Moscú publica un libro negro sobre Constantinopla: cercanía con Hitler y herejía
de Vladimir Rozanskij

Una obra del escritor Mikhail Škarovskij muestra el interés del Tercer Reich por el Fanar. Las posiciones filo-soviéticas y el apoyo a los “renovadores”. Hilario: hasta ahora hacíamos silencio. Una respuesta “técnica” a la crisis de Ucrania. 


Moscú (AsiaNews) – El Consejo editorial del Patriarcado de Moscú, guiado por el metropolita Kliment (Kapalin) es el sponsor de un libro contra Constantinopla, obra del historiador Mikhail Škarovskij, un especialista en historia de la Iglesia en el siglo XX. El volumen se titula “La Iglesia de Constantinopla y la Iglesia rusa en el período de los grandes conmociones. Los años 1910-1950”, y fue presentado el 27 de febrero pasado en el Departamento de asuntos externos del Patriarcado de Moscú, presidido por el metropolita Hilario (Alfeev).

En el libro de Škarovskij se revela que entre 1936 y 1944, el régimen nazi trató se incorporar al Patriarcado de Constantinopla a la esfera de influencia del Tercer Reich, aunque sin obtener resultados. Para el autor, el régimen hitleriano consideraba que el Fanar (residencia del patriarcado ecuménico en Estambul) podría resultar muy útil para los propósitos de la propaganda nazi. Según  Škarovskij, “en el período que va desde el fin de la Primera Guerra Mundial al principio de la segunda, el patriarcado de Constantinopla insistía en la política de sumisión –anti-canónica- de las diócesis y de las Iglesias ortodoxas autónomas, que después de 1917 quedaron fuera de los confines de la Iglesia-madre, fundamentalmente de aquella rusa”. Por otra parte, en el seno de la Rusia soviética, Constantinopla habría apoyado la llamada “iglesia de los renovadores”, o reformadores, que eran leales al régimen soviético.  

El libro muestra que el Fanar no condenó las medidas de los “renovadores”, que en 1922 atacaron al patriarca Tichon, reduciéndolo unilateralmente al estado laical. De esta manera, el Fanar habría apoyado indirectamente las medidas del OGPU (antecesor de la KGB), que sostenía la “Iglesia viva” de los renovadores con el objetivo de destruir la Iglesia oficial, que era despectivamente llamada “tichonovščina”. El patriarca ecuménico Melecio IV incluso llegó a permitir el segundo matrimonio de sacerdotes y el episcopado uxorato, que eran precisamente las principales propuestas de los renovadores rusos, retomadas luego en los debates durante el Concilio de Moscú, celebrado en 1917-18.

El sucesor de Melecio IV fue Gregorio IV, quien fue expulsado por los turcos y enviado a Egipto. En 1924, él envió una misiva a Moscú para anunciar el pasaje de la Iglesia constantinopolitana al calendario gregoriano, otra de las ideas fuertes de los renovadores rusos, que consideraban que esta decisión era un reconocimiento. Desde ese momento, los renovadores sostuvieron al primado de Constantinopla no sólo a modo “honorífico”, sino también como ente administrativo para toda la Ortodoxia, que es aquello que el patriarcado de Moscú siempre se negó a admitir.  Además, en aquellos años, la dirigencia soviética propuso trasladar la residencia del patriarcado ecuménico –que en aquél entonces funcionaba en el exilio- desde Estambul a Moscú, o desde Petrogrado a Kiev, pero Gregorio IV rechazó el ofrecimiento, ya que pretendía que primero renunciase el patriarca Tichon de Moscú.

Según lo expuesto por Škarovskij, luego de ello, el patriarcado de Constantinopla operó de manera constante contra la política soviética, durante los años de la guerra civil entre blancos y rojos y luego, en el período de la guerra fría. El Fanar abrió diócesis en los EEUU, en los Países bálticos, en Finlandia, Checoslovaquia y Polonia, todas zonas sensibles para el Patriarcado de Moscú, alimentando un conflicto muy similar al que está en curso actualmente en Ucrania.  

El libro de Škarovskij parece, en efecto, una respuesta “técnica” de Moscú a la política “no canónica” de Constantinopla en Ucrania, proyectando los fantasmas del pasado sobre los acontecimientos actuales. Según el metropolita Hilario, “en el pasado preferimos evitar hablar de estas cuestiones pasadas, esperando superar las infracciones a las reglas canónica con el sincero arrepentimiento de Constantinopla y nuestro amor fraterno”. Hoy, quizás sólo quede un pálido recuerdo del amor fraterno, mientras que el pasado vuelve a hacerse valer, con todas sus contradicciones. 

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