16/05/2019, 15.58
VATICANO
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​Papa: la educación, instrumento para promover ‘a los últimos y a los descartados’

Al recibir a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Francisco ha recordado los ideales que movieron a San Juan Bautista La Salle. “Su visión de la escuela lo llevó a madurar cada vez más su convicción de que la educación es un derecho de todos, y también, de los pobres”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – La educación, “inspirada cristianamente”, para ofrecer sabiduría y promover a “los últimos y los descartados”. Este ha sido el objetivo que movió a San Juan Bautista de La Salle, el fundador de los Hermanos de las Escuelas cristianas, que el Papa Francisco volvió a proponer hoy, a los 300 colaboradores laicos y alumnos lasalianos, al recibirlos en el tricentenario de la muerte de su fundador.

Al dirigirse a los 3500 religiosos, 90.000 educadores laicos y al millón de estudiantes presentes, provenientes de 83 países, Francisco comenzó afirmando que el ejemplo y el testimonio del fundador “confirman la original actualidad de su mensaje para la comunidad cristiana de hoy, iluminando el camino a seguir. Él fue un brillante y creativo innovador en la visión de la escuela, en la concepción del profesor, en los métodos de enseñanza. Su visión de la escuela lo llevó a madurar cada vez más su convicción de que la educación es un derecho de todos, y también de los pobres. Por eso no dudó en renunciar al canonicato y a su rica herencia familiar, para dedicarse enteramente a la educación de la clase social más baja. Dio vida a una comunidad de laicos para llevar adelante su ideal, convencido de que la Iglesia no puede permanecer ajena a las contradicciones sociales de los tiempos con los que está llamada a confrontarse. Fue esta convicción que lo llevó a establecer una experiencia original de vida consagrada: la presencia de educadores religiosos que, sin ser sacerdotes, interpretaran de manera nueva el papel de ‘monjes laicos’, sumergiéndose totalmente en la realidad de su tiempo y contribuyendo así al progreso de la sociedad civil”.

“El contacto diario con el mundo de la escuela hizo que madurara en él la conciencia de determinar una nueva concepción del profesor. Convencido de que “la enseñanza no puede ser sólo un trabajo, sino que es una misión”, “se rodeó de gente adecuada a la escuela popular, inspirada en el cristianismo, con aptitud y dones naturales para la educación. Dedicó todas sus energías a su formación, convirtiéndose en un ejemplo y un modelo para ellos, que tenían que ejercer al mismo tiempo un servicio eclesial y social, y trabajando con ahínco para promover lo que él definía como la “dignidad del maestro”.

Atento a las vicisitudes de su tiempo,  “Juan Bautista de La Salle emprendió reformas audaces de los métodos de enseñanza”, sustituyendo el latín por el francés, que normalmente se utilizaba en la enseñanza; “dividió a los alumnos en grupos de aprendizaje homogéneos con miras a un trabajo más eficaz; estableció seminarios para profesores del campo, es decir, para jóvenes que querían ser profesores sin formar parte de ninguna institución religiosa; fundó escuelas dominicales para adultos y dos pensionados, una para delincuentes juveniles y otra para la recuperación de los prisioneros”. Soñaba con una escuela abierta a todos, por lo que no dudó en abordar incluso las necesidades educativas más extremas, introduciendo un método de rehabilitación a través de la escuela y el trabajo. En estas realidades de formación, él dio inicio a una pedagogía correctiva que, en contraste con las costumbres de aquellos tiempos, procuraba que los jóvenes que descontaban penas pudieras dedicarse al estudio y al trabajo, con actividades como el artesanado, en vez de ceñirse a la sola celda y a los castigos físicos”.

“Queridos hijos espirituales de Juan Bautista de La Salle, yo los exhorto a profundizar e imitar su pasión por los últimos y descartados. En el surco de su testimonio apostólico, sean protagonistas de una ‘cultura de la Resurrección’, especialmente en aquellos contextos existenciales en los que prevalece la cultura de la muerte. No se cansen de ir en busca de aquellos que se encuentran en las modernas ‘tumbas’ del desconcierto, de la degradación, la dificultad y la pobreza, para ofrecer esperanza para una nueva vida. El impulso de la misión educativa que hizo de vuestro Fundador un maestro y un testigo para tantos de sus contemporáneos, y su enseñanza, puede todavía hoy alimentar vuestros proyectos y vuestra acción”.

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