15/01/2016, 00.00
SIRIA
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​Nuncio en Damasco: Utilizar el hambre y la sed como arma de guerra es una vergüenza

En conversaciones con AsiaNews, Mons. Zenari condena los crímenes cometidos en perjuicio de la población y pide a los medios prestar "más atención" a la situación. Los camiones de comida y medicinas que son bloqueados en la entrada de la ciudad, y las aldeas asediadas. Un gesto de aprobación hacia las organizaciones internacionales y hacia los hombres de Iglesia que operan en las áreas en riesgo. El Estado Islámico libera a otros 16 rehenes cristianos en Hassaké.

Damasco (AsiaNews) - “Usar el hambre, y yo agrego la sed, como arma de guerra es un crimen, una vergüenza, y me maravillo de que los medios internacionales hablen de ello recién ahora. Hay realidades en las cuales la gente hace más de un año que está muriendo de hambre, mientras que en las puertas de las aldeas y ciudades hay camiones cargados de comida, leche y medicinas”. El nuncio apostólico en Damasco, Mons. Mario Zenari, no tiene medias tintas a la hora de denunciar las gravísimas violaciones que se han perpetrado por demasiado tiempo en muchas realidades de la guerra en Siria. Localidades que están siendo asediadas, como Madaya (adonde ayer llegó la segunda caravana de ayuda), Foah y Kefraya; e incluso el campo de prófugos de Yarmouk, a las puertas de Damasco, son todas realidades que constituyen una vergüenza para los medios y la comunidad internacional. “Una situación que se resuelve -advierte- eliminando el conflicto de raíz”. 

Interpelado por AsiaNews, el nuncio en Damasco exhorta a la prensa mundial a “prestar mayor atención a la cuestión humanitaria, un problema imperativo que ha de ser resuelto hoy mismo”. El prelado admite que puede haber “dificultades”, pero “no hay excusas, porque la comida y las medicinas no faltan, los camiones están, pero la gente muere igualmente de hambre”. 

“Una soluión política al conflicto sirio -advierte Mons. Zenari - puede ser encontrada incluso mañana, o en un mes, pero los derechos humanos reconocidos a nivel internacional han de ser garantizados y respetados. El problema humanitario, el uso del hambre como arma de guerra, como subrayó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y yo agrego también el uso de la sed, son un crimen, una vergüenza”. 

Refiriéndose a Madaya, que en los últimos días se ha ganado las primeras páginas internacionales, el prelado dice estar “maravillado” de que la atención de los medios “haya llegado recién ahora. Hace meses que las Naciones Unidas emitieron alarmas en la zona -agrega-, así como ocurre que a tan solo 7 km de la capital continúa consumándose la vergüenza de Yarmouk”, una suerte de prisión a cielo abierto, un campo de refugiados en condiciones desesperadas, ya desde hace tiempo. “Dos semanas atrás -explica Mons. Zenari- se intentó evacuar el área, pero el intento no terminó bien”. 

Según fuentes de las Naciones Unidas, actualmente en Siria hay 4,5 millones de personas viviendo en áreas que están bajo disputa y que son difíciles de alcanzar para las agencias humanitarias; de estas personas, al menos 400.000 están esparcidas en 15 localidades que están siendo asediadas.  “Admito que puede haber dificultades -prosigue el nuncio apostólico- pero el uso instrumental del hambre y de la sed es algo inadmisible”.  

Es este contexto difícil, Mons. Zenari “aprueba y alienta” los esfuerzoss de cuantos “operan para desbloquear las situaciones en riesgo”. El ingreso de ayuda a Madaya, Foah, Kefraya “son señales positivas en el plano humanitario, no obstante no tengan que ver con todo el país. Sin embargo, ha de ser reconocido el trabajo de varias entidades, entre ellas, la ONU, la Cruz Roja y la Medialuna Roja que, con constancia y sin levantar rumores al respecto, han trabajado para alcanzar estos acuerdos y garantizar el ingreso de ayuda”. A la obra de estas agencias, se une “el esfuerzo enorme de la Iglesia y de los sacerdotes, hermanas y religiosos en forma individual, que, gracias a a su presencia en el lugar, siguen siendo un punto de referencia importante a nivel humanitario”. 

También de Siria, nos llega la noticia,  en las últimas horas, de la liberación de otro grupo de cristianos asirios, que desde febrero pasado estaban en manos de las milicias del Estado Islámico en la provincia nororiental de Hassaké. Los cristianos asirios son alrededor de 30.000, es decir, el 2,5% de los cristianos en Siria (1,2 millones). La mayor parte de ellos vive en la zona de Hassaké, esparcidos en 35 aldeas; el área hace tiempo que está en el centro de una lucha entre el EI, las tropas regulares y los demás grupos extremistas islámicos. Según lo que refiere el Assyrian Network for Human Rights (Red Asiria por los Derechos Humanos, ANHR) los yihadistas han liberado a 16 personas más, y de ellas ocho son niños, tres son mujeres y cinco, hombres. 

“En las últimas semanas -concluye Mons. Zenari - ha surgido en la comunidad internacional el intento de hacer salir a Siria de la espiral de crisis y violencia en que se encuentra. Estando la voluntad, esperamos que ésta pueda tener también éxito”. 

 

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