Cox’s Bazar, droga y micro-criminalidad entre los jóvenes rohingyá en espera de ser repatriados
de Sumon Corraya

Desde agosto de 2017 más de 700 mil musulmanes escaparon de Myanmar. La mitad de los prófugos tiene menos de 18 años. El 98% de los jóvenes no tiene un trabajo y se involucra en actividades ilegales.

 


Cox’s Bazar (AsiaNews) – Abdur Rahiam Miha tiene 22 años y enseña en el campo de refugiados en uno de los centros para la infancia llamados “Child Friendly Space; pasa la mayor parte de sus jornadas enseñando y escuchando la radio de Myanmar, su país de origen. A AsiaNews narra que a fin de mes gana 9 mil taka, unos 94 euros. “Ser docente- afirma- es un gran honor para mí. Así puedo satisfacer mis necesidades”. La suya es una historia positiva. Pero no es así para la mayor parte de los jóvenes refugiados de etnia rohingyá que vive en los campos de Cox’s Bazar, en el sur de Bangladés: muchos tratan de ganarse la vida con pequeños tráficos, también ilegales.

Después que iniciaron las violencias en agosto de 2017, cerca de 700 mil musulmanes escaparon del Estado birmano de Rakhine para escapar a las persecuciones. En los varios campos en el distrito de Cox’s Bazar, tierra fronteriza entre Bangladés y Myanmar, hay acampados al menos 1 millón de refugiados, escapados en diversos momentos.

Cerca de la mitad de los refugiados está compuesta por jóvenes y niños. Mahomad Haffizulla, amigo del docente, cuenta que “no todos son afortunados como él”. “Sólo pocos jóvenes rohingyá trabajan, y los desocupados son el 98%. Si bien recibimos ayudas de las Ong, muchos de nosotros están involucrados en actividades criminales”.

El joven reporta que en los campos no hay grandes esperanzas para la población. “Por esto, mientras esperamos con mucha incertidumbre el momento de la repatriación, los jóvenes de dedican a realizar trabajos ilegales como vender “yaba” (estupefaciente barato que es una combinación entre metanfetamina y cafeína, conocida como la “droga de la locura” porque provoca alucinaciones- ndr) o se dedican a robar”.

Visitando el campo 7 de Ukhiya, se encuentran varios puestos de venta de hortalizas y fruta y los CNG (típicos rickshaw eléctricos de 3 ruedas de Bangladés- ndr). tanto los negocios como los vehículos están dirigidos por los jóvenes. Muchos residentes de los campos, refiere Shapon Ahamad, “se sienten en peligro. Yo no me siento seguro ni cuando camino, tengo miedo de moverme después de las 10 de la noche”. Él refiere que los crímenes más comunes en los campamentos son las violaciones, los robos, los raptos y el contrabando.

Según la policía del distrito, desde la llegada de los refugiados en agosto de 2017, al menos 31 de ellos fueron asesinados por sus mismos compañeros; se presentaron 328 denuncias contra 711 refugiados, un grupo de periodistas alemanes fue atacado y robado.

ABM Masud Hossain, sobre-intendente de policía de Cox’s Bazar, confirma el elevado número de crímenes. Sin embargo, junto a todo esto, los jóvenes rohingyá sueñan con una repatriación pacífica. El docente Abdur Rahiam Miha declara: “Este no es nuestro país. Nosotros queremos volver a casa y que sean respetados nuestros derechos fundamentales como seres humanos”.

 

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