En el bloqueo de Delhi, el coronavirus, ocasión para ‘cultivar la relación con Dios’
de Percival Holt

Habla el ex presidente de los jóvenes católicos de India. La incertidumbre de la vida cotidiana. la imposibilidad de salir, las preocupaciones de los fieles por la Semana Santa. Están bien las misas online, pero “es necesario redescubrir la dimensión de la oración personal”. 

 


Nueva Delhi (AsiaNews)-  El coronavirus suspendió la vida y bloqueados los desplazamientos. Pero este es el tiempo para “redescubrir la dimensión de la oración personal, demasiado olvidada en la vida mecánica que corre al máximo”. Lo dice a AsiaNews, Percival Holt de Delhi, ex presidente del Movimiento de los jóvenes católicos de India. Él está bloqueado en el Bethania Centre de Faridabad, sede del National Youth Centre, donde se encuentra desde hace algunas semanas para preparar los programas juveniles. A continuación su narración.

Desde hace algunas semanas estoy en el campus del Centro juvenil nacional junto a otras dos personas. Había una joven, pero se volvió a su casa antes del bloqueo y estará allí hasta el final de la cuarentena. El campus no está muy lejos de donde vivo. Durante el fin de semana volvía a casa y transcurría el tiempo con mi familia. El sábado era el día dedicado a las compras en el mercado, a algún trámite que había que hacer y a visitar la capital. Ahora todo esto no será más permitido. No sabemos cuáles son los movimientos permitidos. Todo está en evolución. Pero yo estoy bien y estoy sereno.  

El Premier decretó una huelga general para el domingo pasado, 22 de marzo y desde el 25 toda India estará detenida por 3 semanas. También las visitas médicas son arriesgadas. Fui al hospital para una visita de control, pero no me atendieron. Todo está cerrado, los taxis están parados, los servicio postales suspendidos. Hay abierto sólo algunos bancos, pero llegar hasta ahí es un problema. Al inicio de esta semana debía ir a una filial, pero fue detenido por la policía que me preguntó dónde estaba yendo y por cuál motivo. 

Por ahora mi cotidianidad no cambió mucho, pero para otras personas es un desastre. No se puede viajar no tomar la metropolitana. La gente no puede transcurrir el tiempo y está obligada a permanecer en casa En el campus en cambio hay siempre algo que hacer: reordenar los ambientes, limpiar, programar los eventos para cuando la vida volverá a ser normal.

El arzobispo de Delhi nos pidió desarrollar un lugar de formación para los jóvenes, por lo tanto estamos organizando la formación y estructuración de los cursos. 

La jornada transcurre con el ritmo usual. A la mañana celebramos la misa: somos privilegiados de poder participar físicamente todavía en la liturgia, porque en general no está permitido. Luego desayunamos, desarrollamos el trabajo de oficina y almorzamos. Después de la comida, continuamos con la programación o con las actividades en el campus. Al final de la tarde jugamos a badminton u otros deportes. Después de la cena, nos reunimos una vez más para discutir de pastor juvenil y de servicio a la Iglesia, discutiendo sobre cualquier argumento.

Cada día tengo la oportunidad de dedicarme a la meditación en la capilla. Me quedo solo el tiempo necesario para rezar y escuchar canciones religiosas. Con el sacerdote discuto de cualquier aspecto que se refiera a la fe y a la catequesis. Es un verdadero privilegio poder vivir con un cura que continúa acompañándome y a celebrar la misa. Por el contrario, para otras personas no es posible ni siquiera confesarse.

No sabemos cuáles serán los programas para la Semana Santa, si podremos celebrar la Vía Crucis, participar en los ejercicios espirituales y a las celebraciones religiosas. Muchos están preocupados porque no saben cómo vivir la fe en esta situación. También mi abuela me dijo: “¿Cómo será la Vía Crucis?” “¿Cómo haremos sin la misa?”. Es una situación nueva para todos, quizás no para nuestros abuelos que vivieron la partición de India (en 1947) y la guerra.

Muchos obispos, sacerdotes y hasta el Papa Francisco se organizaron para transmitir la misa online. Todo esto es una cosa nueva y buena. Pero, yo creo que las personas deberían aprovechar la ocasión de gastar este tiempo para la reflección y la oración personal. De otro modo, ¿cómo podrían vivir la fe en una situación como esta, en la cual no es posible asistir a misa? Ir a la iglesia no es el único modo en el cual poder cultivar el espíritu. es el tiempo justo para reflexionar y hacer un balance sobre la propia relación con Dios, estar solos y rezar. El comportamiento de las personas se volvió siempre más mecánico, sólo paticipando a la misa los domingos. En cambio, así no de puede descubrir una relación más profunda y significativa con el Padre.

 

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