Papa: recemos con fe, perseverancia y coraje, que ‘el Señor no decepciona’

En la misa celebrada esta mañana, Francisco invitó a rezar por todos los que están sufriendo por la crisis económica a raíz de la epidemia de coronavirus. “El Señor no decepciona: no decepciona. Nos hace esperar, se toma su tiempo, pero no decepciona. Fe, perseverancia y coraje”.


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – En la oración se precisa fe, perseverancia y coraje, y “el Señor no decepciona: no decepciona. Nos hace esperar, se toma su tiempo, pero no decepciona”. Fue lo que recordó el Papa, “en estos días, en que es necesario rezar, y rezar más”, en la homilía de la misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta. Al comenzar, Francisco invitó a rezar por todos los que está sufriendo a raíz de la crisis económica desatada por la epidemia de coronavirus, que ha paralizado muchas actividades laborales. “Hoy, recemos – dijo - por la personas que a raíz de la pandemia están empezando a sentir problemas económicos, porque no pueden trabajar y todo esto recae en la familia. Recemos por la gente que tiene este problema”. 

Luego, al comentar el episodio del Evangelio (Juan 4, 43-54) sobre la curación del hijo del funcionario del rey, Francisco invitó a rezar con fe, perseverancia y coraje, sobre todo en este período. 

“Este padre pide la salud para su hijo. El Señor le hace una especie de reproche a él, pero al mismo tiempo a todos: ‘Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen’. El funcionario, en vez de callar y quedarse en silencio, sigue adelante y le dice: ‘Señor, baja antes de que mi hijo muera’. Y Jesús le responde: ‘Ve, tu hijo vive’”. 

“Hay tres cosas necesarias para rezar bien. La primera es la fe… si no se tiene fe… Y muchas veces, la oración es solamente oral, de la boca… pero no proviene de la fe del corazón, o bien es una fe débil… Pensemos en otro papá, en el del hijo endemoniado, cuando Jesús le responde: ‘Todo es posible para aquél que cree’; el papá, dice claramente: ‘Creo, pero aumenta mi fe’. La fe en la oración’. ‘Estemos atentos en la oración: no caigan en una costumbre, sin la conciencia de que el Señor está, de que estoy hablando con el Señor y que Él es capaz de resolver el problema. La primera condición para una verdadera oración es la fe”. 

“La segunda condición que Jesús mismo nos enseña es la perseverancia. Algunos piden, pero la gracia no llega: no tienen esta perseverancia, y esto es porque en el fondo no tienen necesidad de ello o no no tienen fe. Y Jesús mismo nos enseña la parábola de aquél señor que va a ver al vecino para pedirle pan a medianoche: la perseverancia de tocar a la puerta… O la de la viuda, con el juez injusto: insiste, insiste e insiste: es la perseverancia. Fe y perseverancia van de la mano, porque si tienes fe estás seguro de que el Señor te dará aquello que pides. Y si el Señor te hace esperar, tocas, tocas, y tocas a la puerta, y al final el Señor te concede la gracia. Sin embargo, el Señor no hace esto para hacerse el interesante o porque diga ‘mejor que espere’: no. Lo hace por nuestro bien, para que tomemos las cosas en serio. Tomar la oración con seriedad, no como los papagallos: bla bla bla y nada más… El mismo Jesús nos reprende en esto: ‘No sean como los paganos, que creen en la eficacia de la oración y en las palabras, en las muchas palabras”. 

“Y la tercera cosa que Dios quiere en la oración es el coraje. Quizás alguien piense: ¿acaso se requiere coraje para rezar y estar delante del Señor? Sí, se requiere. El coraje de estar allí, pidiendo, y de seguuir adelante, incluso casi – casi, no quiero decir una herejía –  casi como amenazando al Señor. El coraje de Moisés delante de Dios, cuando Dios quería destruir al pueblo y convertirlo en jefe de otro pueblo. Y él le dice: ‘No. Yo, con el pueblo’. Coraje”. 

“Fe, perseverancia y coraje. En estos días, en los que es necesario rezar, y rezar más, pensemos si nosotros rezamos así: con fe, seguros de que el Señor puede intervenir, con perseverancia y con coraje. El Señor no decepciona: no decepciona. Nos hace esperar, se toma su tiempo, pero no decepciona. Fe, perseverancia y coraje”. 

Francisco terminó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitando una vez más a la Comunión espiritual. “A tus pies, oh Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito, que se abandona en su nada y en Tu santa presencia. Te adoro en el sacramento de tu amor, deseo recibirte en la pobre morada que mi corazón te ofrece. En espera de la felicidad de la comunión sacramental, quiero tenerte en espíritu. Ven a mí, oh Jesús mío, que yo vaya hacia Tí. Que tu amor pueda inflamar todo mi ser, para la vida y para la muerte. Creo en Ti, espero en Ti, Te amo. Que así sea”.

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