En Bangladés, primer funeral islámico de una prostituta

Los imanes no celebran los funerales para estas mujeres, que son sepultadas en tumbas sin nombre o arrojadas a los ríos, como si fueran “basura”. La Sra. Hamida Begum murió a los 65 años. Vendía su cuerpo en el burdel de Daulatdia desde que tenía 12 años. Su hija, Laxmi, también es prostituta: “Mi madre fue tratada como un ser humano”.  

 


Daca (AsiaNews/Agencias) – Por primera vez en la historia de Bangladés, las autoridades religiosas musulmanas celebraron el funeral de una prostituta. La mujer. Hamida Begum, falleció la semana pasada, a la edad de 65 años. Desde que tenía 12 años de edad, trabajaba en el burdel de Daulatdia, a unos 250 kilómetros de Daca. La hija, Laxmi, que vende su cuerpo en el mismo lugar, en diálogo con AFP, declaró: “Jamás habría imaginado que ella recibiría un adiós tan digno. Mi madre fue tratada como un ser humano”. 

Antes de Hamida, ninguna prostituta había recibido jamás las exequias de un líder religioso. El funeral se celebró gracias a las presiones de una coalición de trabajadoras del mercado del sexo, y con la intercesión del jefe de la policía de Goalondo, Ashiqur Rahman, que convenció a los imanes. “Sin embargo, más tarde, cuando le pregunté si el islam prohíbe la Janaza [la oración fúnebre] para quien se prostituye, él no sabía qué responder”. 

En Bangladés, un país donde la mayoría de la población es islámica, la prostitución es legal. Sin embargo, las personas que venden su cuerpo, ya sea por necesidad o porque son obligadas a ello, son consideradas “inmorales” por los jefes de la religión islámica. Es por ello que normalmente los cuerpos de los difuntos son sepultados en tumbas sin nombre, o arrojados a los ríos, como si fuesen basura. 

Según la normativa vigente, en Bangladés, vender el cuerpo es legal a partir de los 18 años, y las mujeres que desean incursionar en esta actividad deben tener un certificado donde conste su mayoría de edad. Sin embargo, en el país existen cientos de niñas abusadas en el mercado del sexo, explotadas por traficantes de seres humanos. Al mismo tiempo, las mujeres que residen en la aldea de Daulatdia viven en una especie de gueto, encerradas con sus hijas y obligadas a pagar alquileres exorbitantes por las chabolas. Daulatdia, considerado el burdel más grande el mundo, es uno de los 12 prostíbulos legales del país, y fue creado durante la dominación colonial. Allí viven 1.200 mujeres y niñas. Cada día, al menos 5.000 clientes transitan por el lugar.  

En el último adiós a Hamida estuvieron presentes su hija, Laxmi, su hijo, Mukul Seikh, y más de 200 personas. Más del doble de personas participó en la comida y en las oraciones que siguieron, que tienen la misma importancia que una ceremonia fúnebre de rigor. Rahman cuenta: “Fue una escena sin precedentes. Las personas vinieron en plena noche para unirse a la oración.  Los ojos de las trabajadoras sexuales estaban llenos de lágrimas”.

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