La ira de los islamistas ante las mezquitas cerradas. El Covid-19, herramienta de propaganda
de Kamel Abderrahmani

Al principio, los musulmanes radicales afirmaban que la epidemia era una señal de la ira de Alá, un castigo suyo. Ahora, sostienen que el virus es una prueba de fe. “Si hay personas tan burlescas y oscurantistas que intervienen e interfieren, con impunidad, es porque el Estado no desempeña su rol: proteger a las personas”.

 


París (AsiaNews) – Las catástrofes naturales, como la actual emergencia por el coronavirus, brindan a los islamistas la ocasión para “hacer proliferar” y promover sus “ideas oscurantistas”. Es lo que afirma Kamel Abderrahmani, un joven académico musulmán. La pandemia ha empujado a muchos países islámicos a tomar medidas como el cierre de las mezquitas y lugares de culto. Inclusive La Meca, la ciudad sagrada, ha quedado aislada. Sin embargo, hay personalidades que se oponen a estas medidas. Son extremistas, imanes y predicadores que hasta hace poco tiempo, cuando sus países aún no habían sido tocados por la emergencia, consideraban el virus como “un castigo de Alá”. Ahora, en cambio, el Covid-19 es para ellos una “verificación de la fe”. “Esto no resulta sorprendente, ya que el islamismo es una ideología mortal, que invierte en la desgracia de los demás, en sus lágrimas y en sus dramas”, afirma Abderrahmani. A continuación, publicamos su reflexión (traducción de AsiaNews).

 

Mientras la pandemia de Covid-19 causa estragos y devastación en varios países occidentales, otras naciones han comenzado a tomar precauciones, para prepararse antes de que sea demasiado tarde; en particular, los países musulmanes, que no quieren vivir la experiencia iraní: de momento, Teherán es la única nación gravemente afectada – donde la cifra de muertos supera 1.900 y hay más de 24.000 casos – y por ahora, no logra contener la propagación del virus. Para prevenir cualquier riesgo de transmisión, en todos los países islámicos, las autoridades han cerrado los espacios públicos, las cafeterías, cines, estadios, mezquitas, etc. Incluso se ha clausurado el lugar más sagrado del islam, La Meca. El gobierno saudí ha suspendido por 20 días todas las formas de peregrinación a la ciudad santa. 

Musulmanes extremistas, imanes radicales y predicadores virulentos enseguida se lanzaron a comentar la epidemia. En un pasado muy reciente, antes de que el virus llegara a sus países, ellos consideraban que se trataba de un castigo de Dios contra los incrédulos. Es el caso de las observaciones y fantasías delirantes que hizo, por ejemplo, el director del Centro Islámico de Ginebra, el gurú Hani Ramadan. Él atacó a China, acusando al país de perseguir a los musulmanes chinos y diciendo que el Covid-19 no es otra cosa que una intervención divina con fines correctivos. Ramadan va incluso más allá, llegando a afirmar que “la epidemia se debe a la ira de Alá”, y que “Alá la ha enviado para castigar a las personas que lo enfurecen con sus acciones malignas como la música, la desnudez, el desenfreno, la fornicación, la tibieza, la libertad...!”! Si estuviera bromeando, ¡podría decirse que está hablando de su hermano, Tariq Ramadan, acusado de violación! Otros predicadores afirman que “los incrédulos piensan que pueden desafiar al Único con su progreso científico; he aquí que les está tomando el pelo con un virus que es más pequeño que un átomo. Oh, Alá, gracias por la bendición del islam, la única y verdadera religión”[1].

Sin embargo, una vez que llegó a su país, la epidemia devino una prueba de Alá para cerciorarse de su fe; un razonamiento cómico cuyo único asidero es la mala fe de estos gurúes, que saben manipular a las masas, manejando un discurso religioso oscurantista. Para ellos, el Covid-19 no es algo complicado de explicar. Los discursos en las mezquitas, los sermones pronunciados por los predicadores en la TV o por sus seguidores en las redes sociales o en las calles, son, lisa y llanamente, sorprendentes. Pretenciosos y estúpidos, afirman que lo que Hani Ramadan sostiene, es decir: “El mundo solo debe aprender de las lecciones de los pueblos antiguos, narradas en el Corán, y sufrir la venganza de Alá, como los pueblos de la época de Noé”. 

Conforme a las disposiciones del Corán, las reglas de la Sharia y los objetivos de la ley islámica, la “conservación” de la vida humana constituye un deber. Por tanto, cerrar los lugares de culto ha sido un modo de proteger a los ciudadanos del contagio. Esto es lo que ha empujado a casi todos los países musulmanes a clausurar provisoriamente las mezquitas, y a suspender las oraciones en grupo, además de los encuentros de los viernes. 

Sin embargo, esto ha sido pasado por alto por los islamistas y fanáticos musulmanes que consideran la medida como “una ofensa contra Alá”, y que “la oración islámica protege del Covid-19” (esto es lo que el famoso imán de Brest sostiene en un vídeo subido a YouTube [2]). Según parece, ¡para ellos la ciencia es inútil! ¡Solo basta con dirigirse a Alá, y él dará su respuesta!  En Argelia, los fieles no vacilaron en rezar en grupos delante de las mezquitas, pese a que los imanes del Estado habían solicitado rezar en casa para prevenir la difusión del coronavirus. ¿Acaso mis correligionarios se han vuelto a tal punto suicidas? ¡Me planteo este interrogante, así, ingenuamente! 

Este espíritu tan peligroso, esta sagrada ignorancia tan oscurantista, con sus ideas a tal punto morbosas y obsoletas, ¡terminará por cargarse de razón! No hay que sorprenderse de ello, porque el islamismo es una ideología mortal que invierte en la desgracia de los demás, en sus lágrimas y en sus dramas. Este movimiento, que ha adoctrinado la mente de los musulmanes, ha demostrado, una vez más, que actúa siempre de un modo infantil e insidioso; ¡incluso cuando hay un desastre y una crisis grave que amenaza a los países islámicos y al resto del mundo! Por ejemplo, en Argelia, el discurso [3] relativo al cierre de las mezquitas, pronunciado por el líder del Frente Islámico de Salvación (FIS) [4], el siniestro Ali Belhadj, y por Abdellah Djabellah, presidente del partido islamista Frente para la Justicia y el Desarrollo, son totalmente irrisorios: “Las mezquitas no deberían estar cerradas porque son la casa de Alá, que los protege”. 

Si así es, entonces, ¿por qué está cerrada La Meca? Tanto mejor, ya que al menos una parte de los extremistas por el momento no arremeterán contra los “incrédulos”, mientras se espera que estos “enemigos de Alá” descubran una vacuna contra el Covid-19. ¿Acaso estos oscurantistas pueden ser al mismo tiempo imanes, investigadores, científicos, virólogos, políticos, etc. ? ¿A título de quién hablan? ¿De representantes de partidos políticos o muftíes? ¿Saben, al menos, que los lugares de culto pueden causar el contagio de coronavirus de un modo tan veloz como devastador? De lo contrario, cuál es la prioridad: ¿la vida humana, o la oración en la mezquita?  ¿Qué es hay de más sagrado, en este mundo, que la vida humana?

En todo caso, si hay personas a tal punto risibles y oscurantistas que intervienen o interfieren en cuestiones tan delicadas, y lo hacen con impunidad, es porque el Estado no desempeña su rol: proteger a las personas. Los musulmanes no deben sumirse en el miedo ni en la superstición. Deben actuar con seriedad y aprender de las lecciones de aquellos países que aún están sufriendo por este virus. Y sobre todo, no debemos prestar oídos a los islamistas, que solo pueden proliferar en situaciones de crisis política o catástrofes naturales. En otras palabras, para perseguir sus fines políticos han incluso instrumentalizado la miseria de los pueblos; en un intento de influenciar y controlar las mentes.

 

(Vídeo: Musulmanes radicales protestan contra el cierre de las mezquitas en Alejandría, Egipto).


 

[1] https://www.youtube.com/watch?v=ghEMWxcuypY&fbclid=IwAR2rYSFLtrouKdV3o0bOGFm9ks1cQCNntd_j8gn1tCgjcWK9OUa53S4J3oo&app=desktop

[2] https://www.youtube.com/watch?v=JcohD5oGhJQ

[3] https://www.youtube.com/watch?v=Lnx7I5ZcyDk

[4] Front Islamique de Salut ; https://en.wikipedia.org/wiki/Islamic_Salvation_Front

 

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