Misioneras de la Inmaculada: 50 años siendo ‘humildes instrumentos’ al servicio de Hong Kong

Educación, catecumenado, asistencia sanitaria, caridad para las personas sin techo y en las cárceles: son los frentes misioneros de la rama femenina del PIME. La superiora delegada afirma: “Arrojamos semillas, prescindiendo de las conversiones”. Una misa para recordar la llegada de sor  Theresa Pathickal y sor Maddalena Pirodda en aquél 11 de septiembre de 1968.


Hong Kong (AsiaNews) – Jóvenes, consumismo y una vida materialista que va demasiado de prisa: ante los desafíos que aguardan a la misión de la Iglesia en Hong Kong, las Misioneras de la Inmaculada (MDI) responden “volviéndose humildes instrumentos, una presencia cristiana que se acerca a las personas y sostiene a quien sufre”. Es lo que afirma, al dialogar con AsiaNews, sor Luigia Mindassi (foto 1), la superiora delegada de las religiosas, que lleva casi 40 años trabajando en el territorio. “No siempre es posible hablar de Jesús –afirma- pero hasta el modo en que saludamos a las personas o las atenciones que tenemos para con ellas pueden ser un testimonio de fe”.

Como rama femenina del Instituto Pontificio de las Misiones en el Extranjero (PIME), el 2 de diciembre pasado, las MDI celebraron con una misa el 50º aniversario del arribo de las primeras misioneras a la ex colonia británica. La función, celebrada por el obispo, Mons. Michael Yeung Ming-cheung, en la iglesia de los Santos Cosme y Damián en Tsuen Wan, contó con la participación de cerca de 700 personas. Entre ellas, estuvo también sor Theresa Pathickal (de la India), la primera religiosa en llegar a Hong Kong aquél 11 de septiembre de 1968, en compañía de sor  Maddalena Pirodda (foto 2-3).

Con la institución del Colegio Pablo VI, una escuela secundaria para niñas situada en el barrio de Shek Lei, en 1969 se inició su labor en el campo de la educación. El Colegio es una escuela pública, cuya oferta a nivel formación sigue los programas aprobados por el gobierno. “En la educación que brindamos, todavía somos libres de dar una impronta católica”, afirma sor Luigia. El instituto, que en poco tiempo se ha convertido en un punto de referencia para la instrucción en el territorio, en este momento aloja a 800 niñas, de las cuales 40 son católicas.

Otro campo misionero que desde los primeros años tiene como protagonistas a las MDI es la asistencia sanitaria, incluso para las personas discapacitadas. En su obra, las religiosas acompañan codo a codo la tarea de las organizaciones diocesanas y de las parroquias de Hong Kong. “Tratamos de abrir las comunidades al mundo exterior, en particular a los no-cristianos y a los pobres”, explica la superiora. Las misioneras participan activamente en el ministerio pastoral de las parroquias y acompañan a las personas en el catecumenado. “También queremos acercarnos a los muchachos y jovencitas que atraviesan necesidades y a las personas carenciadas de la sociedad”, afirma sor Luigia.

Para esto, las MDI visitan regularmente a los detenidos en las cárceles de Hong Kong. ‘Algunos de nosotros participan en grupos religiosos –prosigue-, otras, como yo, trabajan en grupos no religiosos. Yo me ocupo de mujeres que afrontan su embarazo estando en prisión. Las preparamos para el parto y les enseñamos cómo cuidar del niño. Tratamos de hacer que se vuelvan mamás más serenas”. Otras religiosas, en cambio, visitan a los detenidos que no son chinos, y leen el Evangelio con ellos, compartiendo momentos de oración.

Otra actividad emprendida por las MDI es la caritativa entre las personas sin techo que viven en la ciudad, que muchas veces tienen problemas de dependencia con las drogas. Sor Ligia explica que el proselitismo no es el principal objetivo de las religiosas. “Nosotras arrojamos semillas: todo hombre tiene derecho a recibir la Buena Noticia. Quizás nunca lleguemos a saber de conversiones, pero para nosotros es importante la presencia y el testimonio cristianos. Lo que queda es una huella, un lazo muy fuerte con las personas que encontramos en nuestro camino”.

“Hace algunos años, durante la misa de Pascua conocí a un señor que, empujado por la mujer, había comenzado el catecumenado cuando yo todavía me ocupada de ello en primera persona. Lo felicité por ello y él quiso compartir conmigo un recuerdo: “¿Recuerdas –me preguntó- cuando nos decías: No esperen a que sus cabellos se vuelvan blancos como los míos para decidirse? Bueno, te escuché”. No sabemos cuándo, pero las palabras sinceras tocan el corazón de las personas y pueden hacer que nazcan cosas bellas.

En este momento, son 12 las MDI establecidas en Hong Kong, cuatro por cada una de las tres pequeñas comunidades de la delegación. La mitad de las hermanas tiene una edad cercana a los 40 años, mientras que el resto está casi al final de sus sesenta. Son italianas, brasileñas, indias y chinas. Tal como se prevé en el estatuto, que las llama a ir más allá de las fronteras, dos religiosas originarias de Hong Kong se encuentran en una misión en el exterior, en Brasil y en Bangladés. 

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