12/02/2020, 11.42
LÍBANO
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El arzobispo de Beirut, con los manifestantes: la política es servicio. Hay que devolver la esperanza o renunciar

Durísimo ataque de Mons. Boulos Abdel Sater a la clase dirigente. El prelado reclama una “vida digna” para el país y llama a “trabajar “día y noche” para mejorar la vida de las personas. En la mira, los que alientan la “intolerancia y las divisiones”. Ayer, el Parlamento dio su voto de confianza al gobierno de Diab, mientras en los enfrentamientos en las calles 370 personas resultaron heridas. 

 

Beirut (AsiaNews) - El “poder” tiene como objetivo último de su “misión” el “servicio”. Hoy, los libaneses “están cansados de las polémicas” y “preocupados por el futuro de sus hijos” y por tanto, urgen iniciativas que devuelvan “la esperanza”. Es el encarecido llamamiento que hizo en su homilía, durante la misa, Mons. Boulos Abdel Sater, el arzobispo maronita de Beirut, quien arremete contra una clase dirigente que desde hace meses demuestra su incapacidad para responder a las necesidades de la población. El prelado expresa su apoyo a la protesta y afirma que es necesario “asegurar una vida digna”; de lo contrario “es mejor presentar la dimisión”. 

Las palabras del arzobispo llegan en un momento en que el país atraviesa cambios profundos, que podrían marcar un cambio de rumbo luego de la dimisión, en octubre pasado, de quien se desempeñaba como premier, Saad Hariri, desplazado por una ola de protestas que aún prosiguen. Ayer, el Parlamento dio su voto de confianza al nuevo Ejecutivo conducido por el premier Hassan Diab, con 63 votos a favor (sobre un total de 84), 20 en contra y una abstención. Sin embargo, esto no ha bastado para aplacar los ánimos en las calles, donde se registraron nuevos enfrentamientos entre los ciudadanos y las fuerzas de seguridad, que culminaron con 370 heridos. 

En un contexto de profunda tensión y confusión, otro alto exponente de la Iglesia maronita arremete contra la clase dirigente, algo inusual, tanto en los modos como en los términos, y sobre todo, teniendo como marco la fiesta de San Marón. En la misa de ayer estuvieron presentes, entre otros, el jefe de Estado Michel Aoun, el presidente del Parlamento Nabih Berry (el único que aplaudió abiertamente algunos pasajes de la homilía) y el flamante Primer Ministro Diab. 

“Decenas de miles de libaneses” que “los han elegido a ustedes”, subrayó Mons. Boulos Abdel Sater, esperan que “mejoren” su estilo el estilo de vida, la economía y las finanzas y que “trabajen día y noche” para asegurar a las personas “una vida digna y decente”. Si no son capaces de ello, agrega, “es más honrado presentar su renuncia al cargo”. Al mismo tiempo, el prelado criticó a “los que alientan la intolerancia y las divisiones, considerando el país como una propiedad suya”. 

Luego de tomar posesión de la arquidiócesis hace algunos meses, el prelado enseguida se distinguió por algunas tomas de posición inéditas así como por la necesidad de acoger (también) a los estudiantes pobres en un liceo católico de prestigio, e inclusive a aquellos que no habían sido admitidos por carecer de medios financieros. Pocas semanas más tarde, decidió renunciar a un automóvil Mercedes que era propiedad del arzobispado, y que fue utilizado por su predecesor. Optó por moverse en su carro particular, con un estilo de vida que recuerda al pontificado de Papa Francisco. 

Desde los primeros días de la protesta, en octubre del año pasado, Mons. Boulos Abdel Sater expresó su solidaridad con los manifestantes, reivindicando su participación en el movimiento popular. Algunos comentaristas subrayan que la homilía en cuestión, pronunciada días atrás, también ha dado un matiz político a la labor social del prelado, y que esta cuenta “con el visto bueno” de las máximas autoridades de la Iglesia maronita libanesa. “En Bkerké - comenta un experto - ha habido una reciente toma de conciencia respecto a la necesidad actual de remediar los errores cometidos y de la urgencia de una voz profética”. 

Por varios meses, los manifestantes que protestan contra el gobierno consideraron a la cúpula de la Iglesia católica local como una fuerza hostil, cercana a la clase dirigente, a pesar de las numerosas tomas de posición del Card. Beshara Raï al solidarizarse con la protesta. Las palabras del arzobispo de Beirut crean un nuevo lazo entre los ciudadanos que ocupan las plazas y los eclesiásticos, que en otro tiempo habían cerrado las puertas de las iglesias para evitar involucrase en los enfrentamientos. “En el pasado, prohibieron a los manifestantes el acceso a las iglesias - escribe un usuario en las redes sociales - pero ahora han descubierto que uno de ellos [refiriéndose al arzobispo de Beirut] ya estaba dentro”.

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