24/01/2015, 00.00
MYANMAR
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Desde la Iglesia birmana propuesta una "cultura de la paz", para sanar las heridas del pasado colonial

de Pau Lian Cin
El problema irresuelto: asociación entre cultura occidental e imperialismo; la creciente división entre minorías étnicas (convertidas) y los budistas Bamar; el cristianismo visto como religión extranjera. Desde Juan Pablo II la directiva de la misión, por una Iglesia fuente de reconciliación. Los análisis de un sacerdote y estudioso birmano (segunda parte)

Yangón (AsiaNews). -Publicamos la segunda parte del análisis de un sacerdote y estudioso birmano, sobre los desafíos que afronta la Iglesia birmana en el camino de la misión. Paz y reconciliación son los elementos de los cuales partir, para sanar las heridas del pasado colonial (portugués y británico) que, todavía hoy, en algunos casos lleva a asociar el cristianismo a una religión "extranjera". Fundamental entonces hoy la directiva trazada por Juan Pablo II, que en la exhortación apostólica post-sinodal "Reconciliación y paciencia" invita a los fieles a "pacificar los ánimos, moderar la tensión, superar la división".

Myanmar es una nación de larga tradición budista, teatro desde el 2012 de una larga serie de violencia confesional que han causado al menos 300 muertos y 140 mil desplazados; la mayor parte de las víctimas son musulmanes Rohingya en el Estado occidental de Rakhine, epicentro de los encuentros, que han acabado en la mira de los extremistas budistas. En una situación de tensión étnica y religiosa los católicos podemos entregar una gran contribución en la "reconstrucción de la nación", como subraya el arzobispo de Yangón y nuevo cardenal Charles Bo, operando "en el sector de la educación, en la escuela, en la salud". Traducción editada de AsiaNews.

La modalidad del anuncio del mensaje del Evangelio

En el tercer encuentro entre Adoniram Judson (misionero bautista estadounidense, ndt) con el monarca budista, el rey Bagydaw le ha preguntado: "Y vosotros, seguidores de Jesús, ¿os vestiréis como los otros birmanos?". Algo que resultaba particularmente sospechoso a los ojos del rey Bamar no era tanto la  cuestión de la conversión al cristianismo, más bien el problema, entre los convertidos, de la perdida de su identidad cultural y la asociación que se suele hacer entre cultura occidental e imperialismo.

Una vez un inspector cristiano ha hecho notar que los cristianos no están de ningún modo interesados en el budismo. Ellos piensan de tener la única y verdadera religión. Por esto algunos obispos y lideres de otras confesiones cristianas están convencidos que su tarea no consiste en convertir a nadie a la fe cristiana, y en especial modo convertir el mayor número posible de birmanos. En efecto la palabra "encarnación" en la cultura budista significa "conservación de la identidad cultural de una persona de la fe cristiana".

No obstante esta afirmación, bajo el dominio colonial las misiones han determinado muchas conversiones entre las minorías étnicas. En consecuencia, se ha desarrollado en el tiempo una separación de naturaleza étnica, religiosa y cultural entre los cristianos de las minorías étnicas y los budistas Bamar (birmanos), que constituyen la gran mayoría de la población. La división se ha hecho más marcada con el nacimiento y el reforzamiento de un movimiento nacionalista que tiene su origen justamente en la tradición budista. Los nacionalistas han querido a los cristianos como sostenedores del establecimiento, por su actitud y por sus convicciones en el ámbito político. El cristianismo ha sido visto como una religión extranjera, por su arribo tardío al país y la lentitud en adaptarse a la cultura local y a la mentalidad, mientras que el budismo estaba ya presente desde hace tiempo y se ha enraizado en el corazón de la gente.

Conclusión, una manera correcta

En este recorrido de la memoria histórica, el cristianismo está siempre asociado al imperialismo, a la opresión, a la arrogancia, al desden y a una fuerza superior. Tal aproximación a la memoria histórica del cristianismo debe ser revisada en modo crítico para que se pueda utilizar en la cura de las heridas y una verdadera reconciliación. Se puede hablar también de un cierto "complejo de superioridad" del cristianismo que emerge del modo de acercarse al otro, en el respeto recíproco y en las buenas maneras.

Por esto hoy una de las principales preocupaciones del sector social de la Iglesia en Myanmar, así como del resto de Asia, es justamente construir la paz. Asia es un campo de conflictos étnicos, religiosos y políticos intermitentemente. La Iglesia en todo esto es fuertemente llamada a ser forjadora de paz, incluso en aquellas situaciones de conflicto que - casi siempre - son debidas justamente a la diversidad de naturaleza confesional y a los prejuicios. Debemos ser una voz profética en la construcción de la paz, más que un medio en situaciones de conflicto. La calle de la paz es larga y dócil. Los esfuerzos pastorales de formación y dialogo deben encaminarse a la construcción de una cultura de paz entre nosotros y los otros, basada en la integridad, el respeto, la comprensión recíproca y, por último, sobre el amor.

Hla Bu, un profesor de filosofía cristiana del periodo siguiente a la independencia, suele recordar que todos los lideres budistas tienen una actitud critica hacia los cristianos, por que los consideran pocos propensos a la cooperación en todos los ámbitos que resguardan los intereses nacionales. Ellos han sugeridos a los cristianos de colaborar los budistas birmanos y el gobierno, demostrando ser ciudadanos patriotas. Se trata de una buena sugerencia, y por esto, en cada tipo de servicio social, las personas deberían ver que el cristianismo muestra una verdadera preocupación por el pueblo de Myanmar y por su suerte.

Finalmente, para poder superar los obstáculos listados arriba, la Iglesia cristiana de Myanmar deberá continuar el proceso de reconciliación para el olvido de un pasado que ha dejado abierta una herida, y transformar la modalidad del anuncio del Evangelio entre la gente de Myanmar, siguiendo la directiva trazada por Juan Pablo II cuando ha dicho: "Antes de nuestros contemporáneos, sensibles a las pruebas del testimonio concreto de vida, la Iglesia es llamada a dar ejemplo de reconciliación sobre todo a su interior; y para esto todos debemos trabajar para pacificar los ánimos, moderar las tensiones, superar las divisiones, sanar las heridas eventualmente causadas a los hermanos, cuando se aguzan los contrastes de las opciones en el campo de lo opinable".

 

 

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