24/12/2019, 17.52
ITALIA - VATICANO
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El Padre Giancarlo Politi, una vocación misionera cumplida

de Luigi Bonalumi

El misionero del PIME, fallecido ayer, se dedicó en primera persona a la tarea de la evangelizacción en Hong Kong; fue artífice de las relaciones con la Iglesia china; se desempeñó como director de AsiaNews y de Mundo y Misión; como asesor espiritual, acompañó a los seminaristas. La homilía pronunciada en su funeral, por el Pbro. Luigi Bonalumi.

 

Rancio di Lecco (AsiaNews) – El funeral del Pbro. Giancarlo Politi (1942-2019), fallecido ayer, se llevó a cabo en la capilla del Hogar de los misioneros del PIME en Rancio di Lecco, y estuvo presidido por el superior general Ferruccio Brambillasca. Allí estuvieron presentes numerosos misioneros del PIME que viven en el hogar y muchos más, llegados de distintas partes del mundo. También dieron su presente cientos de personas amigas del difunto y la diócesis de Milán, a través de Mons. Maurizio Rolla, vicario para la zona de Lecco. El Padre  Luigi Bonalumi, rector del seminario del PIME de Monza, pronunció la homilía, cuyo texto completo publicamos a continuación:

 

Hechos de los Apóstoles 10, 34-43

San Mateo, 25, 1-13

Queridos co-hermanos misioneros, y queridísimos hermanas y hermanos en Cristo: 

Mientras celebramos las exequias del Padre Giancarlo, no podemos dejar de recordar también a Bianca, la queridísima hermana que también desapareció en el día de ayer. Hermano y hermana, unidos por la misma pasión por Cristo, sirvieron con devoción a la Iglesia de distinta manera, con fidelidad y dedicación, y ahora volvieron juntos a la casa del Padre. Mientras nos preparamos para celebrar el misterio del Verbo hecho carne, nos sentimos abrazados por el Amor de Dios que, de formas misteriosas qué solo el conoce, guía la historia personal de cada uno de nosotros. 

Para la liturgia fúnebre del Padre Giancarlo, quise escoger textos de la escritura que de algún modo pudieran ayudarnos a comprender su perfil, como cristiano y misionero. 

La lectura del Evangelio nos presenta una de las parábolas de Jesús, que Mateo recoge en los capítulos 23-25; se trata de los últimos discursos de Jesús antes de afrontar la pasión y la muerte en la cruz. En esta parábola, Jesús habla de la importancia de la vigilancia: “Estén prevenidos, porque ustedes no saben el día ni la hora”. Sin lugar a dudas, el tema de la vigilancia es central, pero hoy quisiera que prestásemos atención a aquél a quien esperan las 10 vírgenes. ¿A quién se espera? ¿Por quién o para qué es necesario estar prevenidos? En el texto se nos dice explícitamente que se espera al Esposo, es decir, al Amado, a aquél a quien uno desea entregarse totalmente y para siempre. Creo que esta imagen, la espera del Esposo, puede ayudarnos a describir la actitud del Padre Giancarlo frente a su enfermedad y ante la muerte. Recuerdo una caminata que hicimos por la montaña, en Hong Kong, con un lindo grupo de co-hermanos; yo acababa de llegar y seguía con interés todo lo que me decían los misioneros establecidos. Durante la pausa del almuerzo, la conversación también giró en torno al modo cristiano de vivir el momento de la muerte; todos comentaban los miedos, las dudas e inquietudes que todos los seres humanos tenemos cuando pensamos en ese último tramo de la vida. El Padre Giancarlo – tengo un vivo recuerdo de ello – dijo: “No tengo miedo de la muerte, porque sé que será el encuentro con una persona que he comenzado a conocer y amar desde hace tiempo; lo que temo es el sufrimiento”. Si bien en sus últimos años no faltaron los sufrimientos, yo diría que el Padre Giancarlo supo afrontarlos con serenidad e inteligencia. Basta con volver a escuchar su entrevista con la Dra. Silvia Vitali, cuando, hablando de su enfermedad, del intruso - El Alzheimer - y dirigiéndose a quien vive su misma situación, decía: “eres un padre, una madre o un hermano incluso cuando estás enfermo. No se compadezcan de ustedes mismos. La medicina es sólo una parte de la vida. Lo que importa es la belleza de la existencia”. Sí, en sus años de enfermedad, el Padre Giancarlo nos testimonió cómo esperar y cómo prepararse para el encuentro con el esposo, con aquél que él “había aprendido a conocer y a amar desde hace tiempo”. En una entrevista con la revista Creer, él decía que la cruz, “tarde o temprano, pasará por tu historia personal. Y la cruz (...) es vivir por y para Cristo”. 

 

La amistad con Jesús

El Padre Giancarlo cultivó y ahondó asiduamente en este conocimiento y en esta amistad con Jesús, y yo diría también perseverantemente, en el estudio de la Palabra de Dios, y en la práctica de la Lectio Divina. Ya lo hacía cuando era un joven misionero en Hong Kong, pero sobre todo en el período en que fue párroco en Yeun Long, una de las parroquias del NT cuando todavía era una colonia inglesa, próxima a la frontera con China popular. Allí, el Padre Giancarlo se dedicó a fondo a la formación de los cristianos; sentía esto como una urgencia y una prioridad por encima de muchas otras cosas. Esto lo llevó a pensar y a escribir un camino bíblico de catequesis, que también se materializó en un texto escrito en chino, para la formación de los catecúmenos y parroquianos. Todavía hoy, los jóvenes formados por él, en la parroquia de Yeun Long, lo recuerdan con gratitud por ese camino de fe. En su semana, colmada de compromisos, la mañana del sábado estaba reservada para la oración, la lectura de la Palabra y la atención a la homilía.  Así lo recuerdo cuando estaba en Hong Kong, viviendo en la Casa del PIME, mientras trabajaba en AsiaNews; así siguió siendo en Roma, cuando trabajaba en Propaganda Fide, había conseguido tener libre el día sabado, para dedicarlo a esto. En Monza, donde fue padre espiritual por 9 años, dio inicio a la Hora de la Palabra – una práctica que prosigue hasta hoy - y la guió personalmente por más de 8 años. Las madrinas se acuerdan perfectamente de sus palabras y meditaciones. El Pbro. Gabriel da Costa, que fue responsable del seminario en aquellos años, es testigo de la pasión por la Palabra y de la importancia que él daba a la frecuencia y al estudio de la Palabra para la formación de los jóvenes misioneros. 

Podríamos decir, junto con el Padre Mario Marazzi que vivió y acompañó al Padre Giancarlo durante sus primeros años de misión en Hong Kong, en la parroquia de Tsuen Wan, que el padre Giancarlo “fue un cristiano entusiasta de su fe, de la amistad con Jesús y versado en la Escritura”. Había crecido en la fe dentro de la comunidad cristiana de Castelletto - de esta misma comunidad provenía también el Padre Giancarlo Bossi – e hizo su formación inicial en los seminarios milaneses. Al intuir la llamada a la misión ad gentes, se volcó al PIME, donde fue ordenado sacerdote en 1966. Su historia como misionero, solía decir él, se parece mucho a la historia de tantos misioneros del PIME, como nosotros. Destinado para una misión, la India, tuvo que cambiar de lugar porque las visas jamás llegaron, y fue así que pisó suelo firme en Hong Kong, donde echará raíces profundas en la tierra y en la cultura chinas. 

 

Red y relaciones con China

El Padre Giancarlo trabajó en Hong Kong desde 1970 hasta 1993, con una breve pausa debido a su servicio en el Instituto en el centro misionero de Milán. Durante los años de estadía en Hong Kong, trabajó en un principio en los NT, en la parroquia de Tsuen Wan, y luego en Yuen Long. A partir de 1986 inició su labor en los medios de comunicación, como corresponsal de AsiaNews, un empleo que le permitió dedicar todo su tiempo a la búsqueda de contactos con la Iglesia en China. Son años marcados por largos viajes, a veces  audaces, por todo el continente chino, en busca de hombres y mujeres, curas, obispos, religiosas, y yendo al encuentro de las comunidades cristianas que sobrevivieron a la revolución cultural de Mao. Con gran paciencia, él fue tejiendo una red de relaciones importantes, que le permitieron reconstruir, con una dedicación y precisión meticulosa, la línea de sucesión y, por tanto, la validez o no de la ordenación de los obispos clandestinos, a fin de garantizar a la Santa Sede que la sucesión apostólica jamás se había visto interrumpida.  En un artículo suyo publicado en el 2011 en Tripod – la revista del Holy Spirit Study Center de HK -, con ocasión del 30° aniversario de las ordenaciones clandestinas en China,  el Padre Giancarlo da cuenta de su invalorable trabajo de aquellos años. Debido a su conocimiento de las personas y de los lugares, de la historia de las comunidades cristianas de la China Popular, el Padre Giancarlo es considerado como uno de los mayores expertos en la Iglesia china de aquellos años. Desde Hong Kong, ayudó a numerosos sacerdotes y religiosas de China a salir del país para poder estudiar en las facultades de toda Europa, antes de poder llevarlos a Roma. Un colaborador escuchado y estimado por los representantes de la Santa Sede, que precisamente en esos años abren una “misión de estudio” en HK.  

Convocado en 1993 para regresar a Italia y dirigir Mundo y Misión, y luego el Centro Misionero, el Padre Giancarlo continuó interesándose en la Iglesia china, a pesar de los numerosos compromisos que conllevaba la dirección del Centro y de MyM. Al comenzar el verano del 2001, el nuevo prefecto de Propaganda Fide, el Card. Sepe, telefonea al Superior General del PIME y pide al P. Politti para la oficina China de la congregación romana. Permanecerá solo dos años en la tarea, hasta el 2003, cuando la DG lo nombra Director Espiritual del Seminario de Monza. Los dos breves años en Propaganda Fide – en aquél entonces yo estaba con él, en Roma – fueron años de trabajo discreto, metódico pero también innovador respecto a los mecanismos seculares de los dicasterios romanos. En la mañana de ayer llamé por teléfono a Mons. Rota Graziosi para comunicarle la desaparición del Padre Giancarlo. Rota Graziosi, fue por décadas el responsable de la Oficina China de la Secretaría de Estado. Al saber la noticia, me dijo que el origen de la Carta de Benedicto XVI a los Católicos de China del 2007, había sido el Padre Giancarlo. Fue el quien lanzó la idea durante sus años de permanencia en Roma: una aclaración por parte de Roma respecto a la situación compleja de la Iglesia en China. La solicitud por la Iglesia china no mermó durante sus años en Monza. En el 2006 organizó un importante convenio internacional sobre la Iglesia católica en China, en la localida de Triuggio.

El Padre Giancarlo cumplió con fidelidad la vocación misionera, vivida siguiendo el carisma del PIME. Al igual que Pedro, en el relato de los Hechos de los Apostóles que fue leído al comienzo de esta liturgia de la Palabra, él fue testigo de las grandes obras de Dios en medio de naciones y pueblos diversos. Con una parresia que a veces parecía dureza, y con toda su persona, trató de transmitir la experiencia liberadora del encuentro con Cristo resucitado. Ahora, confiamos al Padre Giancarlo a los brazos misericordiosos del Padre y le pedimos que continúe rezando por la Iglesia en China, por el seminario de Monza y por todo el Instituto. Amén. 

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