11/10/2018, 19.12
VATICANO
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El domingo próximo será declarado santo, Pablo VI, el Papa que llevó el Concilio a la Iglesia y al mundo

Card. Becciu: El “Papa Montini fue un testigo heroico y genial de Cristo, luz del mundo”-.Fue el Papa del “diálogo” con todos: dentro de la Iglesia Católica, con los hermanos de otras Iglesias, con los no cristianos y los no creyentes y siempre con la pasión de la evangelización, para llevar a cada hombre la luz de Cristo, el amor de Cristo”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- Pablo VI es el Papa que guió, concluyó e hizo entrar el Concilio Vaticano II en la vida de la Iglesia y del mundo, que creó organismos como el Sínodo de los obispos y fue un ejemplo de caridad, “constantemente sostenido por aquel Espíritu de Cristo que alimentaba su vida interior y las innumerables y valientes iniciativas”. La persona y la personalidad del Papa Montini, que será canonizado el domingo próximo, fue ilustrada esta tarde en el Vaticano por el Card. Giovanni Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las causas de los santos.

“Antes de su elección como Sumo Pontífice- recordó. Mons. Juan Bautista Montini fue el principal colaborador del venerable Pío XII. Estuvo muy cerca de Juan XXIII. Cuando fue Papa, fue justamente él quien creó cardenales a los que luego serían sus sucesores: Albino Luciani, Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger. Así la figura y la misión de Pablo VI van consideradas en esta continuidad histórica de la tradición viva de la Iglesia”.

Murió el 6 de agosto de 1978, en la fiesta de la Transfiguración del Señor, el Papa Montini fue un testigo heroico y genial de Cristo, luz del mundo. Es justamente este profundo y convencido cristocentrismo que constituye el núcleo propulsor de su perfil espiritual y de su extraordinario magisterio. El amor de Jesús y de su Iglesia, por cuya renovación se comprometió más allá de sus fuerzas, fue conducido “usque ad finem” (hasta el final). En esta óptica comprendemos su vida como un continuo camino de santidad, desde su infancia hasta el presbiterado, del compromiso en la Curia Romana a la cátedra ambrosiana, de la laboriosidad pastoral al Solio de Pedro”.

De Mons. Montini, el Card. Becciu recordó que conoció los grandes dramas del siglo XX: las dos Guerras mundiales, los sistemas totalitarios del fascismo, del nazismo y del comunismo y luego la violencia extrema del terrorismo. “pero no le faltaron las espinosas cuestiones también dentro de la comunidad cristiana: los años del inmediato post-Concilio fueron los más difíciles y dolorosos de su pontificado”. “En todas estas cosas, fue constantemente sostenido por aquel Espíritu de Cristo que alimentaba su vida interior, las innumerables y valientes iniciativas. Recordemos algunas, entre las más evidentes: la reforma litúrgica, la internacionalización de la Curia Romana con la institución de nuevos Dicasterios (Ministerios), la institución del Sínodo de los Obispos. Otra gran novedad son sus viajes apostólicos a diversas partes del mundo, al servicio de la evangelización y de la paz”.

Bajo el aspecto doctrinal su magisterio no es de menos. Por su carácter de inmediatez pastoral, tienen una particular originalidad sus audiencias generales de los miércoles (también una iniciativa suya, que será continuada por sus sucesores), que son una catequesis continua para el Pueblo de Dios. Sus enseñanzas iluminan tantos aspectos de la fe y de la existencia cristiana y brillan por el compromiso, a veces heroico, en el defender la verdad, la vida, la familia, la autenticidad del amor”.

“Fue el Papa del “diálogo” con todos: dentro de la Iglesia Católica, con los hermanos de otras Iglesias, con los no cristianos y los no creyentes y siempre con la pasión de la evangelización, para llevar a cada hombre la luz de Cristo, el amor de Cristo”.

“El corazón de Pablo VI desbordaba en la expresión de la más pura espiritualidad del Concilio: una ‘reforma interior’ de la Iglesia, toda orientada hacia la santidad, que une la oración al dogma, caridad y verdad y que anima al Pueblo de Dios en la diversidad de las vocaciones, en el diálogo ecuménico, en la verdadera apertura al mundo para comunicar mejor la luz de Cristo. Toda la vida de Pablo VI fue animada por un gran amor hacia el prójimo, desde cuando era un joven laico, luego como sacerdote, obispo y Papa. Es como un continuo crecimiento y dilatación de la caridad hasta la caridad del papa como pastor universal, vicario de Cristo, buen pastor. Ejercitó en modo particular esta caridad en Roma, durante la segunda Guerra mundial, favoreciendo la asistencia caritativa y de hospitalidad hacia los perseguidos por el nazismo, en modo relevante hacia los hebreos y luego en su episcopado milanés. Como Papa, estará siempre comprometido por la justicia y la paz, en la dinámica del Evangelio”.

“Era famosísima una expresión suya, que se convirtió casi en un proverbio. “El hombre contemporáneo escucha con más agrado a los testigos que a los maestros o si escucha a los maestros lo hace porque son testigos” (Evangelii Nuntiandi, 41). Y bien, justamente esta frase parece ser la más auténtica biografía del mismo Pontífice que la pronunció: Pablo VI, él mismo mensajero de la luz de Cristo y excepcional maestro de la fe en Dios y en el hombre”.

 

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