Papa: en la emergencia de la pandemia, un ‘cese del fuego global’

En el Ángelus, el Papa Francisco se asocia al pedido del secretario general de la ONU, preocupado porque “en los países en guerra los sistemas sanitarios han colapsado y el personal sanitario, ya reducido, a menudo ha quedado en la mira”. Un renovado compromiso por la superación de las rivalidades. “¡Los conflictos no se resuelven a través de la guerra!" Oración por los enfermos en las casas de atención, por los cuarteles, por los prisioneros. El problema explosivo del hacinamiento de las cárceles. “La respuesta de Dios al problema de la muerte en Jesús: ‘Yo soy la resurrección y la vida’”. El cristiano es “un reflejo del amor y de la ternura de Dios, que libera de la muerte y hace que venza la vida”

 


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - En la actual emergencia de la pandemia, “que no conoce fronteras”, es urgente un “cese del fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo”. Concluyendo la oración del Ángelus, también hoy recitado desde la biblioteca del Palacio apostólico a causa del coronavirus, el Papa hizo suyo el  llamamiento lanzado hace días por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. El secretario de la ONU está preocupado porque “en los países en guerra, los sistemas sanitarios han colapsado y el personal sanitario, ya reducido, a menudo ha quedado bajo la mira”. Varias personalidades han expresado el temor de que la pandemia ataque a países como Siria, Palestina y Yemen, o muchos países africanos.

“Me asocio -dijo el Papa- a cuantos han acogido este llamamiento e invito a todos a continuar deteniendo toda forma de hostilidad bélica, favoreciendo la creación de corredores de ayuda humanitaria, la apertura a la diplomacia, la atención a quien se encuentra en una situación de mayor vulnerabilidad”.

 “Que nuestro compromiso conjunto contra la pandemia pueda llevar a todos a reconocer nuestra necesidad de fortalecer los lazos fraternales como miembros de una única familia humana. En particular, que suscite en los responsables de las Naciones y otras partes implicadas, un renovado compromiso para superar las rivalidades”. ¡Los conflictos no se resuelven a través de la guerra! Es necesario superar los antagonismos y contrastes mediante el diálogo y la búsqueda constructiva de la paz”.

“En este momento mi pensamiento va de manera especial a todas las personas que sufren la vulnerabilidad de estar forzadas a vivir en grupos: asilos, cuarteles... En particular, me gustaría mencionar a las personas en las cárceles – precisó el Pontífice – he leído un memorándum oficial de la Comisión de Derechos Humanos que habla del problema del hacinamiento en las prisiones, que podría convertirse en una tragedia”. 

Antes de la oración mariana, Francisco comentó el Evangelio de la misa de hoy (5to domingo de Cuaresma, A, Jn 11,1-45) que narra la resurrección de Lázaro.

“En el Evangelio -explicó- vemos que la fe del hombre y la omnipotencia del amor de Dios se buscan y al final se encuentran. Lo vemos en el grito de y de todos nosotros con ellos: «¡Si tú hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto!». Es la respuesta de Dios no es un discurso. Jesús responde a Marta: «Tu hermano resucitará»; «Yo soy la resurrección y la vida; el que crea en mí, aunque muera, vivirá». ¡Tengan fe! En medio del llanto continúen teniendo fe, aunque si la muerte parece haber vencido. ¡Quiten la piedra de vuestro corazón!¡Quiten la piedra de su corazón! Dejen que la Palabra de Dios devuelva la vida donde hay muerte”. “Dios no nos ha creado para la tumba, nos ha creado para la vida, hermosa, buena, gozosa, a pesar que «la muerte ha entrado en el mundo por envidia del diablo» como dice el Libro de la Sabiduría (2,24), y Jesucristo ha venido a liberarnos de sus ataduras. Por lo tanto, estamos llamados a quitar las piedras de todo lo que sabe a muerte: la hipocresía con la que vivimos la fe, es muerte; la crítica destructiva a los demás es muerte; la ofensa, la calumnia, es muerte; la marginación de los pobres es muerte. “El Señor nos pide que quitemos estas piedras de nuestros corazones, y la vida entonces volverá a florecer a nuestro alrededor. Cristo vive, y quien lo acoge y se adhiere a Él entra en contacto con la vida. Sin Cristo, o fuera de Cristo, no sólo no hay vida, sino que se vuelve a caer en la muerte”.

“La resurrección de Lázaro-concluyó- es también un signo de la regeneración que se actúa en el creyente a través del Bautismo, con la plena inserción en el Misterio Pascual de Cristo. Por la acción y la fuerza del Espíritu Santo, el cristiano es una persona que camina en la vida como una nueva criatura: una criatura para la vida, que va hacia la vida”. “Que la Virgen María nos ayude a ser compasivos como su Hijo Jesús, que ha hecho suyo nuestro dolor. Que cada uno de nosotros esté cerca de los que están en la prueba, convirtiéndose para ellos en un reflejo del amor y la ternura de Dios, que libera de la muerte y hace vencer la vida”

Después de los saludos, Francisco fue a la ventana de su estudio y bendijo la plaza vacía.

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