Papa: el hombre quiere ocupar el lugar de Dios, en vez de custodiar la creación, se convierte en depredador

“Pienso de manera especial en los pueblos indígenas, con los cuales todos tenemos una deuda de gratitud, y también de penitencia, por todo el mal que les hemos hecho”. Los glaciares de la Antártida, que se están derritiendo: “Será terrible, porque crecerá el nivel del mar y eso traerá muchas dificultades y muchos daños. ¿Y por qué? Por el calentamiento, por no cuidar el medio ambiente, por no cuidar la casa común”.

 


Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Saber contemplar las maravillas de la creación, para que se desarrolle una responsabilidad individual y comunitaria de protección y salvaguardia de la creación, superando “una interpretación distorsionada de los textos bíblicos sobre la creación”, según la cual “creemos ser el centro y pretendemos ocupar el lugar de Dios. Y de esa manera arruinamos la armonía de sus planes. Nos convertimos en depredadores, olvidando nuestra vocación de custodios de la tierra”.

“Cuidado de la casa común y actitud contemplativa” fue el argumento que hoy desarrolló el Papa Francisco en la audiencia general, continuando el ciclo de catequesis sobre el tema “Curar el mundo”. Una vez más, la audiencia se llevó a cabo en el Patio de San Dámaso con la presencia de 500 personas aproximadamente, entre las cuales el Papa circuló largo rato saludando, intercambiando bromas, bendiciendo rosarios y otros objetos que los fieles le tendían y firmando autógrafos. Después puso graciosamente en la cabeza de un hombre el solideo blanco que este le había ofrecido.

“Para salir de una pandemia - dijo el Papa - es necesario cuidarse y cuidarnos unos a otros. Y hay que apoyar a los que se ocupan de los más débiles, los enfermos y los ancianos”. “Este cuidado debemos dirigirlo también a nuestra casa común: a la tierra y a cada una de sus criaturas. Todas las formas de vida están interconectadas (cf. ibid., 137-138), y nuestra salud depende de la salud de los ecosistemas que Dios creó y que nos ha encomendado cuidar (cf. Gen 2, 15). Por el contrario, abusar de ella es un pecado grave que daña y enferma (cf. LS, 8; 66). El mejor antídoto para este abuso de nuestra casa común es la contemplación (cf. ibid., 85; 214) ”.

“Nuestra casa común, la creación - reiteró - no es un mero 'recurso'. Las criaturas tienen un valor en sí mismas y "reflejan, cada una a su manera, un rayo de la infinita sabiduría y bondad de Dios" (Catecismo de la Iglesia Católica, 339). Este valor y este rayo de luz divina hay que descubrirlo y, para descubrirlo, hay que hacer silencio, escuchar y contemplar. La contemplación también cura el alma. Sin contemplación, es fácil caer en un antropocentrismo desequilibrado y soberbio, que sobredimensiona nuestro papel de seres humanos y nos posiciona como gobernantes absolutos de todas las criaturas ”. “Y hay una cosa que no debemos olvidar: aquellos que no saben contemplar la naturaleza y la creación, tampoco saben contemplar a las personas en toda su riqueza. Y el que vive para explotar la naturaleza, termina explotando a las personas y tratándolas como esclavos. Es una ley universal: si no sabes contemplar la naturaleza, te será muy difícil poder contemplar la gente, la belleza de las personas, del hermano, de la hermana ”.

“Por eso, es importante recuperar la dimensión contemplativa. Cuando contemplamos, descubrimos en los demás y en la naturaleza algo mucho más grande que su utilidad. Aquí está el meollo del problema. Contemplar la belleza no significa explotarla. Descubrimos el valor intrínseco de las cosas que les ha dado Dios. Como no han enseñado tantos maestros espirituales, el cielo, la tierra y el mar, cada criatura, posee esta capacidad icónica o mística de devolvernos al Creador y a la comunión con la creación ”.

"El que sabe contemplar pondrá más fácilmente manos a la obra para cambiar lo que causa degradación y daño a la salud. Se comprometerá a educar y promover nuevos hábitos de producción y consumo, para contribuir a un nuevo modelo de crecimiento económico que garantice el respeto de la casa común y el respeto por las personas”. “Muchas veces nuestra relación con la creación parece ser una relación de enemigos”, “destruir la creación para mi beneficio, explotar la creación para mi beneficio. No olvidemos que eso se paga caro. Como afirma un dicho español: Dios perdona siempre, nosotros perdonamos a veces, la naturaleza nunca perdona”. “Hoy - agregó - estaba leyendo en el periódico sobre esos dos grandes glaciares en el Mar de Amundsen de la Antártida, que están a punto de caer”. “Será terrible, porque el nivel del mar subirá y esto traerá muchas dificultades y muchos daños. ¿Y por qué? Por el calentamiento, por no cuidar el medio ambiente, por no cuidar la casa común”. "En cambio, cuando tengamos esta relación fraterna con la creación, nos convertiremos en custodios de la casa común, custodios de la vida y la esperanza".

“Pienso de manera especial en los pueblos indígenas, con los que todos tenemos una deuda de gratitud, y también de penitencia, por todo el mal que les hemos hecho. Y también pienso en aquellos movimientos, asociaciones y grupos populares que se esfuerzan por proteger su territorio con sus valores naturales y culturales. Estas realidades sociales no siempre son apreciadas, a veces incluso se ven obstaculizadas, porque no producen dinero. Pero en realidad contribuyen a una revolución pacífica, la "revolución del cuidado". Contemplar para custodiar el futuro”. “Sin embargo, no debemos delegar en algunos lo es una tarea de todo ser humano. Cada uno de nosotros puede y debe convertirse en un 'custodio de la casa común', capaz de alabar a Dios por sus criaturas, de contemplarlas y protegerlas”.

Por último, al saludar a los italianos, Francisco invitó a rezar por el padre Roberto Malgesini, sacerdote de la diócesis de Como “que fue asesinado ayer por la mañana por una persona necesitada a la que él mismo ayudaba. Una persona enferma de la cabeza”. “Me uno al dolor y las oraciones de sus familiares y de la comunidad de Como - continuó Francisco - y como dijo su obispo, alabo a Dios por el testimonio, es decir, por el martirio de este testigo de la caridad hacia los más pobres”. "Oremos en silencio - concluyó - por el padre Roberto Malgesini y por todos los sacerdotes, religiosas y laicos que trabajan con las personas necesitadas y descartadas de la sociedad".

 

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