05/02/2019, 17.21
VATICANO-ISLAM-EMIRATOS
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El profético y revolucionario Documento sobre la Fraternidad Humana

de Bernardo Cervellera

Las críticas: son “meras palabras”; o bien “tiene una base teosófica”. En realidad, el documento traza lineamientos para una colaboración en todos los campos: para el renacimiento de la dimensión religiosa contra el materialismo nihilista; para la defensa de la vida dese su inicio hasta la muerte; para la educación de los jóvenes. Las bases para afirmar la libertad en el conocimiento, la ciudadanía plena para los cristianos que viven en los países islámicos; la dignidad de la mujer. Guarda ciertas similitudes con el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, el cual fue falsamente interpretado como “contrario al islam”. 

Roma (AsiaNews) - El “Documento sobre la Fraternidad Humana, Por la paz mundial y la convivencia común”, que fue firmado ayer en Abu Dabi por el Papa Francisco y el gran imán de Al Azhar,  Ahmad Al Tayyib tiene un valor profético y revolucionario: profético, porque establece el modo de tratarse entre los miembros de las religiones y sobre todo, entre cristianos y musulmanes, precisamente en un momento en que se predica cada vez más la “convivencia imposible”. Y revolucionario, porque apunta no solo a mejorar las relaciones entre los credos, sino a devolver un alma espiritual a un mundo asentado en la medida y el lucro.  

Ya hay quien ha liquidado el documento rotulándolo como “meras palabras”. En efecto, un documento está formado por palabras, pero estas palabras penetran en la mente, la iluminan e indican una dirección: una palabra es, siempre, una revelación.

De ello están convencidos los dos firmantes, que se refieren a una “declaración común de buenas y leales voluntades” y que piden a las “autoridades, a los líderes influyentes” y a todas las instituciones a traducirla “en políticas, decisiones, textos legislativos, planes de estudio y material de comunicación”.

Otros tuercen la nariz, diciendo que el documento tiene un sabor “teosófico”. En realidad, a mí me parece que el documento tiene una fuerte base “creacionista”, al citar al “Dios que ha creado a todos los seres humanos”, del cual derivan derechos, deberes, el compromiso de evitar la guerra, y la manipulación de la religión, etc. El hecho de resaltar a Dios como creador otorga al lema “fraternidad” un claro sabor religioso, que no es romántico o esotérico en absoluto.

Hay algunas palabras que cabe subrayar particularmente.

Ante todo, la decisión de “asumir la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio”. La indiferencia y la ignorancia recíproca de la propia fe están creando, de hecho, barreras y sospechas cada vez más grandes. Muchos se han sorprendido al saber que en los emiratos existen comunidades cristianas llenas de vida, activas, que contribuyen al bien de la sociedad. Y esta perplejidad se da porque la idea dominante en Occidente es que el islam es intolerante y sanguinario. Lo mismo sucede con los musulmanes, que confunden cualquier cosa occidental, incluso la peor, con lo “cristiano”.

Otro punto fuerte es la crítica a las “filosofías materialistas que divinizan al hombre y ponen los valores mundanos y materiales en el lugar de los principios supremos y trascendentes”, que alejan de los valores religiosos, y finalmente llevan a los jóvenes “a caer o en la vorágine del extremismo ateo o agnóstico, o bien en el fundamentalismo religioso, en el extremismo o en el integrismo ciego, llevando así a otras personas a ceder a formas de dependencia y de autodestrucción individual y colectiva”. Este punto resulta para mí fundamental, porque recuerda muy de cerca el  discurso que Benedicto XVI pronunció en Ratisbona en el 2006. Ese discurso luego fue manipulado, y se lo presentó como un discurso “contra el islam”. En realidad, Benedicto XVI afirmó que la razón (y Dios) no reclama a la violencia, y sobre todo, arrojó luz sobre el hecho de que la eliminación de la dimensión religiosa de la cultura occidental, o de la razón instrumental planetaria, llevaría a incontables conflictos: precisamente, tal como sugiere este documento.   

La colaboración a partir de la dimensión religiosa y de la fraternidad lleva a una defensa de la familia  y de la vida: “Por eso, condenamos todas las prácticas que amenazan la vida como los genocidios, los actos terroristas, las migraciones forzosas, el tráfico de órganos humanos, el aborto y la eutanasia, y las políticas que sostienen todo esto”. En 1994, en El Cairo, en la Conferencia de la ONU sobre población, la unidad entre los países islámicos y católicos bloqueó el uso del aborto como método anticonceptivo. Tratemos de pensar qué podría significar una colaboración de más de un millardo de católicos y otro millardo de musulmanes para frenar las derivaciones suicidas y mortíferas de aquellas agencias que promueven la eutanasia y el aborto, y volver a dar sentido a la vida “desde su inicio hasta su muerte natural”.  

Luego, hay algunas palabras que son revolucionarias para el mundo musulmán. En un momento, el Documento se refiere a la “libertad de credo” y citando a la distancia el Corán, condena la actitud de “constreñir a la gente a adherir a una religión o cultura determinada”. Pienso que aquí está la base para una verdadera libertad de conciencia y para la libertad de cambiar de religión, algo que se demora en llegar en muchos países islámicos.

Hasta se llega a invitar a “la reconciliación y a la fraternidad entre todos los creyentes, incluso entre creyentes y no creyentes”, aceptando la presencia de ateos en la sociedad, a los que usualmente los musulmanes consideran merecedores de la muerte.  

Se podría seguir hablando del valor de la “ciudadanía plena” en nuestras sociedades, renunciando “al uso discriminatorio del término minorías” que es un elemento tantísimas veces cuestionado por los cristianos de los países islámicos; del compromiso en favor de los derechos de las mujeres; en favor de la protección de los lugares de culto; y tantos otros temas. Incluso se sugiere un nuevo vínculo entre Oriente y Occidente, no conflictual, sino de colaboración recíproca. “Occidente podría hallar en la civilización de Oriente los remedios para algunos de sus males espirituales y religiosos, provocados por el dominio del materialismo. Y Oriente, podría encontrar en la civilización de Occidente muchos temas que pueden ayudarlo a salvarse de la debilidad, de la división, del conflicto y del declive científico, técnico y cultural”.   

Para no hacer que esto quede en un nivel de buenas intenciones, la Iglesia católica y Al Azhar se han comprometido a que “este Documento sea objeto de investigación y reflexión en todas las escuelas, universidades e institutos de educación y formación, para que se ayude a crear nuevas generaciones que traigan el bien y la paz, y defiendan en todas partes los derechos de los oprimidos y de los últimos”. 

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