El ‘trabajo voluntario’, un pretexto para la explotación en los campos de algodón uzbekos

La práctica cambia de forma pero sigue siendo tan difusa como sistemática y en ella incluso están implicadas varias personalidades cercanas al gobierno. El salario es de 0,10 dólares por kilo cosechado. La paga no alcanza siquiera para costear la comida, y los trabajadores se endeudan. Los empleados de los ministerios y bancos también son obligados a trabajar en los campos, con la amenaza de ser despedidos. 

 


Táskent (AsiaNews) - A pesar de las proclamas del gobierno del pasado reciente, en las que se anunciaba el fin de la explotación - infantil inclusive -, los campos de algodón de Uzbekistán muestran lo contrario. Especialmente durante la estación de la cosecha otoñal, la práctica sigue siendo tan difusa como sistemática. Según informa Radio Free Europe (RFE/Rl), cientos de activistas en todo el país revelan casos de abuso y violaciones perpetradas bajo el pretexto de “trabajo voluntario”. 

La “Cotton Campaign”, lanzada en todo el mundo en el 2010, había contenido de alguna manera el fenómeno del esclavismo en los campos. Las autoridades locales y los terratenientes acaudalados de aquél entonces mudaron la practica de la explotación,  alimentándola con una inexistente base “voluntaria”, haciendo firmar por la fuerza un documento en el que se declara que se realiza la cosecha de algodón a 0,10 dólares por kilo. 

Las personas más veloces para cosechar ganan, como mucho, un dólar por día, en una nación en la que el salario mínimo debiera rondar los 300 dólares. Las míseras pagas son administradas por funcionarios de Táskent, disfrazadas de “oportunidades laborales” para núcleos familiares con personas desocupadas o necesitadas. 

El vice ministro de Trabajo uzbeko, Bahodir Umrzakov, afirmó días atrás que la cosecha de este año fue confiada principalmente a familias pobres, madres solteras y desocupados clasificados como “individuos necesitados”. En realidad, el salario que logra reunir en seis días el cosechador más veloz, no basta siquiera para comprar un kilo de carne. Aquellos que no son tan veloces llegan incluso a endeudarse en estos dos meses de trabajo, porque el costo de la comida muchas veces supera la mísera remuneración que reciben.

También se acusa a los propietarios de las fincas agrícolas privadas, que se benefician del trabajo forzado y mantienen lazos con las altas esferas del gobierno, e incluso con parientes y allegados del presidente Shavkat Mirziyoev. Además, con la intensificación de la campaña para las cosechas, los empleados de los bancos estatales y los empleados públicos de los ministerios también fueron asignados a la tarea, “bajo presiones y coerción”. 

“Fui obligado a trabajar en los campos de algodón, contra mi voluntad”, afirma un trabajador, y aclara que si no lo hacía, “hubieran enviado a alguien en mi lugar, entregándole mi paga mensual de 300 dólares. No podía permitir todo esto”. Un empleado de una filial del Banco Popular, en el distrito de Ak-Altyn, de la región de Syrdarya, reveló que se arriesgaba a perder su trabajo si se negaba a cosechar el algodón o quería pagar a otra persona para reemplazarlo en los campos.

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