Jocelyne Khoueiry, una cristiana apasionada, y su camino desde Kataëb a las carmelitas de Harissa
de Fady Noun

La iglesia de Saint-Siméon en Ghosta, su pueblo natal, alojó la ceremonia fúnebre. Estuvieron presentes líderes políticos y religiosos de primera línea. Su lucha en los años de guerra y su fe viva en el Cristo Resucitado. El recuerdo del patriarca Raï, que exaltó el camino de fe de la mujer.


Beirut (AsiaNews) - Murió siendo una religiosa carmelita. Una noticia que ayer tomó por sorpresa a la pequeña y a la gran familia de Jocelyne Khoueiry, en su funeral, que fue celebrado en la iglesia de  Saint-Siméon en Ghosta, su pueblo natal. Su gran familia es el partido Kataëb, en cuyas filas militó y luego luchó como una verdadera leona, durante los primeros años de la guerra. Esto fue antes de su experiencia de conversión, que la condujo desde un cristianismo identitario a una fe viva en Cristo Resucitado. 

Al término de la ceremonia presidida por el vicario patriarcal de Jounieh, Mons. Antoine Nabil Andari, en la cual participaron el diputado Roger Azaz en representación del jefe de Estado, se pronunciaron algunos discursos y el primero fue de una religiosa carmelita. Se trata de Sor Agnès de la Croix, cuyas palabras suscitaron profunda sorpresa. La religiosa comenzó contando cómo fueron los últimos días de Jocelyne Khoueiry, el dolor que le provocaba la idea de partir, porque “su hora había llegado”, y de tener que dejar una obra inacabada (pero, a fin de cuentas, ¿qué obra queda inacabada en la vida de su fundador?)  Luego de exhalar por última vez, Jocelyne Khoueiry no quería que su cuerpo y su bello rostro enmarcado de cabellos blancos que casi parecían una aureola, permaneciesen dentro del hospital. Había pedido autorización al monasterio de las carmelitas descalzas de Harissa, para que fuese velada en su capilla, siguiendo la tradición de los maronitas. Justamente en el Carmelo donde Jocelyne tocó a la puerta allá por 1978 y 1979, con el propósito de abrazar la vida consagrada, antes de ser enrolada por Bachir Gemayel y de aceptar presidir la formación espiritual de sus milicias. Esto, tras cobrar fama por ser una audaz combatiente entre las filas del Kataëb.  

Jocelyne Khoueiry se volvió famosa en 1975, al participar en la célebre batalla de los hoteles. Primero combatió en el Holiday Inn;  luego, en 1976, junto a otras jóvenes defendió  una propiedad en la plaza de los Mártires, luchando contra los palestinos. Durante la tregua de los años 1977-79 pensó en deponer las armas. Lo cierto es que en 1980  Bachir Gemayel le había pedido entrenar a 500 muchachas en la lucha armada, las llamadas “combatientes” del partido.  

Como cuenta Sor Agnès de la Croix, la velaron sus parientes y las monjas en la capilla del convento. Su rostro resplandecía sin que las hermanas - separadas de los fieles, por una puerta cancel de madera y por una cortina - pudieran verla.  Sin embargo, a petición suya y después de que los fieles hubieran abandonado la capilla antes de la llegada de la funeraria, las Carmelitas de Harisssa pudieron contemplar su rostro en paz y luego, tomadas por la inspiración, pusieron el manto de las monjas de clausura sobre el cuerpo de Jocelyne y la consideraron oficialmente una de ellas.

Una testigo de esta vigilia de oración confiesa que se trató de una “consagración espiritual”. Colocaron una corona de flores en la cabeza de Jocelyne y fue embalsamada, incensada, con una ceremonia que responde, de un modo simbólico, a un deseo profundo que la había acompañado por más de 40 años. 


Oración fúnebre

Además, su público pudo escuchar de pie la lectura de una oración fúnebre del patriarca Besharar Raï, en la cual el purpurado insistió, no sobre el camino emprendido por Jocelyne Khoueiry como combatiente, sino en su camino de fe, que la condujo, con la misma pasión, a obtener un Doctorado en Teología en la Universidad del Espíritu Santo en Kaslik, hace cinco años. Dejando también de lado los años 1975-1979 - cuando formó parte de las “fuerzas regulares” del partido del Kataeb en la lucha -  y los años 1980-1985, cuando se unió a las Fuerzas Libanesas (FL) y realizó todos los esfuerzos a su alcance para “evangelizarlas”. A tal punto, que un ex miliciano convertido, Assaad Chaftari, la equiparó a una “pastoral militar”. El patriarca se refirió a la “conversión radical de su vida”, caracterizada por un apego inquebrantable a la Eucaristía y a la Virgen María.

El patriarca evocó brevemente las obras de Jocelyne Khoueiry, y en particular, la más importante, que es la fundación del grupo “La Libanesa, mujer del 31 de mayo” (el día de la fiesta mariana de la Visitación) y el centro para el diálogo cultural Juan Pablo II. En el eje de su acción apostólica están la atención a las familias de los combatientes asesinados, el cuidado de los huérfanos, de las personas carenciadas y de los discapacitados. Con el movimiento “Sí a la vida”, combate contra la banalización del aborto. Y también se interesa en el diálogo interreligioso y en el proceso de purificación de la memoria, capaz de desarticular la violencia en el corazón de los ex enemigos. El patriarca recuerda, además, que Juan Pablo II y Benedicto XVI la eligieron para participar en los Sínodos sobre el Líbano y sobre la Familia, y que Papa Juan Pablo II la nombró miembro del Pontificio Consejo para los Laicos. 

 

Nacida el Día de la Asunción 

Al tomar la palabra durante la ceremonia, Souraya Bechaalani, presidente del Consejo Ecuménico para el Oriente Medio (CEMO) y amiga de larga data, resumió quién era Jocelyne Khoueiry con tres palabras: una mujer, con toda la dignidad que reviste esta palabra; nacida un 15 de agosto, Fiesta de la Asunción, se entregó por completo a la Virgen, reina de la paz, y le dedicó su vida; y era libanesa, con todo el apego que uno puede sentir por su patria. 

Luego habló Fouad Abounader, un ex combatiente de las Fuerzas Libanesas y compañero de armas de Jocelyne que, como ella, había decidido desafiliarse de las Fuerzas libanesas en 1985, luego de la primera intifada que enfrentó a las milicias de Samir Geagea con los fieles seguidores de Élie Hobeika. Su discurso se centró en la admiración y la influencia que cosecharon, en Italia y en el Vaticano,  su actividad y las asociaciones cristianas por ella fundadas. 

Por último, tomó la palabras Amine Gemayel, ex presidente del Kataëb, que cerró la ceremonia de adiós. Como líder del partido, Gemayel dijo que Jocelyn Khoueiry fue fiel al lema “Dios, patria y familia” de Kataëb. Antes de ello, se refirió a un episodio de guerra en el que, estando en el frente de batalla de Chekka, que ella guiaba en primera persona, Jocelyne Khoueiry y su unidad vinieron a socorrerlos. Indignados, se habían negado a tomar una misión de guardia y patrulla interna, y exigieron estar en las posiciones más peligrosas del frente. 

Luego el partido Kataëb celebró con honores a Jocelyne Khoueiry, con un distintivo que fue entregado en manos de su hermano, Sami Khoueiry. Este último se desempeña como presidente regional (en Kesrouan) del partido fundado por Pierre Gemayel.  Todo un signo de los tiempos, el partido Kataëb ayer reivindicó entre sus filas a una ex miliciana que supo trascender las barreras partidistas.  

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