17/05/2018, 14.36
VATICANO
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Ética en la economía, para evitar la implosión y el fracaso

de Bernardo Cervellera

En el documento “Oeconomicae et pecuniariae quaestiones”, difundido hoy, se pide trabajar para conjugar “el conocimiento técnico y la sabiduría humana”, los intereses y la caridad, el intercambio y el don. Todas las crisis de los últimos diez años. La carencia de una ética convierte a los institutos financieros, bancos y compañías en “asociaciones para delinquir”. No se trata de un viraje populista, sino de la Doctrina Social de la Iglesia. El compromiso de la sociedad civil. La dignidad de la persona, base común a todas las culturas.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Es urgente recuperar la ética y la política en la economía, si no se quiere asistir a una creciente pobreza, desigualdad entre las personas y entre las naciones, que arriesgan hacer que fracase e implosione el sistema social (n. 5). Es el juicio contenido en el documento vaticano que fue difundido hoy, “Oeconomicae et pecuniariae quaestiones. Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero”. Lo que se pretende es aunar “el conocimiento técnico y la sabiduría humana”, los intereses y la caridad, el intercambio y el don.  

La justificación de estas síntesis está en toda la historia económica y en las crisis del último decenio del mundo. Aún sin mencionarlas, el texto se refiere a las crisis de las subprime, que, partiendo del fracaso de Lehman Brothers se propagó por todo el planeta; de las finanzas offshore que secan las arcas de las naciones para favorecer a dictadores o jefes de Estado, o bien de multinacionales que ponen a resguardo sus ganancias. Existe la ambigüedad de una convivencia de fondos de inversión con cajas de ahorro, con el consiguiente fracaso de las instituciones bancarias; las desproporcionadas remuneraciones de los puestos gerenciales que lamentablemente han causado enormes daños a la comunidad; la deuda pública descontrolada; los sistema tributarios injustos, que pesan sobre los pequeños; la evasión fiscal por parte de individuos y compañías supranacionales que se han vuelto incluso más poderosas que los Estados.  

Para todos estos fenómenos que pesan sobre la crisis mundial, el documento afirma rotundamente que los problemas creados dependen de una falta de ética, que transforma las finanzas, el dinero, la empresa, los bancos, que en lugar de ser instrumentos que sirven al bien común se transforman en instrumentos “usurarios”, “omnipresentes”, de “azar” y “apuesta”, llegando a “carteles de connivencia” y a “asociaciones para delinquir” (ver puntos 14, 16, 26, 27).

Todos estos juicios no son fruto de un viraje populista del Vaticano, sino de la reflexión y de la puesta en práctica de la Doctrina Social de la Iglesia por obra de la Congregación para la Doctrina de la Fe y del Dicasterio para el servicio del desarrollo humano integral. Y tampoco son una denuncia de pauperismo de alguna u otra ONG, sino que se basan en el reconocimiento de que el hombre es un ser relacional (n. 9), y de que la economía necesita dialogar con la política y con criterios éticos, que tiendan al bien común de toda la persona y de todos los hombres (n.2).

Justamente por esto, el documento destruye el mito del “mercado capaz de regularse por sí mismo” (n. 13), y pide a la comunidad internacional que actúe para crear normas que apunten a una regulación del mismo (ver Parte III). Para pasar de la certificación por parte de las autoridades de los nuevos productos financieros (n.19), a la necesaria transparencia e información relativa a los intercambios (n.21) y, asimismo a la separación entre la banca financiera y la de crédito ordinario (n.22), enlazando beneficio y  responsabilidad social (n.23).

Entre las propuestas para lograr un cambio de ruta, está la sugerencia de que en cada banco haya un comité ético que funcione junto al consejo de administración (n. 24); que se apliquen tasas sobre las cuentas offshore (n.30); que la imposición tributaria sea equitativa (n.31); que se promuevan reformas estructurales para reducir la deuda pública (n. 32).

Por último, el documento solicita un compromiso ético de todos, incluso en el consumo y cuando se trata de “votar con la cartera”. Optando por colocar los propios ahorros en bancos que no violen “los derechos humanos más elementales”, o eligiendo productos de empresas que no tengan el lucro como única finalidad, sino que estén inspiradas por “una ética respetuosa de todo el hombre y de todos los hombres, y un horizonte de responsabilidad social”.

Un elemento importante: para justificar todos estos subrayados, el documento afirma “la certeza de que en todas las culturas hay muchas convergencias éticas, expresión de una sabiduría moral común, sobre cuyo orden objetivo se funda la dignidad de la persona”. Sin lugar a dudas, semejante afirmación va contra la corriente: en efecto, en su “America first”, y en la lucha contra los migrantes, Donald Trump propone una visión del americano blanco como alguien superior. Y también Xi Jinping, con su exaltación de la particularidad cultural de China entendida como algo absoluto, olvida tantos derechos humanos de su pueblo y del mundo alrededor.

 

Para el texto completo del documento, haga clic aquí

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