El card. Rai, entre Aoun y Hariri: el diálogo ‘es un deber, no una opción’
de Fady Noun

El Patriarca maronita refuerza su labor de mediación entre el presidente y el primer ministro en funciones. El ejemplo de Irak y el diálogo entre el card. Sako y el líder chiíta al-Sadr. Las funciones públicas y los cargos políticos deben estar por encima de los desacuerdos personales. Sin embargo, pareciera que la animosidad se ha apoderado de todo.

 


Beirut (AsiaNews) - Continúa en estas horas la mediación del responsable de la Iglesia maronita, el card. Beshara Raï, a fin de llegar a un compromiso honorable entre el jefe de Estado, Michel Aoun, y el premier en funciones Saad Hariri, para la formación de un nuevo gobierno. Sin embargo, su intento se topa con una terquedad que no resulta para nada nueva en la vida política del Líbano. Para entender mejor esta obstinación existencial que impide hallar un punto de encuentro entre dos hombres, puede servir como ejemplo un comentario verbal del ex diputado maronita Farès Souhaïd.  

El 3 de enero pasado, una delegación enviada por Moqtada al-Sadr se reunió con el patriarca de Babilonia de los Caldeos, el card. Louis Raphaël Sako. En la visita, le anunciaron que se restituirán los inmuebles sustraídos indebidamente a los cristianos luego de la invasión de los EE.UU (en 2003) y del éxodo masivo de los cristianos de Bagdad, Kirkuk y otras ciudades iraquíes. A esto se suma la formación de un comité para restablecer la justicia y poner fin a las violaciones de los derechos y de las propiedades de los cristianos, aún cuando estas mismas violaciones hayan sido perpetradas por el movimiento sadrista. 

A esta buena noticia le siguió el voto unánime del Parlamento iraquí, a favor de un proyecto de ley que instituye la Navidad como día festivo para todos los iraquíes. Una decisión que fue confirmada el 27 de diciembre pasado, a pocos días del 25 de diciembre, fecha en que se celebra el nacimiento de Jesús. En ambos casos, el patriarca caldeo expresó su agradecimiento. 

Sin embargo, la reciente decisión de restituir las propiedades confiscadas devino un pretexto para difundir en el Líbano un tuit del ex diputado libanés Fares Souhaïd. Como buen maronita, el ex parlamentario primero conectó esta decisión con la reciente afirmación del secretario general de Hezbollah, Hassan Nasrallah, quien dijo a los libaneses que sus misiles están allí para “protegerlos”; y luego agregó: “En el Líbano no queremos los favores de los iraquíes ni su protección. Nosotros somos cristianos y ciudadanos”.  

Estas palabras son típicas de una sociedad política que se auto-define como cristiana, pero que siempre se ha negado a aceptar cualquier otra cosa que no sea su propio derecho. El ex parlamentario libanés considera que los cristianos de Irak no tienen nada que agradecer a Moqtada al-Sadr, a diferencia del patriarca Sako, que insistió en hacerlo. 

¿Cuál de estos dos comportamientos debiera considerarse adecuado? ¿Cuál de los dos es más cristiano? Para responder a esta pregunta viene bien recordar que la decisión del líder chiíta marca una etapa de un proceso judicial que exige una restitución, al final del mismo. 

Sin embargo, uno no puede dejar de notar cuán similar es este proceso al necesario proceso de reparación que acompaña, para un cristiano, cualquier solicitud de perdón. Pero al rechazar que esta reparación provenga de una fuente distinta del Estado, lo que en términos absolutos puede ser comprensible, olvidamos que debemos a nuestro compatriota la existencia misma de este Estado del que pretendemos ser parte integrante. Sin la adhesión a este proyecto, sin la voluntad de la vida en común, el Estado no existiría, como han demostrado claramente muchos politólogos y filósofos, entre ellos Paul Ricoeur, que sitúa la voluntad de vivir en común en el origen del poder político, incluso a riesgo de que se convierta en dominación.

En el plano político, el "pecado original" de los cristianos del Líbano es precisamente ese: haber ejercido la política no como poder, sino como dominación, desde la creación del Gran Líbano (1920) y en los raros intervalos sucesivos. Esto es así, al punto de afirmar, con total tranquilidad, que los libaneses, y ante todo las comunidades musulmanas, todavía no han visto la luz del Evangelio iluminando la vida de la nación. Entonces, ¿realmente se necesitaron 150.000 muertes para que la cláusula del Documento Constitucional de 1976, que preveía la paridad islámico-cristiana en el Parlamento, se hiciera realidad (en Taëf, en 1989)? ¿Y cómo vamos a discernir el amor de Cristo en la atroz guerra que los cristianos libraron contra las fuerzas opuestas, los palestinos y los musulmanes progresistas - ciertamente, al principio en nombre de la autodefensa personal - y en aquella, no menos despiadada, que posteriormente libraron por la supremacía militar interna?

Por supuesto, aquí no se trata de acusar a los cristianos exonerando a los demás grupos de su violencia y responsabilidad, sino de poner de relieve un proceso cuyo curso aún no se ha invertido, o al menos no a nivel político. Y hay que  destacar que el juicio de Dios, que el  Evangelio según Lucas resalta, "a quien mucho se le dio, mucho se le exigirá" (Lc 12:48) sigue siendo válido hoy en día como criterio de responsabilidad moral en este mundo.

Es este principio el que rige el enfoque actual del Patriarca Maronita, Béchara Raï, que trata de llevar al Presidente de la República y al Primer Ministro en funciones a situar sus relaciones personales no en el nivel de las relaciones políticas de dominación, sino en el de una verdadera profundidad humana, moral y civil. Él desea recordar que las funciones políticas y los cargos que desempeñan deben estar al servicio del bien común y de la vida en común. Y es bien sabido que todo aquello que mina esta convivencia, también termina debilitando al mismo Estado del cual es fuente. “Hablarse no es una opción, sino un deber, en vista de las cuestiones políticas ligadas a ello, en este caso, la formación de un gobierno”: esta frase de alguna manera sintetiza lo esencial del pensamiento del patriarca. Pero lo preocupante es que las animosidades políticas que se expresan en este momento puedan haber comprometido este plazo de una manera que ahora es irremediable.

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