Papa: ‘exigir’ opciones políticas que promuevan progreso y equidad

Para una ecología integral, afirma Francisco, no alcanzan los compromisos genéricos ni se puede buscar solamente el consenso inmediato de los electores o los financiadores. Hay que mirar lejos, de lo contrario, la historia no perdonará”.

 


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Los desórdenes de la naturaleza “que provocan hambre y pobreza, afectan a los más vulnerables y a veces los obligan a abandonar su tierra”, demuestran que para el futuro del hombre y de la tierra “no alcanzan los compromisos genéricos ni se puede buscar solamente el consenso inmediato de los electores o financiadores. Hay que mirar lejos, de lo contrario, la historia no perdonará”. El Papa Francisco renovó hoy su advertencia de promover una “ecología integral” y “exigir” decisiones políticas que promuevan el progreso y la equidad, en la audiencia a los participantes del encuentro de las Comunidades Laudato si’, que se llevó a cabo en el Aula Pablo VI.

“El descuido de la creación y las injusticias sociales - dijo Francisco - se influyen mutuamente”. “Se puede decir que no hay ecología sin equidad ni equidad sin ecología”. “Hace falta la voluntad real de afrontar en su raíz las causas de los actuales trastornos climáticos. No alcanzan los compromisos genéricos - palabras y palabras… - y no se puede buscar solo el consenso inmediato de los electores o de los  financiadores. Hay que mirar lejos”. “Debemos trabajar hoy para el mañana de todos. Los jóvenes, los pobres, nos pedirán cuentas. Es nuestro desafío. Tomo una frase del teólogo mártir Dietrich Bonhoeffer:

nuestro desafío, hoy, no es ‘cómo salimos adelante’, cómo salimos de esta situación; nuestro verdadero desafío es ‘cómo puede ser la vida de la próxima generación’. ¡Tenemos que pensar en eso!”

Francisco señaló entonces “dos palabras clave de la ecología integral: contemplación y compasión. Contemplación. Hoy la naturaleza que nos rodea ya no se admira sino que se ‘devora’. Nos hemos vuelto voraces, dependientes de las ganancias y de los resultados inmediatos a cualquier precio. La mirada a la realidad es cada vez más rápida, distraída, superficial, mientras en poco tiempo se queman las noticias y los bosques. Enfermos de consumo, estamos ansiosos por la última ‘app’ pero ya nadie sabe el nombre de sus vecinos ni mucho menos sabemos distinguir un árbol de otro. Y, lo que es más grave, con este estilo de vida se pierden las raíces, se pierde la gratitud por lo que tenemos y por quienes nos lo dieron. Para no olvidar, hay que volver a contemplar; para no distraernos en mil cosas inútiles, hay que volver a encontrar el silencio; para que el corazón no se enferme, es necesario detenernos. No es fácil. Por ejemplo, tenemos que liberarnos de la cárcel del celular, para mirar a los ojos al tenemos al lado y a la creación que nos han regalado.

Contemplar es regalarse tiempo para hacer silencio, para rezar, para que el alma recupere la armonía, el equilibrio sano entre mente, corazón y manos; entre pensamiento, sentimiento y acción. La contemplación es el antídoto contra las decisiones apresuradas, superficiales y que no conducen a ninguna parte”. “El que contempla aprende a sentir la tierra que lo sostiene, comprende que no está en el mundo solo y sin sentido. Descubre la ternura de la mirada de Dios y comprende que él mismo es valioso. Cada uno es importante a los ojos de Dios, cada uno puede transformar un poco el mundo contaminado por la voracidad humana en la realidad buena deseada por el Creador. Porque el que sabe contemplar no se queda de brazos cruzados sino que participa activamente”.

En cuanto a la compasión, es “el fruto de la contemplación”. Compasión, en las palabras del Papa, es “hacer propia la mirada de Dios” que “nos mira siempre como hijos muy amados”, no “como individuos, sino como hijos”, “hermanos y hermanas de una única familia, que vive en la misma casa”.

La compasión, entonces, es “la mejor vacuna contra la epidemia de la indiferencia”. “No es un sentimiento bonito, no es pietismo. Es construir una relación nueva con el otro. Es hacerse cargo de él”. “El mundo necesita esta caridad creativa y constructiva, de gente que no está delante de una pantalla para hacer comentarios, sino que se ensucia las manos para eliminar la degradación y restituir la dignidad. Tener compasión es una elección: es elegir no tener ningún enemigo para ver a mi prójimo en cada persona. Eso no quiere decir volverse blando y dejar de luchar. Todo lo contrario. El que tiene compasión entra en una dura batalla cotidiana contra el descarte y el desperdicio. El descarte de los otros y el desperdicio de las cosas. Duele pensar cuánta gente se descarta sin compasión: ancianos, niños, trabajadores, personas con discapacidad… Pero también es escandaloso el desperdicio de las cosas. La FAO ha documentado que en los países industrializados ¡se desechan más de mil millones de toneladas de alimentos por año! Ayudémonos, juntos, a luchar contra el descarte y el desperdicio, exijamos decisiones políticas que combinen progreso y equidad, desarrollo y sostenibilidad para todos, para que nadie se vea privado de la tierra donde vive, del aire sano que respira, del agua que tiene derecho a beber y de la comida que tiene derecho a comer”.

 

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