Joven musulmán: el islam no puede callar ante el reino del terror de Riad y MBS
de Kamel Abderrahmani

El príncipe heredero se encuentra en Pakistán, primera escala de su tour asiático. Se firmó un acuerdo por 20 millardos de dólares que beneficia a Islamabad. Pero en el país árabe prosigue la violencia y la represión. El líder religioso reformista Shaykh Salman al-Awdah corre riesgo de ser condenado a muerte por delitos de pensamiento. Los musulmanes liberales deben sostener a los oprimidos y derribar el muro de silencio. 


París (AsiaNews) – El príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman (MBS) aterrizó ayer en Pakistán, primera escala de un tour por el continente asiático que también incluirá la India, China e Indonesia. Al reunirse con el Primer Ministro Imran Khan, él prometió un plan de inversión y desarrollo de 20 millardos de dólares, en un intento por fortalecer la frágil economía de Islamabad. El acuerdo prevé el financiamiento de 8 millardos, para la refinería petrolífera de Gwadar.

El gobierno pakistaní ha concedido todos los honores al ilustre y adinerado huésped, ansioso de recibir sus petrodólares para poder hacer frente a una gravísima crisis. Al mismo tiempo, bin Salman usa la carta del dinero para silenciar las críticas y ataques de las ONG y activistas pro derechos humanos, que denuncian la violencia perpetrada en el reino y en el exterior. En efecto, es cada vez más evidente que no pasa de ser algo ilusorio y de mera fachada el tan enarbolado programa de “reformas” preconizado por el príncipe heredero de 33 años y del que tanto alarde hacen los medios locales al referirse al programa Visión 2030. Reformas, que, en parte, habrían impactado en la esfera social y de derechos al dar vía libre a las mujeres para conducir vehículos. En realidad, el arresto de altos funcionarios y empresarios durante el año pasado, sumado a la represión de activistas y voces críticas, la guerra en Yemen con sus víctimas civiles, incluyendo niños, y el asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi arrojan más de una sombra sobre MBS.

En relación a esto, hemos recibido una reflexión del estudioso Kamel Abderrahmani, un musulmán de 30 años, de origen argelino. A continuación, publicamos su comentario:

 

Hay un proverbio francés que dice así: “a menudo, las apariencias engañan”. Es el caso del “reino de Alá”. En otras palabras, no hay que dejarse engañar por esta apariencia de ser un país abierto,  que es la imagen que Arabia Saudita está intentando dar al mundo, desesperadamente, en el último tiempo. Es lo que vengo diciendo desde hace más de un año. Y si lo hago, es porque el régimen político teocrático de esta nación sigue siempre fiel a la sharia (la ley islámica) y no tiene ninguna rémora ni miramientos cuando se trata de recurrir a todas sus normas bárbaras y contrarias a la vida.  

El príncipe heredero bin Salman trata de complacer a Occidente. Pero en paralelo, hay un intento de sofocar las voces que se oponen a la opresión que padecen los militantes a favor de los derechos humanos en su país. Es decir, los intentos de Mohammed bin Salman por fundar una imagen de príncipe abierto y modernizador a los ojos del mundo en realidad están en franco contraste con el modo en que él se comporta en verdad: represión, arrestos, homicidios organizados y condenas a muerte por decapitación, etc.

Los activistas pro derechos humanos no cesan de alertar acerca de todas estas atrocidades, de estos actos inhumanos y de barbarie que se consuman en este país. Es una realidad en la cual siempre, de uno u otro modo, el sistema judicial real halla subterfugios legales para justificar la pena de muerte.

Después del docente universitario y experto reformista en el islam Ferhan Al Maliki, que arriesga sufrir la pena de muerte por decapitación y de quien ya hemos hablado en un artículo anterior, hoy es el turno de Shaykh Salman al-Awdah. Él corre peligro de ser condenado a muerte. Y quédense tranquilos, que no se trata de un terrorista islámico, sino de un líder religioso reformador, que ha sido acusado de invocar una verdadera libertad individual y civil, de sostener firmemente el pensamiento crítico y una lectura, en clave moderna y actualizada, de las interpretaciones y preceptos de la religión (islámica).  

El líder religioso reformista Shaykh Salman al-Awdah está recluido en la cárcel sin ninguna razón aparente desde septiembre de 2017, cuando una campaña de arrestos colocó bajo la mira la disidencia interna en el reino “de Alá”. Él fue arrestado apenas un día después de haber expresado públicamente su satisfacción por la posible reconciliación entre Arabia Saudita y Qatar; era sabido que él se había negado a respaldar una guerra económica entre Riad y Doha.

Lo que más me choca y asusta es que todo el mundo sabe, pero nadie habla: desde al-Azhar, en Egipto, hasta la asociación mundial de líderes religiosos musulmanes, los fieles de Mahoma de todo el mundo [callan]: nadie se atreve a decir una sola palabra en contra, y este silencio es injustificable e inconcebible.

Este eminente teólogo y progresista no merece estar encerrado en prisión, y mucho menos ser decapitado. Arabia Saudita debe revisar su modo de tratar a los hombres y mujeres pacíficos, que no desean otra cosa que la libertad de conciencia y de expresión. Es escandaloso e inadmisible que hombres y mujeres que denuncian las injusticias sociales sean tratados de esta manera, frente a una comunidad que se jacta de tener más de un millardo de personas en el mundo. En este ámbito se incluye el que suscribe, a sabiendas de que podría correr riesgos; como musulmán liberal, estoy del lado de los oprimidos, porque soy libre de verdad, y por eso me niego categóricamente a ser preso del silencio. 

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