30/03/2017, 15.54
JORDANIA
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Cumbre de la Liga Árabe: además de las proclamas de rito, pocas respuestas a los problemas de la región

En el encuentro anual, los líderes condenan “las interferencias extranjeras” en los conflictos que ensangrientan el Oriente Medio. El presidente libanés vuelve a plantear el tema de los refugiados y espera que se ponga fin a las “guerras fratricidas”. En el documento conclusivo, se relanza la solución de los dos Estados como única respuesta para el conflicto israelí-palestino. 

Amán (AsiaNews) – Un duro ataque contra las “interferencias extranjeras” [léase Irán, aunque no esté explícito] en las cuestiones inherentes al mundo árabe y un llamado a una resolución de conflictos que desde hace tiempo ensangrientan la región medio-oriental. Son éstas las conclusiones de la cumbre anual de la Liga árabe, que se celebró ayer en Sweimeh, sobre las costas del Mar Muerto, en Jordania. Un encuentro en el cual también se habló de la emergencia de prófugos como consecuencia del conflicto sirio y a raíz de las operaciones militares en su vecino Irak, que han causado terribles repercusiones, sobre todo en el Líbano y en la misma Jordania.  

Sobre la cuestión de los refugiados insistió el presidente libanés Michel Aoun, al afirmar que el País de los cedros “está luchando por mantenerse a flote” bajo el peso de casi dos millones de exiliados provenientes de Siria y Palestina.  Por este motivo, espera que se ponga fin a las “guerras fratricidas” en la región. La “ansiedad y la preocupación” agobian al Líbano, agregó Aoun, que pide “reaseguros y alivio” y que apela “a vuestras conciencias” para resolver la emergencia.  

En el marco de la 28va cumbre de la Liga árabe –con la presencia de 15 reyes y presidentes- surgieron nuevos llamados a la colaboración y a la unidad en lo que respecta a metas; sin embargo, en realidad sigue habiendo profundas divisiones entre los países miembros, que, en los hechos, obstaculizan una acción política en común del grupo. El dueño de casa, el rey jordano Abdallah II ha pedido a las naciones árabes “tomar la iniciativa para encontrar solución a todos los desafíos que se interponen” de modo de evitar que haya “injerencias extranjeras en nuestros asuntos”.

Le hizo eco el jefe de la Liga árabe, Ahmad Aboul Gheit, que juzga como “vergonzoso” el hecho de que las capitales de la región sigan “la crisis siria, sin tener la posibilidad de intervenir”, mientras “otros actores influyentes” cubren este rol. Para el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi resulta “infame” que algunas potencias se “aprovechen de la situación […] para fortalecer su influencia y extender su control en los países árabes”.

Hubo durísimas acusaciones por parte de los líderes regionales, que sin embargo esconden una debilidad interna de la Liga árabe, en la cual prevalecen los intereses individuales de los Estados miembros. Y también en lo que respecta al conflicto sirio, ha de ser recordado que algunas naciones árabes ocupan un rol que ciertamente no puede ser definido como secundario.  Entre tantos casos, recordemos el apoyo de Arabia Saudita y Qatar a los grupos rebeldes que luchan contra el gobierno de Damasco, algunos de los cuales están muy cercanos a la galaxia yihadista.  

El gran ausente de esta, como de otras ediciones anteriores, fue el presidente sirio Bashar al-Assad. Efectivamente, desde el 2001, fecha de inicio del conflicto sirio, Damasco perdió su puesto dentro de la Liga árabe. Las divisiones entre los líderes árabes también se basan en el futuro político de Assad: según algunos, él no debe ocupar ningún rol activo en el futuro de Siria, y debe dejar el país. Otros, como el presidente egipcio al-Sisi, no se pronuncian sobre la cuestión y no ven la expulsión del líder sirio como una “pre-condición” necesaria para cualquier acuerdo de paz.  

Por último, también se discutió acerca del conflicto israelí-palestino y acerca de la solución de los dos  Estados, que sigue siendo la única viable para los líderes árabes, desde una óptica de paz y de convivencia. En la resolución final también se hace un llamado a la comunidad internacional, para que ayude “al pueblo palestino a ejercer sus derechos inalienables, hacer que surja un Estado independiente y resolver la cuestión de los refugiados”.  

A pesar de las proclamas, analistas y expertos recuerdan que en el pasado, las reuniones cumbre de la Liga árabe no han determinado ningún progreso significativo en los muchos problemas que agobian a la región, y que esta cita tampoco dará resultados de este tipo. Oraib al-Rantawi, responsable del Centro Al-Quds de estudios políticos, resalta que “el sistema [político] árabe es frágil, está dividido, debilitado por años de disfunciones”. Por eso, no es lícito esperar que haya “un giro” en los hechos, y mucho menos en este encuentro”.

La próxima cita es en marzo de 2018, en Arabia Saudita. 

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