Mujeres, bebés y niños: crece la trata de seres humanos hacia China
de Peter Tran

Del 2012 al 2017, las autoridades de Hanói rescataron a casi 7.500 personas. Móng Cái, una ciudad fronteriza, ya se ha convertido en el principal núcleo del tráfico. Las organizaciones criminales se valen de “intermediarios” para engañar a los tribales que viven en las comunidades de montaña. El testimonio de Phạm Thị Minh T., forzada a prostituirse cuando tenía solo 17 años. 

 


Hanói (AsiaNews) – Alquiler de vientres, niños vendidos y mujeres jóvenes forzadas a contraer matrimonio o a ejercer la prostitución: el tráfico de seres humanos que rige en las regiones que limitan con China ha crecido de manera alarmante. Según las estadísticas publicadas por el Ministerio de Trabajo, Discapacidad y Asuntos Sociales de Hanói, entre el 2012 y el 2017, las autoridades rescataron a alrededor de 7.500 víctimas de la trata. Casi el 90% de ellas son mujeres y niños, sobre todo, niñas y jóvenes.  

Hay siete provincias de Vietnam que limitan con dos regiones de China: Yunnan y Guangxi. Se trata de Điện Biên, Lai Châu, Lào Cai, Hà Giang, Cao Bằng, Lạng Sơn y Quảng Ninh. esta última, según comentan muchos vietnamitas, se ha convertido en “la provincia de los estafadores”. Las autoridades informan que entre 2012 y 2018, los funcionarios del gobierno de Quảng Ninh lograron impedir 48 episodios de trata, arrestando a 85 traficantes y salvando a 78 víctimas. Las personas salvadas fueron cinco hombres, 32 jóvenes menores de 18 años, 46 mujeres mayores de edad y dos jóvenes camboyanos. En el 2018 y en el primer trimestre del 2019, las autoridades provinciales facilitaron el retorno de 60 mujeres y sus bebés a Vietnam, que habían sido traficados a China. 

Las organizaciones criminales que operan en la provincia septentrional se concentran fundamentalmente en tres localidades fronterizas. Éstas son la ciudad de Móng Cái, el distrito de Bình Liêu y el de Hải Hà. Es particularmente Móng Cái – donde se encuentra el paso fronterizo – la que se ha convertido en el principal núcleo para la trata de seres humanos. Uno de los motivos es que los ciudadanos chinos que ingresan a Vietnam no requieren de visado cuando la visita es por un plazo de hasta 15 días. La mayor parte de las personas provenientes de China cruzan la frontera por turismo, pequeños negocios o visitas familiares. Sin embargo, entre ellos tambièn hay criminales dedicados al contrabando, al narcotráfico y a la trata de mujeres jóvenes y de bebés. 

En el último período, los activistas por los derechos humanos y asistentes sociales de las ONG y entes de gobierno han descubierto algunos trucos, frecuentemente utilizados `por los malvivientes para atraer a las víctimas a su red. Los bandidos se valen de “intermediarios” que a menudo viajan a las comunidades de montaña -donde viven las minorías étnicas- para visitar a las familias de las mujeres encinta. Aprovechándose de sus difíciles condiciones de vida, los mediadores convencen a las madres pobres de viajar a China, para dar a luz allí, y luego vender el bebé a compradores chinos. En Vietnam, se denomina a dicha práctica “compra y venta de fetos”. En noviembre del año pasado, las autoridades vietnamitas salvaron a 25 mujeres tribales que habían sido persuadidas de entregar a sus pequeños en el distrito de Kỳ Sơn (provincia di Nghệ An). A las madres se les había prometido una compensación de entre 80 y 140 millones de đồng vietnamitas (cerca de 3.050 e 5.350 euros). Para los miembros de las minorías étnicas, estas cifras son muy importantes.

Los relatos de las víctimas demuestran que la trata de seres humanos entre Vietnam y China está cobrando características cada vez más horrorosas, y que el fenómeno se está difundiendo en otras zonas del país. Phạm Thị Minh T. vive en el Delta del río Mekong, una región en el sudoeste del país. La joven fue engañada y vendida en China cuando tenía solo 17 años. Ella cuenta su historia a los asistentes sociales vietnamitas: “Cuando llegué a una gran ciudad, la mujer que estaba conmigo comenzó a hablar con otra persona en una lengua desconocida para mí. No entendía lo que se decían, pero supe que ya no estaba en Vietnam: estaba en China. Estaba muy asustada y preocupada por mi seguridad. La mujer vietnamita [la intermediaria] me había entregado a la china. Entonces supe que había sido engañada por las dos”. “Algunas señoras vietnamitas -continúa, en lágrimas- trabajaban conmigo en una casa cerrada. Ellas también habían sido engañadas, como yo. Durante años fueron obligadas a prostituirse. Los explotadores nos controlaban a todas escrupulosamente. Cada día debía trabajar con cinco o siete clientes. En aquella época tenía solo 17 años. No me atrevía a escapar. Después de dos años de vivir allí, me sentía exhausta y presa de una crisis psicológica. Pensaba que ya no podría volver a Vietnam. Por suerte, tres amigas y yo fuimos salvadas por algunos vietnamitas y otras personas chinas”. 

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