P. Ribolini: Romper el aislamiento de las comunidades cristianas tribales

Según el sacerdote del PIME es el principal desafío que le espera a las misiones del norte de Tailandia. El PIME obra en cuatro centros: Fang, Ban Thoet Thai, Mae Suay y Ngao. El p. Ribolini ya fue párroco de Ban Thoed y se transferirá a Mae Suay después de Pascua. “Como soldados del Reino de Dios, prontos a ir donde el Señor y su Iglesia nos envían.

 


Ban Thoed Thai (AsiaNews) – Romper el aislamiento que a menudo caracteriza a a las comunidades tribales de reciente evangelización es la principal desafío que le espera a las misiones del norte de Tailandia. Lo afirma a AsiaNews el p. Marco Ribolini, sacerdote del Pontificio Instituto Misiones extranjeras (PIME) y párroco de Ban Thoet Thai, remota localidad de la diócesis de Chiang Rai en la frontera con Myanmar. En los días siguientes después de Pascua, el misionero milanés dejará su parroquia para ir a Mae Suay, otra misión del PIME a la cual el obispo y los superiores lo han destinado en calidad de párroco. Los católicos de este territorio pertenecen a diversas minorías étnicas tribales (Akhà, Lana, Lahu, Isan, Thaiyai y Kachin), que viven en las montañas y en zonas rurales en un contexto de pobreza y marginación, ya sea social como geográfica.

Las 4 misiones del PIME en el norte del país (Fang, Ban Thoet Thai, Mae Suay y Ngao) hospedan algunos hostales, destinados a la acogida y a la formación escolar de los jóvenes provenientes de familias pobres. La parroquia de Ban Thoet Thai nació sólo hace un año, separándose de Fang. Es de aquí que por 4 años el sacerdote del PIME asistió a los católicos locales, antes de ser párroco. El p. Ribolini acompañó la parroquia en sus primeros pasos, a partir de la construcción de la iglesia; luego el centro pastoral y hasta un puente, gracias al cual los automóviles ahora pueden atravesar el río y entrar en la misión. “Dos- declara el sacerdote- son las primeras emociones que pruebo ahora que me preparo para partir: por un lado la tristeza de dejar afectos y lugares para mí tan queridos; por el otro tengo un gran sentido de libertad, porque el corazón reconoce que cuanto fue hecho aquí no es mío, sino del Señor: misión, personas, puestos y proyectos. Nosotros somos sólo sus servidores y por otro lado el mismo Jesús nos enseña: ‘Somos siervos inútiles’. (Lc 17,10)”.

“Mae Suey – explica el sacerdote – es la misión más grande de Tailandia septentrional: comprende 29 pueblos, dos más respecto a Ban Thoed Thai. Ella sirve más o menos a las mismas tribus, la diferencia es que ya tiene 27 años de historia. Los proyectos catequísticos están ya muy desarrollados, en un cierto sentido la misión está más articulada y requiere un acercamiento menos “pionero” respecto a Ban Thoed Thai”.Entre las actividades principales de la misión de Mae Suay hay hostales, donde el PIME hospeda un total de 90 niños tribales. Las estructuras son 3 y distantes unos 20 Km la una de las otras. En el centro de la misión existen dos realidades educativas: uno de los hostales y un centro que acoge a casi 10 nilos discapacitados. Además, el PIME decidió dedicar al co-hermano- el p. Ribolini- para que estudie la lengua Akha, que es la del grupo mayoritario. En los últimos años, el Instituto está tratando de crear figuras misioneras en grado de superar el compromiso pastoral directo, para comprometerse en aspectos como el diálogo religioso y cultural.

“Esto nos permitirá ser independientes de la ayuda de los catequistas-traductores, que nos acompañan en nuestras visitas a los pueblos. Además, podremos superar los problemas relacionados con la traducción de los textos y a la inculturación del cristianismo. Los Akha son la primera generación de cristianos y en toda Tailandia hay un solo sacerdote perteneciente a la tribu. Por esto, el PIME quiere colocar la nueva figura misionera a disposición de la diócesis de Chiang Rai, donde la mayoría de los cristianos pertenece a aquel grupo étnico. Obrando así, podremos tener una atención mayor también en clave pastoral: con el dominio de la lengua de ellos, sabremos llevar a Cristo aún más a fondo del corazón de los Akha”.

En Mae Suey, el p. Ribolini encontrará “los mismos desafíos que le esperan, en general en todas las misiones del norte de Tailandia”. “La gran respuesta de los tribales al anuncio del Evangelio-explica- permitió el nacimiento de muchos centros, pero al mismo tiempo creó un sentido de aislamiento dentro de las comunidades. De hecho, somos realidades tribales dentro de un mundo tailandés. Son pocos los contactos entre estos dos ambientes. Mae Suey está intentando romper este aislamiento, gracias también a un proyecto llevado adelante con valentía por las religiosas camilianas; todas tailandeses pero que viven y colaboran en las actividades de la misión. Las religiosas asisten a cerca de 160 enfermos budistas: personas pobres, ancianos con discapacidades o abandonados. Además de la obra de las hermanas, estamos presentes en las realidades sociales tailandesas también con el centro para niños discapacitados”.

La Semana Santa ya en las puertas, las actividades pastorales, los campos de verano para los niños, los pases de consigna y una mudanza que hay que organizar: son días intensos para el p. Ribolini. “Ellos coinciden con el fin de año social en Tailandia: se cierran las escuelas, los niños vuelven a casa. Por esto, en las misiones del norte organizamos los campos de verano para jóvenes de distintas edades. A Ban Thoed hemos ya concluido 3 y en ocasión de la Semana Santa, dedicaremos un campo de catequesis a más de 100 niños de la escuela media. La noche de Pascua celebraremos unos 40 bautismos de adultos.. Mientras tanto, estamos realizando cursos prematrimoniales para los tribales que, ya unidos según las costumbres tradicionales, quieren regularizar la situación para poder acceder a la vida sacramental. A causa de la urgencia relacionada con mi transferencia, el domingo de Pascua casaré a 3 parejas”.

En Ban Thoed Thai, el p. Ribolini no quiso organizar fiestas de despedida. “Como soldados del Reino de Dios- concluye, nosotros misioneros debemos estar listos para ir donde el Señor y su Iglesia nos envían, sin dejar espacio a las demasiadas recriminaciones y nostalgias. Así es la vida del evangelizador, el Señor nos invita a no poner raíces demasiado profundas y a no apegarnos a las cosas y a las personas como si fueran nuestras”.

 

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