Seminarista iraquĆ­: volverse sacerdote luego del drama del ISIS (II)

Wameedh Khalid Francis tiene 21 años y es uno de los 15 estudiantes del Seminario caldeo de San Pedro, en Ankawa. Los primeros signos de la vocación, cuando asistía a la iglesia, en su infancia. El ejemplo del sacerdote de Tesqopa, durante las primeras fases del ascenso del ISIS. El servicio, corazón de la misión. Segunda parte del reportaje sobre las vocaciones en Irak. 

 


Erbil (AsiaNews) - En el contexto actual y en el mundo, la vocación sacerdotal o monástica es “la cumbre del amor y del servicio”; “es lo que experimenté en mi aldea, Tesqopa” después del verano del 2014, cuando el Estado Islámico (EI, ex ISIS) “atacó y destruyó todo”. En diálogo con AsiaNews, son las palabras de Wameedh Khalid Francis, uno de los 15 estudiantes del Seminario caldeo de san Pedro, en Ankawa, un vecindario cristiano de Erbil, en el Kurdostán iraquí. “En un contexto crítico [por el avance yihadista]  - recuerda - el sacerdote se entregó tanto como el ingeniero o como el último de los trabajadores; las personas acuden a él en todo. En este contexto, comprendí el sentido de la misión” y es por eso que “me dirijo a los jóvenes, y los exhorto al servicio amoroso, que tanto necesita hoy el mundo”.  

Wameedh Khalid Francis tiene 21 años y es oriundo de Tesqopa, una aldea cristiana situada en la Llanura de Nínive, en el norte de Irak, donde él completó sus estudios de la escuela secundaria. Su familia es numerosa: además de sus padres, tiene un hermano y cuatro hermanas. En este nucleo familiar ellos crecieron en armonía, a pesar de las dificultades y del creciente avance del movimiento yihadista en Irak y Siria.  

En los últimos días, el patriarca caldeo, el card. Louis Raphael Sako, hizo un llamamiento y destacó que el país y su Iglesia necesitan “nuevas vocaciones, masculinas y femeninas”. Ante todo, se dirigió a las familias, para que alienten y sostengan a sus hijos en esta decisión, cultivando la fe “a través de la oración y la comtemplación”.  

“La primera vez que sentí el deseo de la vocación sacerdotal fue a los 12 años”, recuerda el seminarista. “En aquella época iba a la Iglesia todos los dias, para ayudar en la misa, como monaguillo. Un día le pedí al cura que me llevara al monasterio, y me acompañara en una visita. Pero yo todavía era muy joven… él mismo me aconsejó que primero terminase la escuela secundaria y que volviera después, en caso de que todavía tuviera el deseo de ser sacerdote”. 

Hoy en día, la situación en Irak sigue siendo crítica a causa de la violencia confesional y la corrupción difusa. La comunidad cristiana debe luchar para mantener viva su cultura, su presencia y sus tradiciones, frente al éxodo masivo de los últimos años. En este contexto - prosigue el joven -, el corazón de la misión es justamente el servicio a nuestro pueblo, con el amor y la dedicación que Cristo mismo nos enseñó. Es más, se nos llama a dar a conocer a Jesús a todos los que todavía no lo conocen: con el anuncio y el testimonio, mediante nuestros acciones”, pero teniendo en cuenta también el contexto, que es mayoritariamente musulmán, y que se caracteriza por el enfrentamiento y las tensiones entre sunitas y chiíes.  

Wameedh Khalid Francis considera que la mejor manera de responder a la tarea principal de anuncio “es vivir el Evangelio, de manera total y radical” y mostrarlo a las personas. “El mundo actual, más que palabras, lo que se necesita son más gestos, más semillas plantadas en el terreno, porque muchas veces el riesgo es que las palabras queden vacías o no sean escuchadas. Un testimonio, a través de las obras y gestos, como el del sacerdote de Tesqopa frente a las enormes necesidades de la población careciada y desesperada frente a la tragedia yihadista.  

El quisiera describir a sus pares, hombres o mujeres, la belleza del servicio sacerdotal o de la vida consagrada, “Volverse sacerdote, monje o religiosa - cuenta el seminarista - significa vivir la misión cristiana en su plenitud. Conlleva el servicio total, si bien para un cura o una personas consagrada este gesto tiene un valor y una plenitud mayores” en comparación con cualquier otra profesión o estilo de vida. 

Entre los ejemplos que más “han influenciado” su formación espiritual y vocacional, recuerda Wameedh Khalid Francis, hay muchos santos, pero hay un en particular; san Charbel”, el monje maronita libanés del siglo XIX, canonizado en 1977 por el papa Pablo VI. Se le atribuyen varias sanaciones milagrosas y es una de las figuras más conocidas y revenerenciadas de la Iglesia en Oriente. Por último, el seminarista caldeo dirige su pensamiento a la comunidad católica internacional, y especialmente a la de Occidente. Entre ellas, algunas han acogido a cientos de miles de cristianos que huyeron de Irak a lo largo de este año. “A ustedes, cristianos y pueblos de Occidente, les pido no olvidarse de Occidente, no olvidarse de nosotros, y rezar siempre por nosotros. Para que la paz pueda reinar en todo el Oriente y para que los cristianos finalmente pueda vivir en paz en nuestra tierra”. 

(Fin  de la Segunda Parte)

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