Papa: a la FAO, mirar al futuro en la lógica de la ‘ecología integral'

Mensaje de Francisco a la Reunión de las Partes en el Protocolo de Montreal sobre las sustancias que reducen la capa de ozono. Un acuerdo que “representa un modelo de cooperación internacional no sólo en el sector de la protección ambiental, sino también de la promoción del desarrollo humano integral”.

 


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Una acción que tienda al bien común va fundada sobre el diálogo para compartir las responsabilidades, sobre soluciones tecnológicas que tengan en cuenta la variedad de las relaciones existentes y sobre la base de la “ecología integral”, concepto, concepto fundado sobre la conciencia que “todo está relacionado”. Lo escribe el Papa Francisco en un mensaje a los participantes en la 31° Reunión de las Partes del Protocolo de Montreal, que tiene lugar en la FAO, del 4 al 8 de noviembre, leído hoy por el Card. Secretario de Estado, Pietro Parolin. 

Francisco ante todo afirma que el Protocolo de Montreal sobre las sustancias que reducen la capa de ozono “representa un modelo de cooperación internacional no sólo en el sector de la protección ambiental, pero también de la promoción del desarrollo humano integral”.

El Papa recuerda luego que el Protocolo de Montreal siguió a la convención firmada en Viena hace 35 años, la primera “jurídicamente vinculante dedicado a la protección de la capa de ozono y, que hoy cuenta con ciento noventa y siete Estados signatarios. “Esto treinta y cinco años han producido resultados positivos” de los cuales se pueden sacar “tres lecciones”.

“Ante todo, es necesario subrayar y apreciar cómo surgió ese régimen a partir de una cooperación amplia y fructífera entre diferentes sectores: la comunidad científica, el mundo político, los agentes económicos e industriales y la sociedad civil”. Esto ha demostrado cómo podemos "lograr ta libertad necesaria para limitar y dirigir la tecnología; podemos ponerla al servicio de otro tipo de progreso, más sano, más humano, más social, más integral”  (Laudato Si', 112).  Estamos, escribe también Francisco, afrontando un desafío “cultural” en favor o contra el bien común. “ Aquí, un diálogo honesto y fructífero, verdaderamente capaz de escuchar las diferentes necesidades y libre de intereses especiales, junto con un espíritu de solidaridad y creatividad, son esenciales para la construcción del presente y del futuro de nuestro planeta”.

Al mismo modo, y es “la segunda lección”: “este desafío cultural no puede afrontarse únicamente sobre la base de una tecnología que, presentada como “la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema creando otros. " (Laudato Si', 20).

Así lo demuestra la necesidad de adoptar, en 2016, una nueva enmienda al Protocolo de Montreal, la Enmienda Kigali.  Dicha enmienda tiene por objeto prohibir las sustancias que, por sí mismas, no contribuyen a dañar la capa de ozono, pero que afectan al calentamiento de la atmósfera. La Santa Sede, anuncia Francisco, se adherirá a ella y es importante que la enmienda "obtenga rápidamente la aprobación universal de toda la familia de las naciones". 

La “tercera lección” es la importancia de que este cuidado de nuestra casa común esté anclado en la comprensión de que "todo está conectado" y “se puede decir que la Enmienda Kigali también apela a este principio, ya que representa una especie de puente entre el problema del ozono y el fenómeno del calentamiento global”.

Vivimos en un momento histórico marcado por desafíos que son apremiantes, pero estimulantes para la creación de una cultura efectivamente dirigida al bien común.  Esto exige la adopción de un enfoque clarividente sobre como promover eficazmente el desarrollo integral de todos los miembros de la familia humana, tanto cercanos como lejanos, en el espacio o en el tiempo.  Este enfoque debe concretarse en centros de educación y cultura donde se cree conciencia, donde se forme a las personas en la responsabilidad política, científica y económica y, más en general, donde se tomen decisiones responsables.

“La continua aceleración de los cambios que afectan a la humanidad y a nuestro planeta, junto con un ritmo de vida y de trabajo más intensos, deberían impulsarnos a preguntarnos si los objetivos de este progreso están dirigidos realmente al bien común y a un desarrollo humano sostenible e integral, o si causan daño a nuestro mundo y a la calidad de vida de gran parte de la humanidad, ahora y en el futuro” (Laudato Si', 18).

 

F___legge.png