Papa: nos dan una versión ‘destilada’ de lo que sucede en los campos de detención en Libia

En la celebración de la misa por el séptimo aniversario de la visita a Lampedusa, Francisco volvió a referirse a la “globalización de la indiferencia”. “La guerra, sí, es horrenda, lo sabemos, pero imaginen ustedes el infierno que se vive allí, en esos campos de detención. Y esta gente solo venía con la esperanza de cruzar el mar”.


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “No se imaginan lo que sucede allí, en Libia, en esos campos de detención”. “Nos dan una versión ‘destilada’”. En el séptimo aniversario de su visita a Lampedusa, primer viaje del pontificado, el Papa Francisco habló de los sufrimientos de los migrantes, y especialmente de aquellos que están en Libia. 

Francisco recordó el aniversario con una misa, celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. A causa de la situación sanitaria, solo estuvo presente el personal de la sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. 

De la visita a Lampedusa, hoy recordó lo que dijo en aquella misa: “La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia”. 

Luego, al comentar el pasaje del Evangelio de hoy (Mt 10,1-7), en el cual Jesús envía a los apóstoles en misión, dijo: “Él los llamó por su nombre, uno a uno, mirándolos a los ojos; y ellos contemplaron su rostro, escucharon su voz, vieron sus prodigios. El encuentro personal con el Señor, un tiempo de gracia y salvación, lleva a la misión. Jesús les exhortó: «Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos» (v. 7). Encuentro y misión, no marchan separados”.

“Este encuentro personal con Jesucristo también es posible para nosotros, discípulos del tercer milenio. Cuando buscamos el rostro del Señor, podemos reconocerlo en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino. Y este encuentro también se convierte para nosotros en un tiempo de gracia y salvación, confiriéndonos la misma misión encomendada a los apóstoles”.

“Hoy - prosiguió - se cumple el séptimo aniversario de mi visita a Lampedusa. A la luz de la Palabra de Dios, quisiera reiterar lo que dije a los participantes en el encuentro “Libres del miedo”, en febrero del año pasado: «El encuentro con el otro es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos. Y si todavía tuviéramos alguna duda, esta es su clara palabra: “En verdad os digo, que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40)»

«Cuanto hicisteis...», para bien o para mal. Esta advertencia es hoy de gran actualidad. Todos deberíamos tenerlo como punto fundamental de nuestro examen diario de conciencia”. 

“Pienso en Libia, en los campos de detención, en los abusos y en la violencia que sufren los migrantes, en los viajes de esperanza, en los rescates y en los rechazos. «Cuanto hicisteis…, a mí me lo hicisteis»”. 

Evocando una vez más el día de Lampedusa, el pontífice recordó el encuentro con los migrantes: “Había intérpretes. Y uno contaba cosas tremendas, en su lengua. Y el intérprete parecía traducir bien; sin embargo, aunque esta persona hablaba mucho, la traducción era breve. Y pensaba: ‘Pero se ve que esta lengua, usa giros más largos para expresarse’. Cuando volví a casa, por la tarde, en la recepción había una señora – que su alma descanse en paz, ya se fue –  que era hija de etíopes. Entendía la lengua, y había visto el encuentro en la televisión. Y ella me dijo esto: ‘Mire, lo que el traductor etíope le dijo no es ni la cuarta parte de las torturas y sufrimientos que ellos han vivido’. Me dieron una versión ‘destilada’. Esto sucede hoy con Libia: nos dan una versión ‘destilada’. La guerra, sí, es horrenda, lo sabemos, pero imaginen ustedes el infierno que se vive allí, en esos campos de detención. Y esta gente solo venía con la esperanza de cruzar el mar”. 

“Que la Virgen María, Solacium migrantium (Ayuda de los migrantes), nos haga descubrir el rostro de su Hijo en todos los hermanos y hermanas obligados a huir de su tierra por tantas injusticias que aún afligen a nuestro mundo”. (FP)

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