Papa: Via Crucis en el silencio y en el desierto de la plaza de san Pedro

Las meditaciones de este año fueron escritas por 14 personas relacionadas con el mundo de las cárceles, en particular la casa de reclusión “Dos Palacios” de Padua. La cruz fue llevada alternativamente por miembros de la cárcel “Dos Palacios” y por doctores y personal de la Dirección Salud e Higiene del Vaticano. El Papa no realizó ninguna homilía, pero dejó espacio al silencio delante del crucifijo de San Marcelo. 

 


Ciudad del del Vaticano (AsiaNews) – El Via Crucis en la era del coronavirus no es celebrada – como sucede desde los años 60-alrededor del Coliseo, sino en la plaza y el atrio de San Pedro.

A las 21, el silencio del amplio espacio fue interrumpido por el coro polifónico y por las voces de los lectores que enuncian y leen las meditaciones, difundidas en mundovisión. l vacío de la plaza recuerda que en Italia y en el mundo muchas personas están aisladas en sus casas para prevenir la difusión del Covid-19. La elección de llevar los testimonios de los encarcelados parece una enseñanza que nos conmueve.

De hecho este año, propuesta por el Papa Francisco, las meditaciones fueron escritas por 14 personas relacionadas con el mundo carcelario, en particular la casa de reclusión “Dos Palacios” de Padua, bajo la dirección del capellán el p. Marcos Pozza y por la voluntaria Tatiana Mario [1].

La primera estación, por ejemplo, la cual narra la condena a Jesús, fue escrita por uno de los encarcelados que está descontando cadena perpetua; el encuentro de Jesús con su Madre, por la mamá de un detenido; la crucifixión por un sacerdote acusado (probablemente por pedofilia) y luego absuelto definitivamente por la justicia, después de 10 años de procesos; la sepultura de Jesús por un agente de policía penitenciaria que es también diácono permanente. Todas las meditaciones narran con crueldad la amargura del mal, pero también los inesperados signos de esperanza encontrados en la oscuridad de la prisión.

En la plaza de San Pedro desierto, el recorrido del Via Crucis. marcado por antorchas en el suelo- rueda alrededor del obelisco, luego se dirige hacia el “abanico”, la subida donde está expuesto el crucifijo de san Marcelo, que conduce a la basílica. Al final, en el atrio el Papa y su maestro de ceremonias.

La cruz es llevada alternativamente por miembros de la cárcel “Dos Palacios” y por doctores y personal de la Dirección Salud e Higiene del Vaticano. Francisco, que en estas semanas recordó en varias oportunidades al personal sanitario que trabaja con los enfermos del coronavirus y arriesga siempre la muerte, en una intervención suya definió a médicos y enfermeros como “los crucifijos” de hoy. 

En la duodécima estación, se conmemora la muerte de Jesús, el cortejo se detiene delante del crucifijo de san Marcelo que lo iluminan, único elemento colorido en la oscuridad de la noche, mientras tanto todos permanecen inmóviles, en un largo silencio de oración.

Al final de la decimocuarta estación, el Papa impartió la bendición y se quedó en silencio mientras el coro cantaba el antiguo himno Crux Fidelis, que en el dolor de la cruz recuerda la fecundidad del madero de la cruz. En el silencio y sin ninguna homilía, él luego volvió a entrar a la basílica; en la plaza desierta permanece imponiéndose el crucifijo de san Marcelo, que Francisco invocó a menudo en estas semanas para que salve al mundo de la pandemia. 

[1] Para leer el texto completo de las meditaciones , ver aquí

 

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