14/03/2018, 13.49
CHINA - VATICANO
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¿Quién se opone a un acuerdo justo, correcto y pacífico?

de Shanren*

La crítica a los artículos que se descargan contra el Card. Zen sin tomar en consideración los motivos de su posición. Él ama a la Iglesia y a la patria. El silencio de algunos periodistas sobre temas “sensibles”. Todos desean un buen “acuerdo”, pero China no respeta las cruces y lleva adelante la “sinización” de la Iglesia.

Beijing (AsiaNews) – Recientemente he leído el artículo del Sr. Lei Dingming [también conocido como Francis T. Lui (雷鼎鳴), profesor pro-China y autor de un artículo reciente, en el cual critica al cardenal Zen, ndr], cuyo tema es “el debate detrás de bambalinas en el reconocimiento diplomático entre China y el Vaticano”. No hay dudas de que el Sr. Lei Dingming es un profesor, un estudioso, uno se percata de ello con la misma lectura del texto, siendo que está muy bien estructurado, es lógico y goza de un buen estilo. Pero luego de haberlo leído, no pude dejar de sentir cierto disgusto. Un sentimiento parecido al que sentí tras la lectura de los artículos de Valente, Sisci, Paolo Gan, el editorial del World Times, porque el estilo puntual de este tipo de escritos se basa en el esfuerzo por colocar al Card. Zen, lisa y llanamente, en la línea de la oposición al acuerdo y al reconocimeinto diplomático. Pero no quieren procurar ante todo entender el por qué de la posición del Card. Zen.

Como consecuencia, hacen todo lo que esté a su alcance para exagerar la gran bondad de las negociaciones, del acuerdo y de las relaciones diplomáticas entre China y el Vaticano, colocando en la mira al Card. Zen y apuntando hacia él como blanco público de críticas. Incluso hay algunos “obispos clandestinos” que en las entrevistas de Valente no omiten hacer declaraciones positivas: los “obispos clandestinos” no quieren que  otros los representen (lo mismo vale para aquellos que sólo se representan a sí mismos). Siendo que los “obispos clandestinos” han expresado que su voluntad es seguir al Santo Padre, resaltando que es bueno que China y el Vaticano lleguen a un acuerdo y al reconocimiento diplomático, si China y el Vaticano deben ponerse de acuerdo, el Vaticano debe hacerlo de prisa: ¿quién podría oponerse aún a ello?

Además, en el debate candente que se despliega en internet, si tú no alzas ambas manos aprobando con fuerza el acuerdo que realizarán China y el Vaticano, pareciera que no quieres obedecer a las autoridades supremas de la Iglesia. En virtud de la Jerarquía eclesiástica de la Iglesia Católica, se otorga mucho peso a la obediencia y a la adhesión a las órdenes. Viendo que esto es así, debemos preguntarnos de nuevo: ¿acaso el Card. Zen se opone de verdad al acuerdo entre China y el Vaticano, y obstaculiza su reconocimeinto diplomático? Siendo el cardenal chino de edad más avanzada, él ha sacrificado toda su vida por la Iglesia en China (no sólo la Iglesia clandestina): ¿realmente se opone a que China y el Vaticano se reconcilien y compartan el honor?

 

Si gente tan simple como yo entiende que el Card. Zen ama a la Iglesia y ama a la patria, las personas arriba mencionadas, que se obstinan en convertirlo en el vocero de la Iglesia clandestina y en el opositor del acuerdo entre China y el Vaticano, ¿qué es lo que pretenden decir al fin y al cabo?  ¿Su intención es decir que la “Iglesia clandestina” no quiere sacrificarse por la situación general entre China y el Vaticano? ¿O pretenden decir que la “Iglesia oficial” de hecho acostumbra preocuparse por la situación general?

Entre las “dos asociaciones”, hay cierto “obispo” que en una entrevista concedida al periodismo dijo con total honestidad: “No se deben tratar puntos sensibles; al hablar tanto de cosas justas uno  es evaluado, ¡es bueno escuchar!” Al leer el reportaje, me pregunté: ¿cuáles son los puntos sensibles, desde la mirada del obispo? O mejor: ¿por qué deben evitarse los puntos que no son buenos? Estos puntos “sensibles y no-buenos” son aquellos que Valente, Sisci, Paolo Gan y Lei Dingming descuidan o no consideran siquiera. Se es tomado en consideración sólo si se dicen cosas justas: por eso se concentraron en atacar al Card. Zen.

De hecho, además del Card. Zen y de toda la Iglesia en China, ¿quién es el que no espera que las relaciones entre China y el Vaticano se normalicen? ¿Quién es aquél que no espera que el Evangelio de Cristo pueda difundirse libremente en el continente chino? ¿Quién es el que quiere ver a los pastores de la Iglesia de China no pudiendo ejercer su ministerio en paz? Cuando algunos católicos afirman directamente que la Iglesia debe entender y adecuarse a la sociedad china,  adaptarse a las condiciones del país ¿no deberían más bien ir donde los funcionarios de Estado para exhortarlos a entender mejor y a respetar más el credo religioso y las cruces?

¡“La vía de Matteo Ricci” y la “Regla de Matteo Ricci” no pueden convertirse instantáneamente en un movimiento práctico de la Iglesia en la sociedad china! Además, estas personas no mencionan que el objetivo de Matteo Ricci era “completar y trascender” (el padre Ricci propuso estudiar el Confucionismo, para completarlo, pero una vez completado, trascenderlo) y que se trataba de un recurso (José Xiao en su libro explicó claramente que se trataba de su plan estratégico). Considerando la situación concreta de la Iglesia en la sociedad china, ¿hay quien posea la actitud valiente y las convicciones eclesiales del padre Ricci? Hoy, en general no hay nadie que tenga la capacidad de hablar, y quien habla no tiene la capacidad para ello.  

El canal para las negociaciones entre China y el Vaticano, ateniéndose a lo que dicen los funcionarios religiosos, prosigue sin contratiempos y es eficaz; en apariencia, la parte china está plenamente satisfecha. Como católicos comunes y como clero chino, ¿no esperamos, quizás, ver que la situación de la fe mejore a medida que pasen los días? Hoy todos pueden ver en Internet la noticia y el video que muestran que en Shangqiu, Henan, en el día de ayer, la cruz de una iglesia fue demolida con el uso de la fuerza, por orden de las autoridades locales; además, hace cuatro días, en Yili, Xinjiang, la cruz y el campanario de una iglesia fueron derribados. La razón que el gobierno dio para ello es que, obviamente, éstos no se adecúan a la “sinización”.

 He preguntado a un montón de personas: el dicho en boga, la “Sinización de la Religión”, ¿qué es, en definitiva? No hay nadie que entienda de qué se trata. Si el concepto de “sinización” en el pensamiento de mucha gente instruida y de profesores no está claro y no se entiende, ¿entonces cómo puede ser que esos funcionarios de gobierno que demuelen cruces de las iglesias entiendan qué significa “sinización”? ¿No será quizás que su significado burdo indique que en China las iglesias no pueden tener la cruz?

A fines del año pasado, una iglesia de la Diócesis de Zhouzhi fue destruida; a principios de este año una iglesia nueva, en Hongdong, Shanxi, fue arrasada por un incendio intencional y forzoso. Ahora sucede, a continuación, que ordenan derribar las cruces de dos iglesias… ¿cómo será en el futuro? ¡Quién sabe! Todos estos incidentes ocurrieron hoy, mientras el acuerdo entre China y el Vaticano ya se ha alcanzado y aguarda ser firmado. Estas “tragedias religiosas” son los puntos sensibles que Valente, Sisci, Paolo Gan y otros evitan abordar y que, de hecho, ni siquiera mencionan.

Las negociaciones entre dos Estados son un juego de poder político: das un paso, te retiras un paso, esto no es lo extraño. Lo que sí es extraño es que la libertad de credo en China sea, como norma general, interferida y violada. El Card. Zen espera que en el proceso de negociaciones, en el acuerdo y en el reconocimiento diplomático entre China y el Vaticano, se considere como algo obligadamente prioritario que el Gobierno no interfiera ni viole la libertad de credo de los ciudadanos, que pueda, con sinceridad, respetar las construcciones religiosas en los diversos lugares; entonces, ¿Cómo puede ser que el Card. Zen pase a ser considerado un anciano que se opone al acuerdo y que obstaculiza el reconocimiento diplomático?  

El acuerdo puede firmarse mañana, ¿pero que irá a pasar después de la firma? El gobierno mantiene la autoridad efectiva de nombrar obispos. Los obispos, ¿pueden realmente exigir al gobierno recibir el debido respeto y libertad? Dicho esto, es claro que el artículo de Lei Dingming no se funda sobre una base correcta y objetiva. Su objetivo sigue siendo que la Iglesia acepte de primeras un compromiso con el gobierno, y una vez sellado el compromiso, que el gobierno prometa dar dos caramelos.

Además, al recurrir al compromiso, ¿acaso puede tratarse de fe católica? Por todo esto, creo que el Card. Zen no es alguien que se oponga a las negociaciones, al acuerdo y a la normalización de las relaciones entre China y el Vaticano, sino que estamos ante una persona que, en su gran amor por la Iglesia y por la patria, está contento de que éstos se lleven a cabo. Pienso que el motivo que lleva al Card. Zen a tomar la iniciativa de manifestar sus opiniones no es sólo para que la Iglesia en China pueda conservar su naturaleza, sino también porque no quiere, a diferencia de sus opositores, convertirse en aquél que pone fin a la fe cristiana.

 

*sacerdote chino

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