P. Cedric Prakash: la India ha traicionado la herencia recibida de Gandhi
de Cedric Prakash

El nacionalismo desenfrenado del Hindutva impregna de violencia la sociedad india. Los derechos denegados en Cachemira. Las políticas económicas que devastan la economía y la supervivencia de las personas más vulnerables. El “placer sádico” que se siente al tomarse una selfie mientras una persona es linchada. La violencia ciega contra los dalit y las tierras arrebatadas a los tribales. La reflexión de un jesuita, escrita en la vigilia de la noticia del robo de las cenizas del Mahatma.


Nueva Delhi (AsiaNews) – La India ha traicionado la herencia más grandiosa que Gandhi ha dejado a su país y a la sociedad moderna: la doctrina de la “no-violencia”. Es lo que afirma el Pbro. Cedrick Prakash, jesuita y activista indio. En estos días, en que todo el mundo conmemora el 150o aniversario del nacimiento del famoso político y pacifista, el sacerdote reflexiona sobre la violencia que se propaga en la India. Su reflexión fue escrita en la vigilia de una noticia que ha shockeado al mundo, más que a la India misma: las cenizas del Mahatma fueron robadas del memorial de Bapu Bhawan en Madhya Pradesh. A continuación, el comentario del Padre Prakash (traducción de AsiaNews).

“Mi religión se basa en la verdad y en la no-violencia. La Verdad es mi Dios. La no-violencia es el medio para conocerlo a Él”, dijo Mahatma Gandhi. Gracias a él, tal vez uno de los regalos más grandiosos que la India moderna ha dado al mundo son sus doctrinas de la  ‘Ahimsa’ (No-violencia) y la ‘Satyagraha’ (la fuerza de la Verdad). Muy adecuadamente, desde el 2007, gracias a los esfuerzos del Gobierno de la UPA (United Progressive Alliance) de aquél entonces, las Naciones Unidas decidieron celebrar el Día Internacional de la No-Violencia el 2 de octubre de cada año, en el aniversario del nacimiento de Gandhi. 

Este año 2019, el día de la ‘no-violencia’ es particularmente especial: marca el 150+ aniversario del nacimiento de Gandhi. Por desgracia, el ampliamente aceptado ‘Global Peace Index 2019’ coloca a la India en el lamentable puesto 141 de entre los 163 países clasificados. Si la actuación de la India de los últimos cuatro meses fuera evaluada en base a varios parámetros utilizados en este sondeo, ¡el país seguramente figuraría entre las naciones más violentas de la tierra! Sí, ¡somos violentos! En la India, la violencia se está incrementando día a día, ¡en todos los ámbitos! Carecemos del liderazgo visionario y de un movimiento de masas para hacer que predomine la no-violencia! 

Somos violentos: ¡Cachemira es un ejemplo típico de hoy! Durante casi dos meses, a la gente que vive allí le hemos denegado lo que es legítimamente suyo. Les hemos negado la libertad de expresión, de circular y desplazarse libremente, y otros derechos humanos. La forma inconstitucional a través de la cual los Arts. 370 y 35A fueron derogados, ¡harían sentir angustia a cualquier ciudadano pensante y dotado de objetividad! De hecho, varios de nosotros, de forma perniciosa, hemos ‘celebrado’ los excesos cometidos en Cachemira y la manera en que las fuerzas armadas son usadas para enjaular a la gente.  

Somos violentos: ¡día a día, los pobres se empobrecen cada vez más! Por otro lado, los ricos y los poderosos ¡tienen licencia y privilegios para enriquecerse día a día! ¡La creciente brecha entre ricos y pobres se está ampliando como nunca antes! Para quien ‘tiene’ no le importa, siempre y cuando sus ‘piruletas’ no le sean arrebatadas. Las industrias están cerrando; el desempleo ha tocado un récord histórico; no cesan los suicidios de los campesinos y de otras personas pobres en la zona rural de la India. La desmonetización  [término que define la política monetaria implementada por el premier Narendra Modi, que eliminó, de la mañana a la noche, los billetes de 500 y 1.000 rupias, provocando una crisis profunda en el campo y en la economía – ndr] y otras políticas erradas han hechos estragos en la economía. Esto también es violencia. Parecemos no darnos cuenta de ello. 

Somos violentos: La mayoría de los Dalits y los Adivasis siguen siendo marginados. Esto se ve claramente reflejado en nuestras actitudes hacia ellos y en la persistencia en nuestras acciones, al tratarlos como los “otros”. Se nos dice de forma sutil y directa que ‘los que recogen la basura lo hacen porque así lo quiere Dios’. Las vacantes de empleo y de educación nunca está disponibles para ellos. Los niños dalit que defecan en público son apaleados hasta la muerte por una horda de la casta alta, los bosques son estratégicamente arrebatados a los adivasis y a otros habitantes que moran allí: un lugar que ha sido su hogar desde tiempos inmemoriales.

Somo violentos: las mujeres y los niños continúan siendo víctimas de una sociedad patriarcal. Cuando una joven estudiante de Derecho es violada una y otra vez por un político poderoso, ¡es ella a la que envían a prisión! Uno necesita echar un vistazo a un periódico para ver de qué manera las mujeres son sistemáticamente sometidas a todo tipo de violencia, tanto en el hogar como en la sociedad. Recientes estudios internacionales destacan que la India no es un lugar seguro para las mujeres. Los niños también padecen la misma suerte: ¡el trabajo infantil crece sin freno! 

Somos violentos: ¡las minorías son un blanco fácil! Olvidamos que la India es de todos, y que el pluralismo es nuestra fortaleza. Los musulmanes y los cristianos son tratados como inferiores y con frecuencia, atacados. Bullen los discursos del odio que denigran a las minorías. Los miembros del partido gobernante instigan a la gente, cuestionando el ‘patriotismo’ de las minorías. El latiguillo del fantasma de la ‘conversión’ es tocado una y otra vez, como un disco con la aguja clavada siempre en la misma pista; todo es parte de un plan, cuyo juego es dividir. No es fácil para las minorías obtener empleo en el sector público y en algunos lugares, ni siquiera se les permite elegir el lugar donde vivir. 

Somos violentos: ¡el linchamiento es la nueva norma! ¡Son palabras dichas por el ex Ministro de Justicia de la India! Los elementos del ‘hindutva’ continúan linchando gente con una regularidad aterradora. No necesitan un motivo: puede ser lo que uno come, lo que viste, o lo que dice. Ellos piensan que están en su ‘divino derecho’ de tomar la ley y poner orden con sus propias manos. Hacen esto con impunidad, porque saben que los apaña la impunidad: ¡si el ‘poder’ está con ellos! Un hombre es linchado con varios testigos de por medio y, por supuesto, más tarde, ¡la policía declara que el hombre murió de un ‘paro cardíaco’

Somos violentos: ¡miremos nuestro entorno! No hay acciones concertadas y sostenidas para para hacer frente a los desastrosos efectos del cambio climático. Los lobbies de las poderosas empresas mineras y madereras saquean los recursos naturales y desvalijan nuestros bosques a voluntad. Los desarrolladores inmobiliarios cierran cursos de agua naturales para levantar edificios palaciegos. No parecemos tener problema en ver destruido el ‘Bosque de Aarey’ para la construcción de un galpón de los subterráneos. ¡Para muchos, el cuidado del ambiente no más que una operación de cosmética y con frecuencia, una maniobra propagandística! ¡Y la India tiene algunas de las ciudades más contaminadas del mundo!

Somos violentos: ahora, ¡las armas y las municiones son nuestra fuerza! Falsamente, nos jactamos de que el poder tiene la razón. Actualmente, ¡la India es el mayor importador de armas a nivel mundial! No es un declaración digna de elogio para un país donde millones de personas a duras penas logran sobrevivir. Para quitar el foco de las sombrías realidades que acucian al país, ‘Pakistán’ es convertido en el enemigo. Se hace un montaje de los hechos. Se resucita el viejo frenesí, para crear un clima ‘de guerra’ en caso de que surjan las llamadas ‘eventualidades’. La carrera armamentista nuclear está en alza, mientras una buena parte del mundo está trabajando en pos de la ‘desnuclearización’. 

Somos violentos: hay una manipulación descarada de los medios de comunicación y una campaña de desinformación orquestada desde las altas esferas del poder. Un reciente estudio, publicado por Universidad de Oxford, titulado ‘El Orden de la Desinformación Global’ resalta que la India es uno de los países que usan los medios para fabricar consensos en la opinión pública, promover la represión automática y socavar la confianza. El estudio muestra que el gobierno emplea un ejército de ‘trolls’ (que ellos denominan ‘cyber tropas’) para hostigar y acosar a disidentes políticos y periodistas a través de Internet. ¡La violencia está oprimiendo a la verdad!

Somos violentos, ¡cuando optamos por no hablar! Cuando no nos pronunciamos en favor de los oprimidos y explotados, de los defensores de derechos humanos y de los periodistas que sacan a la luz los errores, nos volvemos cómplices del crimen. Cuando siendo Jueces de las Altas Cortes y de la Suprema Corte, nos ‘salvamos’ de casos controvertidos, sabiendo que si hemos de honrar la Justicia, uno debe tomar partido y optar por la verdad. Cuando pensamos en ‘restar importancia’ a una cuestión o adoptar una postura más ‘diplomática’’, porque esto jugará a nuestro favor. No exponerse, no clamar por la Justicia y la Verdad, eso es violencia. 

Hoy, mientras celebramos el nacimiento de un hombre que nos ha regalado la fortaleza de la ‘no-violencia’, y el tremendo impacto que esta forma de respuesta social ha tenido en todo el mundo, en la India, debemos estar con la cabeza gacha de vergüenza! En lugar de ser el modelo de la no-violencia en el mundo, hemos permitido que nosotros mismos, nuestras actitudes, expresiones y acciones sean impregnadas de violencia. Cuando una persona está siendo linchada, sentimos un gozo sádico al filmar el episodio y a veces somos a tal punto corruptos, que tomamos una selfie durante ese terrible hecho de violencia. En este día sagrado, haríamos bien en comprometernos nosotros mismos, en todos los niveles, a defender la no-violencia. Por sobre todas las cosas, necesitamos recordar las palabras del Mahatma, que “La no-violencia no es un vestido para ponerse o quitarse cuando nos plazca. Ella habita en el corazón, y debe ser una parte inescindible de nuestro ser”.                                                                                                                                  

Cedric Prakash

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