los jóvenes, ¿no son el futuro de la Iglesia? Sin embargo, de esta manera, ellos no logran ver ninguna esperanza.


Después de la lectura, mi corazón se volvió pesado. En la diócesis donde vivo, hay muchas personas que trabajan en el campo del voluntariado y en la atención a los enfermos, pero lamentablemente no se hacen compañeros de sus pacientes. Nosotros esperamos que la Iglesia pueda volver a poner en alto el valor misionero de la compañía.

Para el desarrollo, nos basamos siempre en 4 elementos: “Iglesia”, “escuela”, “familia”, “campo de juego”. Los jóvenes que se quedan impresionados por los testimonios de amor, tienen luego la valentía de encontrar el verdadero amor y saben discernir su propia vocación.


¿No es quizás verdad que la mayor parte de nosotros trató de pasar un río tocando las piedras del lecho del río, porque no había ningún aliento de algún compañero que nos ayudara a seguir adelante?


Preguntémonos: ¿en qué parroquia encontramos alguien que sea discriminado? Pensamos en los divorciados, en quien ha abortado, en los homosexuales, en los drogadictos o prisioneros...¿por qué no logramos encontrarlos en la Iglesia? Los jóvenes están decididos a aceptar e iniciar un camino sobre las huellas de la santificación. Sin embargo, ellos se ven derrotados por las diferentes voces presentes en la Iglesia. De haber compañeros que nos acompañasen, ¿no sería distinta la situación actual? Si podemos amarnos unos a otros en la Iglesia, es porque yo veo al Padre presente en el pastor,  y no a un líder; cuando miramos a los católicos vemos en ellos a nuestra familia, y no a los visitantes de un zoológico; ¿Por qué vemos el rostro alegre de los jóvenes y no la dureza cansada de los voluntarios?. ¿Por qué conservamos, aún, la esperanza? Porque estoy convencido de que Dios es amor.

Giovanni_1.jpg