Patriarca caldeo: Jóvenes, iglesias y diálogo, las bases para reconstruir la presencia cristiana en Irak

En el mensaje publicado con ocasión del sexto aniversario de su nombramiento como patriarca, el Card. Sako recuerda algunos desafíos y dificultades. Compete al Patriarcado la tarea de formar un comité para el diálogo inter-religioso. Huída de fieles y defensa de la propiedad, los problemas más urgentes. La labor de los sacerdotes por los desplazados. 


Bagdad (AsiaNews) – La atención dirigida a los jóvenes, a quienes el patriarcado ha dedicado “numerosas actividades espirituales y culturales” y la defensa y restauración de muchas “iglesias y propiedades cristianas” en Bagdad y en el país entero, que han quedado dañadas o destruidas por la locura yihadista. Son estas las bases sobre las cuales ha de construirse el futuro de los cristianos en Irak, tal como subraya el Card. Louis Raphael Sako en la carta pastoral –enviada a AsiaNews para su conocimiento- con ocasión del sexto aniversario de su elección como Patriarca caldeo, ocurrida el 31 de enero de 2013 en el Sínodo, en Roma.

Confirmando el rol de la comunidad caldea en la sociedad iraquí, al patriarcado compete la tarea de “formar un comité” para el diálogo inter-religioso, integrado, entre otros, “por cristianos, sunitas, chiitas y yazidíes”. Una de las tareas asignadas al grupo de trabajo inter-confesional es la lucha contra la ideología radical y la elaboración de un librito que presente todas las religiones existentes en Irak.   

El ex arzobispo de Kirkuk sucedió a Emmanuel Delly III, que presentó su renuncia al alcanzar el límite de edad. Nacido el 4 de julio de 1948 en Zakho, en el norte de Irak, fue ordenado sacerdote el 1º de junio de 1974. Primero como prelado, y luego como primado de la Iglesia iraquí, en reiteradas ocasiones denunció el éxodo de los cristianos e hizo numerosos llamamientos al Ejecutivo y a las autoridades locales.

En mayo pasado, el Papa Francisco le otorgó la púrpura al primado caldeo, elevándolo al rango cardenalicio. Al comentar la decisión del pontífice, el Card. Sako habló de un gesto “de amistad y de apoyo” a todo el pueblo iraquí.

En el mensaje, el purpurado no olvida las numerosas situaciones de criticidad, ni los desafíos y amenazas que hacen temer por el futuro de la Iglesia y de los cristianos en Irak. Entre otras, el ascenso del Estado Islámico (EI, ex ISIS), que ocupó Mosul y la Llanura de Nínive, desatando una huída precipitada de cientos de miles de personas. Por tres años y medio, el patriarcado caldeo se ocupó de las demandas más urgentes y necesidades de esta gente, asegurando el derecho al estudio (en Erbil y Kirkuk) para los hijos.

El Card. Sako prosigue recordando el éxodo de los cristianos, con la huida de casi un millón de fieles, y la lucha entablada contra cuantos fomentan el odio y las divisiones. Una de las prioridades es la defensa de las propiedades cristianas en Bagdad y en el resto del país, muchas de ellas expropiadas por la fuerza o el engaño. Por último, la oposición neta en política a aquellos cristianos que se han aprovechado de su cargo “para fines personales”.

En el mensaje, el primado caldeo no se limita a recordar los problemas y las dificultades, sino que simultáneamente resalta las fortalezas sobre las que se ha de asentar la reconstrucción: la institución de la Asociación caldea; los organismos que hacen referencia al patriarcado, entre ellos, el Consejo Pastoral; la labor de los sacerdotes por los desplazados, el reconocimiento de los mártires caldeos: el encuentro en Bagdad –primicia absoluta para Irak- de los patriarcas católicos de Oriente; la visita, con ocasión de la Navidad, del secretario del Estado Vaticano, Pietro Parolin.

“Amo a Irak”, concluye el purpurado, y dice “es parte de mi identidad”, “amo a la Iglesia caldea” que me ha sido confiada” y “estoy al servicio de todas las comunidades cristianas”. 

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