21/06/2018, 15.34
VATICANO-SUIZA
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El Papa en Ginebra: el ecumenismo es ‘caminar juntos’ según el Espíritu

De visita en el Centro ecuménico del World Council of Churches, Francisco invita a superar los rencores del pasado y el interés en proteger las propias comunidades. “Que las distancias no sean excusas, es posible caminar, ya desde ahora, según el Espíritu: rezar, evangelizar, servir juntos, ¡esto es posible, y es agradable a Dios! Caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos: éste es el camino principal”.  

Ginebra (AsiaNews) – El ecumenismo es “caminar juntos”, según el Espíritu, “eligiendo, con santa obstinación, la vía del Evangelio”, no para proteger “los intereses de las propias comunidades” y tampoco como “estrategia para hacer valer nuestro peso en una mayor medida”, sino que se trata de “un acto de obediencia al Señor, y de amor al mundo”.

La visita al Centro ecuménico del World Council of Churches (WCC) [Consejo ecuménico de las Iglesias, ndt], en Ginebra, fue una ocasión para que el Papa Francisco afirmase aquellos que, a su modo de ver, son los lineamientos fundamentales en la búsqueda de una unidad de los cristianos, cultivando la comunión y saliendo de “contrastes y rechazos recíprocos, ¡que fueron alimentados por siglos!”.

Tras partir desde Roma poco después de las 8:30 horas y llegar a Ginebra pasadas las 10, Francisco fue recibido  por el presidente de la Confederación Suiza, Alain Berset, con quien mantuvo un coloquio en privado que duró cerca de media hora. El Papa también fue recibido, al descender de la escalera del avión, por dos guardias suizos en uniforme (en la foto).

La visita al Centro ecuménico se inició poco después de las 11. Francisco, que fue recibido, entre otros, por el Rev. Olav Fykse Tveit, secretario general del WCC, es el tercer Papa que visita el WCC después de Pablo VI -que se dirigió a esa sede el 10 de junio de 1969- y de Juan Pablo II -que lo hizo el 12 de junio de 1984. La visita actual se da en el marco de las celebraciones por los 70 años del Consejo Ecuménico, que reúne a 348 Iglesias protestantes, luteranas, anglicanas y ortodoxas. La Iglesia católica participa en el rol de “observadora”, y es miembro pleno de una de las comisiones, la de “Fe y Constitución”.

En la capilla del Centro se hizo una oración ecuménica, al término de la cual Francisco pronunció su intervención, que se articuló siguiendo el lema de la visita: “Caminando, rezando, trabajando juntos”.  

“Hemos escuchado las palabras del Apóstol Pablo dirigidas a los Gálatas, que atravesaban tribulaciones y luchas internas. En efecto, había grupos que se enfrentaban y se acusaban mutuamente. Y es en este contexto que el Apóstol, y lo subraya dos veces en unos pocos versos, invita a «caminar según el Espíritu» (Gal 5,16.25)”. “Caminar. El hombre es un ser en camino. A lo largo de toda la vida se lo llama a ponerse en camino, saliendo continuamente de donde se encuentra”. “El camino es la metáfora que revela el sentido de la vida humana, de una vida que no se basta a sí misma, sino que siempre está en busca de algo más. El corazón nos invita a marchar, a alcanzar la meta. Pero caminar es una disciplina, cansa, se requiere de una paciencia cotidiana y de un entrenamiento constante. Se hace necesario renunciar a muchos caminos para optar por aquél que conduce a la meta, y reavivar la memoria, para no extraviarse. Caminar requiere de la humildad de volver sobre los propios pasos, y de preocuparse por los compañeros de viaje, porque solamente juntos, se camina bien. Caminar, en síntesis, exige una conversión continua de sí mismo. Es por esto que son muchos los que renuncian, prefiriendo la quietud doméstica donde ocuparse cómodamente de los propios asuntos sin exponerse a los riesgos del viaje. Pero de esta manera, uno se aferra a seguridades efímeras, que no dan esa paz y esa alegría a las que aspira el corazón, y que sólo se encuentran cuando se sale de sí mismos”.   

“Dios nos llama es esto, desde un principio”. Así fue para Abraham, para Moisés, para Pedro y Pablo. “Y todos los amigos del Señor vivieron estando en camino. Pero sobre todo Jesús nos dio el ejemplo de ello. Por nosotros, Él, siendo de condición divina, se abajó hasta nosotros para caminar juntos; Él, que es el Camino (cfr. Jn 14,6). Él, el Señor y Maestro, se hizo peregrino y huésped en medio de nosotros. Al regresar al Padre, nos regaló su mismo Espíritu. Para que nosotros tengamos la fuerza para caminar en su dirección, para cumplir aquello que Pablo pide: caminar según el Espíritu”.

“Según el Espíritu: si cada hombre es un ser en camino, y al encerrarse en sí mismo reniega de su vocación, esto vale mucho más para el cristiano. Porque, tal como subraya Pablo, la vida cristiana conlleva una alternativa inconciliable: por un lado, caminar según el Espíritu, siguiendo el trazado inaugurado por el Bautismo; por otra, «satisfacer el deseo de la carne» (Gal 5,16). ¿Qué quiere decir esta expresión? Significa intentar realizarse siguiendo el camino de la posesión, la lógica del egoísmo, según la cual el hombre trata de acaparar, aquí y ahora, todo aquello que le viene en gana. No se deja acompañar dócilmente, dirigiéndose allí donde Dios le indica, sino que persigue su propia ruta. Tenemos ante nuestros ojos las consecuencias de este trágico recorrido: voraz de cosas, el hombre pierde de vista a los compañeros de viaje.; entonces, sobre las calles del mundo reina una gran indiferencia. Empujado por sus propios instintos, se vuelve esclavo de un consumismo desenfrenado: entonces, la voz de Dios es silenciada; entonces, los demás, sobre todo si no son incapaces valerse por sí mismos, como los pequeños y ancianos,  se convierten en fastidiosos objetos de descarte; entonces, la creación ya no tiene más sentido, excepto el de satisfacer la producción, en función de las necesidades”.

“Queridos hermanos y hermanas, hoy, más que nunca, estas palabras del Apóstol Pablo nos interpelan: caminar según el Espíritu es rechazar la mundanidad. Es elegir la lógica del servicio, y avanzar en el perdón. Es deslizarse en la historia con el paso de Dios: no con el paso rimbombante de la prevaricación, sino con el paso cuyo ritmo está marcado por  «un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (v. 14). El camino del Espíritu, en efecto, está marcado por hitos, que Pablo enumera: «caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo» (v. 22). Juntos, somos llamados a caminar de esta manera; el camino pasa por una conversión continua, por la renovación de nuestra mentalidad para que se adecúe a la del Espíritu Santo. A lo largo de la historia, las divisiones entre los cristianos a menudo se dieron porque en la raíz, en la vida de las comunidades, se infiltró una mentalidad mundana: primero se alimentaban los intereses propios, luego los de Jesucristo. En estas situaciones, el enemigo de Dios y del hombre tuvo el juego fácil al separarnos, porque la dirección que seguíamos era la de la carne, y no la del Espíritu. E incluso ciertos intentos del pasado de poner fin a tales divisiones fracasaron rotundamente, porque estuvieron inspirados principalmente por lógicas mundanas. Pero el movimiento ecuménico, al cual el Consejo Ecuménico de las Iglesias ha contribuido tanto, surgió por gracia del Espíritu Santo (cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Unitatis redintegratio, 1). El ecumenismo nos ha puesto en movimiento según la voluntad de Jesús, y podrá progresar en la medida en que, caminando bajo la guía del Espíritu Santo, rechace cualquier repliegue autorreferencial”.

“Pero –podría objetarse-  caminar de esta manera es trabajar a pérdida, porque no se protegen debidamente los intereses de las propias comunidades, que a menudo están firmemente ligadas a pertenencias étnicas o a tendencias consolidadas, sea éstas mayormente ‘conservadoras’ o ‘progresistas’. Sí, es optar por ser de Jesús antes que de Apolo o de Cefas (cfr. 1 Cor 1,12); por ser de Cristo, antes que ‘Judíos o Griegos’ (cfr. Gal 3,28); del Señor, antes que de derecha o de izquierda; optar, en nombre del Evangelio, por el hermano incluso cuando esto signifique para sí mismo, a los ojos del mundo, trabajar a pérdida. El ecumenismo es ‘una gran empresa con pérdidas’. Pero se trata de pérdida evangélica, según el camino trazado por Jesús: «Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mi causa, la salvará» (Lc 9,24). Salvar el camino propio es caminar según la carne; perderse mientras se va siguiendo a Jesús, es caminar según el Espíritu”.

“Después de tantos años de labor ecuménica, en este septuagésimo aniversario del Consejo, pidamos al Espíritu que revigorice nuestro paso. Con demasiada facilidad, éste se frena ante las divergencias que persisten; con demasiada frecuencia, se bloquea en la partida, agotado de pesimismo. Que las distancias no sean excusas. Es posible, ya desde ahora, caminar según el Espíritu: rezar, evangelizar, rezar juntos, trabajar juntos: éste es nuestro principal camino. Este camino tiene una meta precisa: la unidad. El camino contrario, el de la división, conduce a las guerras y a la destrucción. El Señor nos pide avanzar continuamente por el camino de la comunión, que conduce a la paz. En efecto, la división «se opone abiertamente a la voluntad de Cristo, pero también es un escándalo para el mundo, y daña la causa más santa de todas: la predicación del Evangelio a cada creatura» (Unitatis redintegratio,1). El Señor nos pide unidad; el mundo, despedazado por demasiadas divisiones que azotan sobre todo a los más débiles, clama por la unidad”.

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