19/01/2017, 11.04
TAIWAN - JAPON
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“Silence” de Martin Scorsese: Dios no se desalienta ante nuestra falta de fe

de Xin Yage

Entrevista al padre Emilio Zanetti, un jesuita que trabaja en el Kuangchi Program Service, el centro de producción televisiva de la Compañía de Jesús en la isla. Zanetti es amigo de director estadounidense y ha colaborado como consultor e incluso hizo una aparición en el filme que trata de la persecución de los cristianos en Japón durante el siglo XVII. Tanto el director como los actores han trabajado gratis.

Taipéi (AsiaNews) – “Dios no se desalienta frente a las (presuntas) faltas de fe”. Y prosigue: “Dios es capaz de un amor tan grande que, cualquiera sea la elección que hagan los hombres, y cualquiera sea el error que cometan, no se escandaliza”. Es el sentido que la película “Silencio” de Martin Scorsese tiene para el jesuita Emilio Zanetti, que trabaja en el Kuangchi Program Service, el centro de producción televisiva de la Compañía de Jesús en Taipéi. El padre Zanetti además es amigo personal de Scorsese y ha trabajado como consejero del filme, ¡e incluso hace una aparición en el mismo! La película, basada en el libro que lleva el mismo título del escritor japonés Shusako Endo, narra la búsqueda de dos jóvenes jesuitas que viajan para reunirse con su superior, misionero en Japón, porque se teme que haya renegado de su fe. El “silencio” al que se alude es el silencio de Dios frente a los sufrimientos de los cristianos japoneses, frente a las difíciles elecciones ante las que son colocados estos dos misioneros y los fieles perseguidos. A continuación, la entrevista que el padre Emilio Zanetti concedió a AsiaNews.

 

¿Qué ha llevado a Scorsese a rodar una película sobre los jesuitas en Japón?

Cuando Martin Scorsese rodó «La última tentación de Cristo» estallaron un poco las polémicas. Yo era adolescente y recuerdo que una buena parte de la jerarquía de la Iglesia católica había tomado este filme como una afrenta. Muy por el contrario, la intención de Scorsese y de la novela de Kazantzakis -sobre la cual se basaba el film- sólo quería ser una ocasión para profundizar la fe. Hubo solamente un obispo que apoyó a Martin, publicitando el film e incluso promoviendo su proyección. Este obispo le regaló a Scorsese el libro «Silencio» del escritor japonés Shusaku Endo, que justamente vuelve a proponer como tema las persecuciones sufridas por los cristianos en Japón durante el período Tokugawa, en la primera mitad del siglo XVII. Scorsese leyó la historia y le gustó.  Así que decidió transformarla en una película. Pero en 1987 no logró hallar a quien financiara el proyecto. Así que el proyecto terminó en un cajón. Pero la cosa no terminó allí, no podía terminar allí, al menos no con un tipo como Scorsese. Por eso es muy interesante que también se entienda la historia misma del director. Por suerte ha concedido entrevistas detalladas en las cuales ha ahondado en su pasado, sobre todo en lo referente a nuestro amigo común Antonio Spadaro, que algunos meses atrás lo convenció de pasar por Nueva York para dialogar con él.

Volviendo a nosotros, desde aquél lejano 1987, Scorsese jamás renunció al proyecto, pero no lograba encontrar fondos. Varios años después, cuando llegó a la cima de su carrera, logró reunir un presupuesto mínimo para poder arrancar. Digo mínimo porque ni él, ni sus actores, cobraron un solo centavo por la película.  A los actores se les pagó en especies, pero no se reconoció ninguna compensación. También tengo que decir que es un milagro que la realización haya llegado a término, porque realmente sucedieron muchas cosas en el set. Entre ellas, y no fue la última, estuvo la muerte de un operario, que fue aplastado por una marquesina. La investigación sobre esta muerte repentina podría haber frenado a los trabajadores, y los costos hubieran sido tan elevados que el film jamás habría sido concluido. Fue solamente la intervención del presidente de Taiwán lo que permitió que las investigaciones fuesen más ágiles y que el set no se detuviera por un período largo. Salvando así la producción.

Las principales escenas fueron rodadas entre enero y mayo de 2015 en tres locaciones de Taiwán: en los estudios de Taipéi, para las escenas de interiores; en la costa oriental, para las escenas sobre el mar; y, finalmente, algunas escenas breves fueron realizadas en un set en el centro de Taiwán. Este set fue realizado por la directora taiwanesa Ang Lee para rodar «La vida de Pi». Ese set es una gran piscina, construida en un ex aeropuerto, que reproduce los efectos del mar.

 

Cuéntenos un poco sobre la pre-producción

La historia se centra en el caso de tres jesuitas y, justamente porque estaban involucrados jesuitas, Scorsese decide acudir a la Compañía de Jesús para obtener asesoramiento. Quien se convirtió en su punto de referencia fue James Martin, un jesuita célebre de «America», la revista de la Compañía en los EEUU. A él le fue encomendada la preparación espiritual de los actores, a fin de que comprendieran plenamente la espiritualidad ignaciana. Andrew Garfield, uno de los protagonistas, hizo un camino de fe durante un año, que lo llevó incluso a hacer los ejercicios espirituales en Galles.

Por su parte, el Padre James Martin, al saber que la filmación sería llevada a cabo en Taiwán, alertó al padre Jerry Martinson, mi director en el  Kuangchi Program Service de Taipéi. Así surgió un pool de jesuitas que brindaron su apoyo al director, y del cual yo también formé parte. Hemos supervisado todos los aspectos vinculados a la historia, a la liturgia y a los sacramentos. Alberto Nuñez, un jesuita español que enseña en la Universidad FuJen, siguió estos aspectos. Scorsese recuerda bien toda la liturgia en latín, y puesto que es muy atento a todos los detalles, quería ser preciso. El filme tiene como contexto el Japón del siglo XVII, en el cual operaban jesuitas portugueses. Eso requería de conocimientos históricos profundos. Para este aspecto del trabajo, nos ayudó Antoni Üçerler, un jesuita de origen turco que tiene un gran conocimiento de la historia de Japón. A él acudieron luego otros jesuitas.

Colaborar con un director del nivel de Scorsese significa colaborar con uno de los directores más importantes de todos los tiempos. Y eso, sin hablar de elenco estelar: Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Tadanobu Asano, Ciarán Hinds, Shinya Tsukamoto, Yosuke Kubozuka, Issei Ogata, Yoshi Oida, Nana Komatsu. En lo que a mí respecta, «La última tentación de Cristo» que mencioné anteriormente, ha sido un pilar en mi camino vocacional. Hace treinta años me prometí que iría al encuentro de Martin Scorsese en los Estados Unidos. Pero no llegué a hacerlo. Ahora ya no es necesario: él llegó a Taiwán, donde yo vivo, con todo este elenco y este proyecto. Para todos nosotros ésta ha sido una aventura bellísima. Al final, fui el único jesuita en el filme, es decir: presente, en una escena, actuando. Una experiencia hermosísima. Además de conocer a los actores de la película, fue divertido entrar en contacto con el mundo del cine. Un mundo que está hecho de esperanza (de ser tomado por el equipo) y de espera (porque nunca sabes cuándo rodarás tu escena).

 

¿Cuál es el sentido de la película?

En un sentido amplio, la novela y la película afrontan los temas principales del seguimiento de Jesucristo y, en particular, de la vida misteriosa por la cual Jesús mismo nos conduce. La historia es la de dos jóvenes jesuitas que van a buscar a su superior, que está como misionero en Japón, porque se teme que haya renegado de la fe. Los dos jóvenes jesuitas van a Japón para entender la razón por la que su maestro ha abjurado. Cuando llegan al archipiélago, se encuentran con una represión durísima ejercida por las autoridades niponas contra los cristianos. La persecución no apunta tanto a matar a los jesuitas, sino a sus amigos. Es una forma de presión psicológica sutil y cruel. Y entonces surge la duda: ¿mi obra anuncia a Dios, aunque cause la muerte de inocentes? ¿Cuál es la misión de Dios? Es en función de este dilema que se desarrolla el film.

Son tantas las cosas que dan vueltas en mi cabeza, pero quisiera repetir, tal como han subrayado otros, que en la base de todo está el amor de Dios. Me encanta lo que dijo el padre Üçerler. Dios es capaz de un amor tan grande que, cualquiera sea la elección que hagan los hombres, y cualquiera sea el error que cometan, no se escandaliza. Dios no se desalienta frente a las (presuntas) faltas de fe. Donde está la fe. ¿Renegar y faltar a la fe? Es necesario entender cuál es el contexto en el cual se ha abjurado y es necesario encomendarse a Dios. Y, en todo caso, confrontarse con otras culturas, con otras tradiciones, con otros credos, desencaja los preconceptos. En el filme este encuentro/enfrentamiento de culturas es evidente. Basta con mirar la complejidad del set, en el cual están presentes asiáticos, europeos, africanos (que representan a los esclavos, que eran llevados por los portugueses).

 

¿Cómo es trabajar con  Scorsese?

Por último, uno de los aspectos más interesantes ha sido ver cómo trabaja Scorsese con los actores. Martín es muy cordial, profundo y apasionado, además de ser, obviamente, dedicado, preciso y metódico. No termina de filmar una escena hasta que ésta no llegue a transmitir el sentido que encierra. En la relación con los actores es atento, firme, pero jamás descortés. Aunque el protagonista no recite como él quiere, le dice “Bravo, estás yendo bien, estás mejorando, pero la escena la harás así…” y se la hace rodar otra vez. Atención, no es maníaco, pero sí es consciente de que una pequeña escena le puede cambiar el sentido a una película. Por ende, quiere obtener el máximo de cada detalle.  No por nada se llama Scorsese. A mi modo de ver, debemos agradecerle por lo que ha logrado realizar, no sólo en Silence, sino a lo largo de toda su carrera, y por mostrar a todos su búsqueda en su camino personal de fe.  

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