Misterio sobre el paradero de los cónyuges ancianos secuestrados

La preocupación del hijo, un sacerdote caldeo que vive en Estambul. Él se ocupa de más de 7.000 refugiados. El último contacto data del 7 de enero. Los vecinos no denunciaron la desaparición, por temor a represalias. Una activista kurda se suicida en su celda, luego de pasar 28 años en prisión, enferma, por protestar contra los abusos y la represión y por defender los derechos humanos. 


Estambul (AsiaNews) - “Recién supimos de la desaparición de mis padres cuando llegamos al pueblo junto con mis parientes [...] el 12 de enero pasado” y desde entonces no se han tenido más noticias. “La última vez que mi hermano habló con ellos fue el 7 de enero”.  El misterio envuelve la desaparición de una pareja de ancianos cristianos en el sudeste de Turquía. No se tienen noticias de ellos desde hace casi dos semanas, como confirma el diario turco Cumhuriyet tras dialogar con uno de los hijos, sacerdote, el Pbro. Adday Remzi Diril de la Iglesia caldea de Estambul. “Un vecino del pueblo - agrega - en un primer momento no nos dijo que mis padres habían sido secuestrados, por miedo y temiendo represalias”, pero en un segundo momento confirmó que “habían sido llevados por hombres armados”. 

El Padre Diril es un sacerdote asirio-caldeo y vive en la capital económica y comercial de Turquía. Es conocido en la comunidad por su obra en favor de los más de 7.000 refugiados cristianos en todo el país. A medida que pasan los días, él no oculta su preocupación por su padre y su madre, ambos ancianos y enfermos, oriundos de la localidad asiria-caldea de Meer (Kovankaya, provincia de Şırnak), en el sudeste de Turquía, tras saber que fueron llevados por “sujetos no identificados”. 

Desde el 11 de enero pasado que no se tienen noticias certeras sobre el paradero de Hurmuz Diril, de 71 años, y su esposa, Şimoni (65 años). En los últimos días, los hijos del matrimonio se unieron a las brigadas especiales para buscar a sus padres, mientras el frío invernal y las temperaturas bajo cero no inducen al optimismo. Las autoridades locales han abierto una investigación, pero los operativos de búsqueda se dificultan, ya que no hay elementos que puedan brindar la esperanza de una solución en el corto plazo. 

La noticia de la desaparición se difundió a pocos días del arresto y posterior liberación de un cura ortodoxo griego en el sudeste del país. El sacerdote fue detenido junto con dos cristianos de la comunidad local, tras ser acusado de “terrorismo” por haber ayudado a los miembros del PKK. Ahora se encuentran bajo libertad condicional, aguardando el inicio del proceso. 

Hace tiempo que el sudeste de Turquía se ha convertido en un escenario de enfrentamiento entre turcos e independentistas kurdos, en el cual también han quedado implicados los cristianos. “Nuestro pueblo - recuerda el Padre Diril - fue evacuado por primera vez en 1989, durante la  guerra entre el PKK y el ejército turco. En aquella época había 80 casas. En 1992, cuatro familias regresaron, y en 1994 la localidad fue nuevamente evacuada. La mayor parte de los habitantes huyó a Europa. A partir del 2010 reanudamos las visitas al pueblo” y la pareja de ancianos fue la primera con ánimo de reconstruir el lugar, resistiendo a las presiones y amenazas. “Por el momento - concluye el sacerdote - sospechamos de todos. No tenemos ninguna información específica”. 

En tanto, en un cárcel turca se consumó el suicidio de otra activista política. Nurcan Kbakir, de 47 años, que pasó 28 en prisión, enferma, se quitó la vida en su celda para protestar contra la represión en las cárceles turcas y para denunciar las condiciones indignas de los reclusos. Nurcan fue trasladada desde la cárcel femenina de Gezbe a un centro penitenciario especial de Burhaniye, cerca de Mardin, como represalia por haber participado el año pasado en una huelga de hambre, para protestar contra el régimen de aislamiento total  del líder kurdo Ocalan.  

Aún faltaban dos años para la liberación de la activista; la mujer había apelado ante la Corte de Justicia europea de Derechos Humanos para ser liberada por motivos de salud. En su último contacto con familiares, el día anterior, había dicho que no quería “seguir callando frente a la represión”, pero sobre todo, recordar “todas las noches a sus hijos asesinados por el régimen”.

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