15/03/2017, 14.16
RUSIA

El “reconocimiento” ortodoxo de San Patricio, "ecumenismo irlandés" en Rusia

de Vladimir Rozanskij

El Patriarcado de Moscú decidió incorporar a su calendario litúrgico la memoria del santo patrono de los irlandeses. La decisión quizás sea un indicio de la esperada amistad ruso-americana, que debía instaurarse luego de la elección del presidente Trump, o tal vez sea una consecuencia del restablecimiento del diálogo católico-ortodoxo, que siguió el encuentro del patriarca Kirill con el Papa Francisco, en Cuba, en el pasado mes de febrero de 2016. 

Moscú (AsiaNews) – No es sorprendente – puesto que forma parte de un tradicional y recíproco reconocimiento de las tradiciones espirituales, de las fiestas litúrgicas y de la veneración de los santos- la decisión del Patriarcado de Moscú de incorporar a su calendario la memoria litúrgica de San Patricio, obispo de la época patrística de la Iglesia indivisa (murió el 17 de marzo del año 461), patrono de los irlandeses y de los americanos de Nueva York y Boston. Y quizás es un indicio de la nueva amistad ruso-americana, que debía seguir a la elección del presidente Trump, o tal vez una consecuencia del restablecimiento del diálogo ecuménico, pero lo que es cierto, es que se trata de una ocasión para compartir la alegría y la fraternidad entre los pueblos.

El reconocimiento recíproco de las tradiciones espirituales, de las fiestas litúrgicas y de la veneración de los santos es un campo privilegiado para cultivar la unidad universal de los cristianos desde los primeros siglos de la Iglesia. Basta con recordar la doble celebración que se hace de Navidad: la occidental, vinculada al Dies Solis pagano del 25 de diciembre, y la oriental, de la Teofanía o Bautismo del Señor, instituida el 6 de enero, justamente para evitar la coincidencia con la fiesta imperial. Las dos fechas luego fueron intercambiadas de manera pacífica, enriqueciendo el calendario de todos los cristianos con dos fiestas de la Encarnación divina, que son la Navidad y la Epifanía.  

En el primer milenio de la historia cristiana, la liturgia poco a poco fue integrando las devociones que el pueblo espontáneamente atribuía a los mártires y a los santos, a ascetas y a monjes, a obispos y fundadores de iglesias, a taumaturgos y “locos por Cristo”, e incluso a príncipes y emperadores.  Los antiguos Martirologios, los Legendarios con las vidas de los santos y las demás reseñas hagiográficas de Oriente y Occidente siempre se han difundido en todo el mundo cristiano sin limitaciones canónicas o eclesiásticas particulares, a pesar de las acusaciones de herejía o de cisma. El obsequio mutuo de las reliquias de los santos constituía el modo privilegiado para expresar la comunión con las demás Iglesias; las reliquias de la Santa Cruz y de los Doce Apóstoles eran particularmente buscadas, al igual que las de los mártires de los primeros siglos, en torno a cuyas sepulturas se construyeron las primeras iglesias.

Recién en el segundo milenio, los criterios para la canonización y la celebración de los santos se volvieron más rígidos y exigentes, quedando su proclamación reservada al Papa de Roma en Occidente, y a los mayores obispos y metropolitas en Oriente. Esto no ha impedido, sin embargo, la difusión de la fama de santidad de las mayores figuras de la espiritualidad de ambos campos, más allá de todo cerco confesional. Fue clamoroso el caso de San Nicolás de Myra, que devino patrono de Rusia cuando ésta acababa convertirse a la ortodoxia bizantina recién cuando sus restos fueron trasladados a la católica Bari. Los orientales admiran la pobreza de Francisco de Asís, el fervor de Domingo de Guzmán y la mística de Teresa de Ávila, mientras que los latinos son atraídos por los íconos de Andrej Rublev, por el hesicasmo de Gregorio de Palamás y por la paternidad espiritual de Serafín de Sarov, por citar sólo algunos ejemplos.  

Por ende, no es sorprendente que el Patriarcado de Moscú haya decidido incorporar a su calendario la memoria litúrgica de San Patricio, obispo de la época patrística de la Iglesia indivisa (murió el 17 de marzo del año 461), un noble romano de origen escocés, que se dirigió a la isla adyacente de Hibernia (Irlanda) para predicar allí el Evangelio, y es venerado como patrono de los irlandeses y de los americanos de Nueva York y Boston. Su nombre siempre ha sido incluido en los santorales de las iglesias ortodoxas, así como en los Minej rusos, con el nombre de  Patrikij,  Iluminador de Irlanda.

En realidad, en la liturgia ortodoxa cada día son recordados numerosos santos, los principales que se asocian a una fecha específica, y los que son particularmente venerados por la Iglesia nacional o local. No se aplica el criterio de la reducción cotidiana a una sola memoria litúrgica, como sí ocurre en la reforma católica que siguió al Concilio Vaticano II. A partir de este año, según declaraciones efectuadas a la agencia Interfax por el vocero del Patriarcado ruso Vladimir Legojda, junto a los santos del calendario litúrgico también será nombrado San Patricio, que por lo tanto será acompañado por San Gerásimo del Jordán, San Gerásimo de Vologda, por el beato príncipe Daniel de Moscú (fundador de la ciudad en el 1300), por el beato Vasilij di Rostov, el mártir Ioasaf de Pskov, los antiguos mártires Pablo y Juliana, el santo asceta Santiago el ayunador, la memoria del traslado de las reliquias del beato príncipe Vjačeslav de Checoslovaquia en el año 938 y San Gregorio, obispo de Constanza y Chipre.

La decisión patriarcal fue tomada en la reunión del Sínodo del 9 de marzo pasado, y se extiende a todos los santos antiguos ya contemplados en los Sinasarios ortodoxos, que vivieron en Europa central y septentrional, es decir, en las tierras del catolicismo latino del primer milenio.  Se trata de unos quince santos latinos, entre los cuales se destaca la figura del patrono irlandés, muy amado en todo el mundo anglosajón, y cuya fiesta fue solemnizada por manifestaciones públicas en los últimos veinte años,  que incluso abarcaron Moscú, por iniciativa de las embajadas irlandesa y americana, y por la comunidad angloparlante residente en Rusia.   

Según palabras de Legojda, la lista fue aprobada en base a la devoción que las comunidades ortodoxas locales muestran por dichos santos en los distintos países, incluso en los de los santos mismos.  Los criterios que permiten su inclusión en el calendario ortodoxo son “la confesión irreprensible de la fe ortodoxa [por ésta se entiende la de los primeros concilios], las circunstancias de su canonización [si hay una aprobación eclesiástica clara al respecto], y también la ausencia del nombre del santo en los polémicos tratados vinculados a los conflictos con la Iglesia oriental y el rito oriental  [como en cambio ocurre, por ejemplo, con el Papa San Gregorio Magno o los santos carolingios, que atacaron las tradiciones bizantinas]”. De cualquier modo, vista la persistente divergencia entre el calendario gregoriano de Occidente y el juliano de Oriente, el 17 de marzo en el calendario ortodoxo cae, en realidad, el 30 de marzo. Ese día, en la liturgia rusa, será recordado San Patricio.   

Las agencias rusas recuerdan que el día de San Patricio es una fiesta nacional irlandesa y americana, siendo los EEUU una nación habitada por una histórica diáspora irlandesa, y en el año 2012 el mismo presidente americano Obama se entremezcló con los clientes de un pub de Washington para beberse una jarra de cerveza en honor del santo. Quizás la decisión del Sínodo patriarcal también sea un indicio de la esperada amistad ruso-americana, que debiera instaurarse tras la elección del presidente Trump, o tal vez sea una consecuencia del restablecimiento del diálogo católico-ortodoxo, que siguió al encuentro del patriarca Kirill con el Papa Francisco en el pasado mes de febrero de 2016, en Cuba; por cierto, es una ocasión para compartir la alegría y la fraternidad entre los pueblos, predicada por San Patricio, aunque esté algo aguada por la famosa cerveza irlandesa, que es también muy apreciada en Rusia.    

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