La juventud malasia está más allá de los conceptos de ‘etnia’ y ‘religión’
de Paolo Fossati

El columnista Anil Netto comenta la contraposición que rige entre la ‘Vieja y la Nueva Política’ en Malasia. Los partidos que representan el pasado colocan el acento en conceptos identitarios. Pero es en las desigualdades económicas donde se ocultan las amenazas a la unidad del país.


Kuala Lumpur (AsiaNews) – Para los jóvenes malasios, “etnia” y “religión” son aspectos cada vez menos relevantes, cuando se trata de abordar los equilibrios sociales del país. Es lo que declara, en diálogo con AsiaNews, Anil Netto (foto 2), un columnista especializado en temas de derechos humanos y justicia socioeconómica.  “Si bien estos dos aspectos continúan influenciando la política nacional – explica Netto –, las nuevas generaciones están preocupadas por otros problemas: encontrar empleo al terminar la escuela o la universidad, el elevado costo de vida, las deudas contraídas por los estudios, comprar una vivienda, la asistencia sanitaria… Para alejar al país de las tendencias islamistas, el gobierno tendrá que saber responder a estas inquietudes”. 

Más que los vínculos entre las distintas comunidades, para el columnista son sobre todo las dificultades económicas las que amenazan la unidad del país. “En la vida cotidiana – afirma Netto – no encuentro tensiones particulares entre los distintos grupos étnico-religiosos. Sin embargo y desafortunadamente, noto que el corte entre el sector más pudiente de la población y aquél más pobre (el 40% de los ciudadanos) se está ampliando. En este último grupo de personas, cuya mayor parte es musulmana, hay quienes incuban resentimientos. Con el correr de los años, la comunidad musulmana de etnia malaya ha gozado de beneficios y ventajas otorgados por el Estado. Sin embargo, no todos han disfrutado de éstos por igual. Los más afectados por esta situación son los que viven en las zonas rurales, donde el descontento suele ser un terreno fértil para los juegos de poder de políticos que utilizan la raza y la religión como instrumentos para las campañas electorales”. 

Sin embargo, agrega el columnista, la situación actual “se debe en gran parte al desarrollo de los hechos constatados en las últimas elecciones generales”. En la convocatoria electoral de mayo de 2018, se presentaron principalmente tres coaliciones: el Barisan Nasional (BN) liderado por quien entonces ocupaba el cargo de primer ministro, Najib Razak; el Pakatan Harapan (PH) del actual premier, Mahathir Mohamad, de 94 años; y el  Gagasan Sejahtera (GS), una confluencia de agrupaciones islamistas conservadoras. Sorpresivamente, Mahathir logró derrotar a sus rivales. El resultados de las elecciones fue un cimbronazo, sobre todo para los partidos que encabezaron las coaliciones perdedoras: el Pertubuhan Kebangsaan Melayu Bersatu (la Organización nacional de los malayos unidos, UMNO) y el Parti Islam Se-Malaysia (el Partido Islámico Pan-malasio, PAS). Para enfrentar al nuevo gobierno, las dos agrupaciones políticas recurrieron al naipe racial y recientemente han sellado una alianza. 

“Como puede inferirse a partir de los nombres, estos son los grupos parlamentarios que colocan el mayor acento en temáticas que son muy sentidas en el país. Estos partidos representan el pasado y animan lo que en Malasia denominamos “contraposición entre la Vieja y la Nueva Política”. La primera, se basa en conceptos identitarios, como la etnia y la religión. La segunda, en cambio, se centra en la participación de los distintos grupos en el futuro del país”, comenta Netto. El editorialista sostiene que muchos malasios aún no se dan cuenta del peligro que representa la creciente influencia de grupos que promueven una visión más conservadora del islam. “Esta amenaza – afirma – no es subrayada lo suficiente. Estamos asistiendo a maniobras que atentan fundamentalmente contra las ‘voces liberales’. El gobierno actual está luchando para contrarrestar esta dinámica. En parte, porque solo puede contar con un 30% de electores musulmanes. Mientras que la oposición se reparte el 70% restante”.

“Lo que está sucediendo es, en parte, un fenómeno global, detonado por la explotación de la raza y la religión para demonizar a quien es diferente. Sin embargo, en comparación con otros Estados, en Malasia incluso hay una burocracia religiosa que goza de importantes subsidios y a veces opera en función de una agenda propia”, explica Anil Netto. “A mi modo de ver – concluye –, la contraposición entre políticas del pasado y del futuro continuará en los próximos años. Competerá a los ciudadanos comunes defender lo que se ha logrado hasta ahora, sobre todo, en términos de progreso y cambio. Y tendrán que resistirse a las tentativas de retorno, que, sin lugar a dudas, las agrupaciones políticas conservadoras pondrán en acto”.

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