18/02/2020, 10.58
HONG KONG – CHINA
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Coronavirus, misionero: Frente a la tragedia, compasión, solidaridad y poner en común lo que tenemos

de Sergio Ticozzi

El testimonio de un misionero del PIME en Hong Kong. “Con mi mente, recorro las iglesias vacías de Hong Kong, de Macao y de muchas otras ciudades de China continental”. “Trabajar desde casa, con las escuelas y universidades cerradas hasta el mes de marzo: todo ello incrementa las presiones y a veces, hace que las personas reaccionen de una manera irracional”.

Hong Kong (AsiaNews) – Aislamiento, ansiedad y miedo: la epidemia de coronavirus brinda a todos una ocasión para demostrar “compasión, solidaridad, y poner en común” lo que se tiene. Frente a la tragedia, se llama a los cristianos a “vivir las virtudes evangélicas como la fe, la esperanza y el amor, además de a rezar y reflexionar sobre su significado”. Es lo que afirma el Pbro. Sergio Ticozzi, un misionero del PIME (Instituto Pontificio de Misiones en el Extranjero), que ha vivido en Hong Kong y en China por más de 40 años.  A continuación, brindamos un testimonio de la emergencia sanitaria que atraviesa la ex colonia británica, en palabras del sinólogo experto, que difundió su relato en el sitio Altare Dei hace dos días. (Traducción de AsiaNews).

Es domingo aquí, en Hong Kong. Acabo de concelebrar la Eucaristía con cinco de mis co-hermanos en nuestra capilla privada, y ahora me encuentro a solas en mi habitación. Con mi mente, recorro las iglesias vacías de Hong Kong, de Macao y de muchas otras ciudades de China continental, ya que el miedo de que se difunda el coronavirus, ahora llamado COVID-19, ha forzado a prohibir las reuniones públicas, inclusive las asambleas religiosas. En efecto, la amenaza de esta fiebre epidémica ha llevado a las autoridades católicas de Hong Kong a tomar la dolorosa decisión de suspender todas las actividades eclesiales de las próximas dos semanas, e inclusive a cancelar la liturgia del Miércoles de Ceniza.  

El aislamiento parece ser la medida más efectiva para prevenir la difusión de la epidemia. En China, varias ciudades se encuentran selladas y millones de personas son obligadas a permanecer en casa debido a la falta de mascarillas, desinfectantes y otros medicamentos. A causa del faltante de mascarillas, los habitantes han asaltado los supermercados y farmacias, mientras los mercaderes inescrupulosos incrementaban de forma exponencial el precio de este insumo.

Las personas enfermas está más aisladas aún, ya que el miedo a infectarse hace que se evite la cercanía y el contacto con ellas. Hong Kong ha establecido campos de cuarentena masiva para aislar a las víctimas. Las nuevas normas de cuarentena, obligatorias, comenzaron a regir el 8 de febrero. Las personas llegadas del continente recibieron la indicación de permanecer 14 días en cuarentena, para contener cualquier brote en la comunidad. Para muchos, esto se ha convertido en una drama psicológico muy serio.

Todas estas medidas llegaron mientras a nivel global reinaba el miedo de que la epidemia hubiera empeorado en los últimos días, contrariamente a lo esperado. La epidemia fue informada por primera vez en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, luego de un largo silencio oficial. El 6 de febrero pasado, con la muerte del Dr. Li Wenliang, quien fue el primero en denunciar el foco de la epidemia, desencadenó una avalancha de angustia y furia en toda la nación, junto con el pedido de celebrar la fecha como el Día de la Libertad de Expresión. El gobierno respondió censurando las publicaciones en las redes sociales y bloqueando las cuentas de los usuarios. Posteriormente, la epidemia se propagó por todas las regiones de China y por el mundo, provocando muchas muertes y casos de infección. El origen y la magnitud de la propagación han sido objeto de tantas ‘fake news’, que prefiero dejar a otras fuentes  la tarea de brindar detalles y números al respecto. Pero sin lugar a dudas, ha creado una psicología de dolor en la mayoría de la gente.

El aislamiento, la ansiedad y el miedo son una pesada carga de llevar para el alma de la gente. Trabajar desde casa, con las escuelas y universidades cerradas hasta el mes de marzo: todo ello incrementa las presiones y a veces, hace que las personas reaccionen de una manera irracional. En Hong Kong, la policía antidisturbios entró en acción y arrestó a manifestantes cuando los habitantes protestaban contra la decisión del gobierno, de utilizar algunos sitios como campos de cuarentena.

Incluso más, en China, a fin de combatir la difusión del virus y evitar la actitud de silencio y desinformación tomada anteriormente, las autoridades chinas prometieron dinero en efectivo y recompensas materiales a cambio de información sobre personas enfermas o sobre visitantes llegados de localidades azotadas por el virus. Al legitimizar abiertamente semejante método de “espionaje”, la sospecha empujó a un enfrentamiento entre vecinos, sembrando el caos en la sociedad. En lugar de velar por la honestidad y la sinceridad en nombre de la salud pública y la seguridad, una medida de este tipo favorece la desconfianza, la venganza y una escasa estima por la moral. 

En lo que respecta al desarrollo futuro de la epidemia, como es habitual, las opiniones varían y van desde el optimismo al pesimismo. Los reportes oficiales de China aseveran que los esfuerzos para controlarla están teniendo éxito y que la epidemia pronto alcanzará un pico, para luego declinar. Otros piensan que los pasos que se tomen en los próximos días, especialmente por parte de los líderes de Beijing, decidirán el futuro del virus y si este habrá o no de difundirse internacionalmente hasta convertirse en una pandemia. Otros piensan que para el mes de abril, la epidemia habrá terminado. Laurie Garrett, ex investigadora principal del área de Salud en el Council on Foreign Relations (CFR) y autora científica ganadora del Premio Pulitzer, nos informa que: “La semana pasada, en Ginebra, alrededor de 400 expertos en enfermedades infecciosas se reunieron para ayudar a la OMS a resolver numerosos misterios que aún giran en torno al virus. Uno de estos especialistas fue Gabriel Leung, de la Universidad de Hong Kong, quien piensa que la estrategia del gobierno no surtirá resultados y por tanto, teme que al reabrirse las escuelas y millones de personas regresen a Wuhan y a otras ciudades selladas, el virus pueda repuntar. Y podría propagarse más allá de las fronteras Chinas, con la posibilidad de infectar a más del 60 por ciento de la población mundial”

Prescindiendo de cuán pesimista u optimista uno sea, semejante epidemia brinda a todos la ocasión para mostrar preocupación por las personas enfermas y necesitadas, para ayudarse mutuamente, compartir materiales para combatir la epidemia y, para los cristianos, para vivir las virtudes evangélicas como la fe, la esperanza y el amor, y para orar.

La oración, de hecho, parece ser un medio sumamente importante para demostrar preocupación e interés por las personas que sufren la enfermedad, el aislamiento y el miedo. Pero ésta debe combinarse con una reflexión centrada en las siguientes preguntas: ¿por qué Dios ha permitido semejante tragedia? y ¿cuál es el mensaje que Dios quiere transmitirnos con ella? Sí, necesitamos orar y reflexionar. 

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