15/09/2018, 17.25
VATICANO - CHINA
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¿Será que China desea realmente el acuerdo con la Santa Sede?

de Bernardo Cervellera

Según el Wall Street Journal el “histórico acuerdo” debería ser firmado al fin de setiembre. Pero, bien sabemos, que anuncios de este tipo se dan ya desde hace años. El Papa y el Vaticano están listos, pero China está dividida; está a favor el ministerio de Exteriores; contrario el Frente unido y la Asociación patriótica que continúan imperturbables en perseguir a la Iglesia y a las religiones. El silencio de Beijing y de Xi Jinping.

 

Roma (AsiaNews)- El importante periódico Wall Street Journal difundió ayer la noticia que China y el vaticano “están listos para firmar un histórico acuerdo” dentro de fin de mes. El acuerdo se refiere al procedimiento para los nombramientos de los obispos, en el cual China tendría el poder de nombramiento y el Papa podría poner un veto temporáneo o de confirmación. Como compensación él- siempre según el WSJ-sería reconocido como “jefe de la Iglesia católica en China” y “en cambio” debería “reconocer a 7 obispos excomulgados”. elegidos y consagrados sin el mandato papal”.

En realidad, la cancelación de la excomunión a los 7 obispos es fruto de un camino personal de estos pastores con el Papa y no una “mercancía de intercambio” entre la Santa Sede y el gobierno de Beijing. Pero, más allá de estas precisaciones canónicas, vale la pena notar cuánto el WSJ dice en el artículo: que “el acuerdo podría una vez más naufragar o pospuesto a causa de imprevistos eventos”.

Y aquí está el punto. Desde hace al menos 3 años que los periodistas italianos y los vaticanistas dan el anuncio que el acuerdo entre el vaticano y China está por ser firmado. Se habló-citando siempre a personas anónimas, “pero con las manos en la pasta del legajo vaticano-chino”- de noviembre de 2016 al finalizar el Año de la Misericordia; luego a fines de 2016, luego en junio de 2017, luego del marzo pasado y ahora se habla de fin de setiembre. Y hasta ahora no sucedió nada. Bromeando un co-hermano mío me dice que ¡estas previsiones son como las de los Testigos de Jehová sobre el fin del mundo!

Comentando una frase el Evangelio, podemos decir que nadie conoce “ni el día ni la hora” (Mt 25, 13). Este “no saber” no depende ni del Papa ni del Vaticano. En estos años el Papa Francisco demostró un gran amor y respeto hacia el pueblo chino y su historia y su deseo de ir a China; la delegación vaticana parece dispuesta a cualquier concesión con tal de tener un acuerdo aunque sea pequeño, también provisorio con el gigante chino. La cuestión fundamental-que pocos periodistas y observadores se hacen- es si China está realmente interesada en este acuerdo. En el pasado, autorizados (?) comentadores atribuyeron las razones del atraso eran las divisiones entre los católicos en China y en el mundo. En realidad, el punto es que las divisiones existen pero están dentro del mismo Politburó.

Por una parte está el ministerio de Exteriores, abierto a la política internacional, que sería favorable a la firma de un acuerdo: habría una ventaja de imagen para China a nivel mundial, justo ahora que está comprometida en una tira y afloje con los EEUU; se haría temblar a taiwán-que tiene en el Vaticano como el único Estado europeo que lo reconoce desde el punto de vista diplomático.

Pero, está también el Frente unido, el ministerio de Asuntos religiosos, la Asociación patriótica, que gobiernan la vida cotidiana de las comunidades cristianas, enriqueciéndose con sus controles y expropiaciones de los bienes de la Iglesia. Para ellos cualquier espacio dado a las relaciones con el Vaticano representa una reducción de sus poderes absolutos. Por esto continúan resistiendo mostrando su hegemonía: iglesias destruidas y cruces despedazadas; secuestro de terrenos; prohibición a los jóvenes de frecuentar las iglesias; sinización, que significa asimilación y sumisión de toda actividad y hasta de de toda reflexión teológica y litúrgica.

Después del Congreso del Partido comunista chino, en octubre pasado, el Frente unido pasó bajo la dependencia directa del Partido. Esto significa que Xi Jinping, presidente y secretario general del Partido, es la autoridad máxima. Por esto, la espera que dura desde hace años podría ser realizada por una decisión de Xi Jinping en el querer firmar el acuerdo con el Vaticano. Pero en el presente, la autoridad de Xi está más bien debilitada: el enfrentamiento frontal con los EEUU hace temer consecuencias económicas desastrosas para China y por esto hay críticas dirigidas a él dentro del Partido. Además, su campaña de anti-corrupción contra “tigres” y “moscas” le ha creado muchos enemigos. Si decidiese firmar el acuerdo con el Vaticano, debería ponerse contra el Frente unido, aumentando el número de aquellos que quisieran eliminarlo.

En este cuadro se comprende como delante de la noticia del WSJ , los periódicos de Beijing están en silencio; el ministerio chino de Exteriores reafirma su “sinceridad” en el desear el diálogo con el vaticano, pero no se pronuncia sobre el acuerdo, pero nadie sabe cuándo esto sucederá.


 

 

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