Los tibetanos, encerrados en campos de reeducaciĆ³n, como los uigures (III)
de Adrian Zenz

En el Tíbet, más de 500.000 trabajadores rurales “excedentarios” son adoctrinados en estructuras similares a los centros de internamiento de Xinjiang. Allí “forman” a los campesinos y pastores budistas, para luego transferirlos a aquellos lugares donde se requiere mano de obra. La lucha contra la pobreza, usada para extender el control social. Relanzan la colectivización maoísta. 

 


Beijing (AsiaNews) – La seguridad y la lucha contra la pobreza se entrelazan hasta identificarse en el Tíbet, donde el régimen chino está “reeducando” a cientos de miles de trabajadores agrícolas, para luego transferirlos a otros lugares de la región o incluso a otras provincias. Se repite el esquema adoptado en Xinjiang para el adoctrinamiento de los musulmanes uigures. Las familias tibetanas budistas son obligadas a presentar reportes de unas sobre otras. El retorno al maoísmo: el Partido Comunista chino obliga a los nómades y agricultores a ceder sus tierras y prados a las cooperativas del Estado. El riesgo de que desaparezca el patrimonio lingüístico, cultural y espiritual de los tibetanos. Presentamos la tercera y última parte (v.primera y segunda) del análisis de Adrian Zenz, investigador de la Victims of Communism Memorial Foundation. Publicado por gentileza de la Jamestown Foundation (traducción al español de AsiaNews).

 

La gestión de la red

En el Tíbet, los elementos coercitivos juegan un importante rol durante el proceso de reclutamiento de mano de obra.  Los equipos de trabajo en las aldeas, un mecanismo de control social intrusivo cuyo pionero fue Chen Quanguo, van de puerta en puerta para "ayudar a transformar el pensamiento y las perspectivas de los hogares pobres". Las descripciones de estos procesos, y los amplios recursos gubernamentales invertidos para asegurar su funcionamiento, se superponen en gran medida con los que se practican habitualmente en Xinjiang (The China Quarterly, 12 de julio de 2019). 

Al igual que en Xinjiang, el trabajo de mitigación de la pobreza que se lleva a cabo en el Tíbet está estrechamente enlazado con mecanismos de control social y con aspectos clave del aparato de seguridad. Citando un documento del gobierno, "Al combinar la gestión de la red y el modelo de gestión de 'doble control' en los hogares, [debemos] organizar, educar y guiar a la gente para que participe y apoye el trabajo para mitigar la pobreza...".

La gestión de la red es un mecanismo de control social altamente intrusivo, a través del cual los vecindarios y comunidades se subdividen en unidades más pequeñas de vigilancia y control. Además del personal administrativo y de seguridad dedicado a esta tarea, este sistema convierte a un número considerable de habitantes locales en "voluntarios", incrementando el poder de vigilancia del Estado.

La gestión de la red se convirtió más tarde en la columna vertebral del control social y la vigilancia en Xinjiang. Para mitigar la pobreza, hay bases de datos detalladas que enumeran a cada individuo "en situación de pobreza", junto con indicadores y contramedidas, y puede incluir una función de "visualización de la lucha por afrontar” mediante la cual se visualizan los progresos en la "guerra contra la pobreza" a través de mapas y gráficos (Gobierno de la Región Autónoma del Tíbet, 10 de noviembre de 2016). El condado de Purang, en Ngari, gastó 1,58 millones de yuanes (233.588 dólares) en una "Plataforma de gestión de grandes datos para la mitigación inteligente de la pobreza". Con ella, es posible visualizar en una gran pantalla - y en tiempo real -  los avances para paliar la pobreza (Gobierno de la Región Autónoma del Tíbet, 20 de febrero de 2019).

De manera similar, el sistema de “doble control” en los hogares, acorrala a los ciudadanos comunes en el amplio aparato de vigilancia del Estado: en grupos de 10 familias, unas informan [a las autoridades] sobre las otras. Entre 2012 y 2016, la RAT estableció 81.140 núcleos familiares de este tipo, abarcando a más de tres millones de habitantes, es decir, a casi la totalidad de la población de la región (South China Morning Post, 12 de diciembre de 2016). En un artículo de agosto del 2020 sobre el alivio de la pobreza en Ngari, se dice que un jefe de familia condujo a "toda su aldea" a entregar sus pastizales y rebaños a una cooperativa agrícola local (Gobierno de Hunan, 20 de agosto).


La función de las cooperativas del gobierno

Un aspecto especialmente preocupante del Plan de Acción de Capacitación y Transferencia de Mano de Obra es la directiva para promover un plan por el que se pide a los nómadas y agricultores locales que entreguen sus tierras y rebaños a grandes cooperativas estatales.  

Este plan, que se remonta a la era de la colectivización forzosa de los años ‘50, apunta a incrementar los ingresos disponibles de los nómadas y agricultores a través de su ingreso al mercado [laboral]" (People.cn, 27 de julio de 2020). En Nagqu, esto se conoce como el plan "una comuna, una cooperativa; una aldea, una cooperativa", lo que indica su cobertura universal. 

Es evidente que una transformación tan radical de los medios de vida tradicionales no se logra sin superar la resistencia local. Un informe del gobierno del condado de Shuanghu (Nagqu) de julio de 2020 señala que:  “Al principio, la mayoría de los pastores no estaba entusiasmada con participar. Luego, el gobierno del condado organizó cuadros a nivel de condado, para penetrar profundamente en los hogares de los pueblos y aldeas, convocando reuniones de aldea para movilizar a la gente; actualmente, la tasa de participación de los pastores pobres registrados es del 100 por ciento, la de los demás granjeros es del 97 por ciento.

Dado que este esquema rompe un lazo de larga data entre los tibetanos y sus bases de sustento tradicionales, su inclusión explícita en el contexto de una formación profesional militarizada y de una política de transferencia de mano de obra resulta sumamente preocupante. 


El caso de Chamdo

La Escuela de Formación Profesional de Chamdo administra una sede situada en el distrito de Karuo. El centro gestiona la "formación militarizada" de los trabajadores rurales excedentarios con el objetivo de lograr el traslado de la mano de obra; las fotos del complejo muestran un centro rudimentario con aprendices tibetanos rurales de diversas edades, en su mayoría vestidos con trajes militares.

Las imágenes satelitales muestran que la instalación inicial del 2016 fue ampliada en el 2018 hasta llegar a su estado actual. El complejo está totalmente cerrado, rodeado por un muro perimetral de altura considerable y una valla. En su interior, un vallado de malla metálica separa los tres edificios principales del norte, de los tres principales del sur. La valla interna podría utilizarse para separar los dormitorios de los edificios de enseñanza y administrativos. Expertos (independientes) en análisis de satélites, que fueron contactados por el autor, estimaron que la altura de la valla interna es de aproximadamente 3 metros. La escuela de formación profesional cercana no cuenta con tales medidas de seguridad.

 

Conclusiones

Tanto en Xinjiang como en el Tíbet, el Estado dicta un plan de reducción de la pobreza “desde arriba hacia abajo” que extiende el control social del gobierno a las unidades familiares. El método preferido del Estado para aumentar los ingresos disponibles de los trabajadores rurales excedentes en estas regiones habitadas por minorías “que resisten” consiste en la formación profesional y la transferencia de mano de obra. Ambas regiones ya han puesto en marcha un plan integral que se basa en gran medida en mecanismos administrativos centralizados; el cumplimiento de cupos;  la asignación de puestos de trabajo antes del período de formación; un proceso de formación militarizada que implica la transformación del pensamiento, la educación patriótica, la incorporación de las leyes, y la enseñanza del idioma chino.

Sigue habiendo importantes diferencias entre los enfoques que Beijing ha adoptado en Xinjiang y en el Tíbet. En la actualidad, no hay pruebas de que el plan de la RAT esté vinculado al internamiento extrajudicial, y los aspectos de sus mecanismos de transferencia de mano de obra son potencialmente menos coercitivos. Sin embargo, en un sistema en el que la titularización y el alivio de la pobreza marchan a la par sin interrupciones, no hay forma de saber dónde acaba la coerción y dónde comienza la voluntad genuina de participar.

Si bien algunos tibetanos pueden participar voluntariamente en algunos o en todos los aspectos del programa, y aunque sus ingresos pueden efectivamente aumentar como consecuencia de ello, la presencia sistémica de indicadores claros de coacción y adoctrinamiento, junto con un cambio profundo y potencialmente permanente en los modos de vida, resulta harto problemática. En el contexto de la política de Beijing, que se traduce en una creciente asimilación de las minorías étnicas, es probable que estas medidas promuevan una pérdida del patrimonio lingüístico, cultural y espiritual, en el largo plazo.

(Fin de la tercera parte)

CINA_-_0928_-_Tibetani_come_uiguri_III.jpg